Ernesto Sabato (junio 24, 1911 – abril 30, 2011).

Homenaje a Ernesto Sabato

El 30 de abril se cumplió un año del fallecimiento del autor argentino. La mente brillante detrás de las novelas 'El túnel', 'Sobre héroes y tumbas' y 'Abaddón el exterminador' dejó un legado imprescindible para las letras latinoamericanas y fue un hombre comprometido con la sociedad, la justicia y la libertad. Recordamos algunas de sus ideas sobre el arte, la política y la raza humana

2012/05/03

Por Revistaarcadia.com

Ernesto Sabato nació en Rojas, provincia de Buenos Aires, en 1911. Hizo un doctorado en física, cursó clases de filosofía en la Universidad de La Plata y trabajó en radiaciones atómicas en el Laboratorio Curie, pero en 1945 abandonó la ciencia para dedicarse exclusivamente a la literatura. Regaló todos sus libros de física y dejó la ciudad para entregarse a las letras, consciente de que la ciencia cosifica al hombre mientras que el arte lo humaniza y lo salva.

Su primera obra fue “Uno y el Universo” (1945), luego vendrían sus únicas tres novelas –“El túnel”, “Sobre héroes y tumbas” y “Abaddón el exterminador”–  y varios ensayos. En 1983, fue elegido presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, creada por decisión del Presidente de la República Argentina, Raúl Alfonsín, y de su experiencia surgió el "informe Sábato", un sobrecogedor testimonio de la dictadura argentina durante el régimen de Jorge Rafael Videla.

Sabato murió en 2011, poco antes de cumplir los 100 años. Hoy hacemos un homenaje en su nombre y recordamos algunas de sus ideas sobre el arte, la política y la raza humana.

Sobre el socialismo

“Los procesos de Moscú fueron para mí decisivos y me revelaron lo que era el socialismo totalitario, por eso, desde aquella época, hace cuarenta años, cada vez más me he ido afirmando en la idea de un socialismo con libertad. Yo no quiero justicia social sin libertad. Tampoco quiero libertad sin justicia social, porque es una seudolibertad. Esta fórmula es muy simple, aunque puede parecer una utopía, tal vez.”

Sobre el sufrimiento

“Uno llega al final de su vida a la conclusión de que todo es útil, sobre todo para un escritor. Yo creo que el sufrimiento es más didáctico que la felicidad. Sufrir enseña mucho. Enseña también a comprender y a ser compasivo por los otros, y un escritor que no es capaz de tener piedad por sus criaturas… no creo mucho en eso.”

Sobre su literatura

“He quemado mucho, casi todo. Y todo lo he hecho con dolor. He escrito con dolor y lo he destruido con dolor. Pero creo que han sido bien quemadas. ‘Sobre héroes y tumbas’ y ‘Abaddón’ también estaban destinadas al fuego. Considero que mis obras están llenas de imperfecciones y esto no es falsa modestia, lo digo con toda honestidad. Yo me he propuesto cosas grandes, que lo haya logrado es muy distinto. Yo abandoné la física para escribir algo que yo sentía muy profundamente adentro, con mucha ansiedad. Eran grandes problemas, sobre la vida, sobre la muerte, sobre la esperanza, sobre la revolución… Creo que no vale la pena ponerse a escribir si no se propone cosas grandes uno.”

Sobre el arte

“El arte, de todas las actividades del espíritu humano, es la única que permite, no solo la expresión de esta crisis total del hombre del siglo XX, sino, tal vez, la única, o una de las dos posibilidades de salvación del hombre. Porque en el arte el hombre está totalmente. La novela, por ejemplo, tiene ideas, eso pertenece al mundo racional, como la ciencia, como la filosofía; pero por el otro extremo tiene símbolos, mitos, pasiones, y el hombre es la totalidad de esa integridad. Así que la novela, particularmente la novela, es la que permite a la vez la expresión de la crisis y una de las tentativas de la salvación del hombre en esta crisis.”

“El túnel”

“El suicidio seduce por su facilidad de aniquilación: en un segundo, todo ese absurdo universo se derrumba como un gigantesco simulacro, como si la solidez de sus rascacielos, de sus de sus acorazados, de sus tanques, de sus prisiones no fuera más que una fantasmagoría, sin más solidez que los rascacielos, acorazados, tanques y prisiones de una pesadilla.”

“Sobre héroes y tumbas”

“De los muchos rostros que (como todos los seres humanos) Alejandra tenía, aquél era el que más le pertenecía a Martín; o, por lo menos, el que más le había pertenecido: era la expresión profunda y un poco triste del que anhela algo que sabe, por anticipado, que es imposible; un rostro ansioso pero ya de antemano desesperanzado, como si la ansiedad (es decir, la esperanza) y la desesperanza pudieran manifestarse a la vez. Y, además, con aquella casi imperceptible pero sin embargo violenta expresión de desdén contra algo, quizá contra Dios o la humanidad entera o, más probablemente, contra ella misma. O contra todo junto. No sólo de desdén, sino de desprecio y hasta de asco.”

Fragmento de una entrevista realizada a Sabato en la televisión española.

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