Hugo Chaparro nació en Bogotá en 1961. Foto: Guillermo Torres.

“Los escritores vivimos como osos panda, en peligro de extinción”

‘Tratado de simiología’, el más reciente libro de Hugo Chaparro Valderrama, reúne una serie de cuentos en los que los personajes buscan salvarse “antes de que el naufragio que podrían ser sus vidas se convierta en algo inevitable”. El lanzamiento es hoy a las 6:30 p.m. en la sede norte de la librería Lerner, en Bogotá.

2016/12/06

Por RevistaArcadia.com

Después de publicar hace dos años la novela El museo itinerante de la señorita Schaff, un periplo en el que excéntricos personajes buscan una mítica sala presuntamente desmantelada en la Segunda Guerra Mundial, el bogotano Hugo Chaparro Valderrama regresa al terreno de la ficción con el libro de cuentos Tratado de simiología. Es una obra en la que, como ocurre con la anterior, la voz propia parece ser un ingrediente clave: por medio de ella relata las aventuras y los tropiezos de un puñado de entrañables personajes que se encuentran en situaciones a veces cotidianas (como ir a un gimnasio) y a veces extraordinarias (como camuflar clásicos literarios dentro de libros de autoayuda), pero nunca aburridas. Hablamos con él.

Intenté buscar la palabra simiología en la RAE y no sale. ¿Nos puede contar su significado?

De la semiología a la simiología se recorre un trecho que se alarga desde la e a la i, cuando semiología, en líneas generales y entrelíneas, entretiene a los lingüistas encantados con estudiar el significado de los signos, mientras simiología, como explica el epígrafe del libro, es la ciencia que intenta comprender al ser humano como un simio de razonamiento contradictorio y absurdo.

¿Qué une a los personajes que encontramos en estos cuentos?

Sus obsesiones y la esperanza de que los puedan salvar antes de que el naufragio que podrían ser sus vidas se convierta en algo inevitable.

Muchos protagonistas son escritores y en sus cuentos usted detalla sus procesos creativos o sus experiencias en torno a la literatura o la lectura. ¿Se trata de un guiño autobiográfico?

¿Cuándo se cruza el umbral que confunde a un autor con sus personajes? La ficción como autobiografía es posible cuando el escritor vampiriza la realidad para narrar una historia; con un guiño que demuestre la gracia de la ficción mejorando la realidad o que enseñe de qué manera la ficción es una de las mejores realidades posibles para un autor.  

Por otro lado, después de leer los cuentos, queda la siguiente pregunta flotando en el aire: ¿qué significa, para usted, ser un escritor hoy?

Vivir como un oso panda: en peligro de extinción, sin perder la esperanza en que un lector se conmueva con lo que pueda escribirse para descubrir, al menos para su autor, una forma que justifique la ficción y su forma de vivir en el mundo.

En el cuento que le da el título al libro, nos encontramos con un personaje sobre el que cae una desgracia tras otra. ¿Cómo simios, estamos de alguna manera condenados a lo contradictorio y absurdo?

El azar puede surgir de manera inesperada para enfrentarnos con las sorpresas, "contradictorias y absurdas", que deciden nuestros días. ¿Qué dirán los simios del cuento titulado Tratado de simiología cuando sus desgracias y las desgracias de su torturador son venganzas lentamente pensadas y rápidamente ejecutadas?  

Uno de sus cuentos, Plan de lectura, es una divertida crítica a lo que la gente lee. ¿Cree que las personas serían mejores si leyeran buena literatura?

Cualquier ser humano que dialogue con los fantasmas de un libro al menos contrasta su vida con la vida de los personajes y el interés por frecuentar otras dimensiones de la realidad a través de la ficción permite que nos preguntemos qué sucede en el mundo del lado de acá de la página.

Hablemos de estilo. ¿Por qué no dividió los cuentos en párrafos? Mejor dicho, ¿por qué cada uno es solo un párrafo?

De libro en libro me atrae jugar con formas que reten al lector. Cuentos de veinte páginas y un solo párrafo exigen que la respiración sea profunda para nadar desde la primera línea hasta el punto final sin que la historia, es mi esperanza, permita que se retire el lector en el transcurso de la trama.

¿Por qué tardaron tanto en salir estos cuentos, si el último se escribió hace cinco años?

Escribo con ritmo de liebre y enseño los manuscritos a los editores con rapidez de tortuga -cuando estoy seguro de que no estafo al lector y lo trato con la misma decencia con la que he revisado un texto-. Así que durante algún tiempo fui un escritor de inéditos que ahora son editados de forma felizmente desconcertante cuando veo un libro en mis manos, firmado por alguien que tiene mi nombre, se parece a mí y es mi doble en términos editoriales.  

¿Usted también admira, como uno de sus personajes, a esos escritores que tienen más material inédito que publicado? ¿Ese es su caso?

Me gustan los escritores masivos, que se prolongan de manera torrencial multiplicando sus títulos -Dickens, Stevenson, Twain-. También los escritores del Síndrome Salinger: los que escriben poco, aparecen poco y enseñan mucho. Dos clases de escritores que pueden tener tanto material inédito que duplicarían su obra si lo publicaran. En mi caso, escribo y me acerco a los editores con la prudencia que celebra la sorpresa de ser publicado o que acepta el destino de un manuscrito reducido al limbo de los inéditos.   

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