Un nuevo estudio sobre el programa del Ministerio de Cultura ‘Leer es mi cuento’ asegura que, a largo plazo, ese proyecto generará un total de 17 mil millones de pesos en beneficios sociales.

Leer es buen negocio

Un nuevo estudio sobre el programa del Ministerio de Cultura ‘Leer es mi cuento’ asegura que, a largo plazo, ese proyecto generará un total de 17 mil millones de pesos en beneficios sociales.

2015/10/22

Por Christopher Tibble

“En 2008 se publicó en Estados Unidos un reportaje llamado To read or no to read?, un análisis que daba cuenta de cómo la calidad de vida de las personas que se declaraban lectoras era significativamente superior a la de los que no lo eran”, afirmó la directora de Fundalectura, Diana Rey, durante la presentación del estudio Libros para la primera infancia, retorno de una inversión en el país en la biblioteca Virgilio Barco.

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La gestora cultural, quien reemplazó en su cargo a Carmen Barvo el pasado julio, prosiguió: “Tenían empleos mejor remunerados, conseguían más logros académicos y eran ciudadanos más críticos frente a la labor de sus gobernantes. Era evidente que la lectura estaba relacionada con mejores oportunidades para los lectores, y en ese sentido era indispensable pensar que la gran prioridad tenía que ver con la atención de nuestros niños”.

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La afirmación de Rey buscaba resaltar la labor del Plan Nacional de Lectura y Escritura Leer es mi Cuento, lanzado en conjunto por el Ministerio de Cultura y el de Educación durante el primer cuatrenio del presidente Santos. Un programa dedicado a la primera infancia que, desde entonces, ha dotado un total de 10’201.486 libros a las 1.440 bibliotecas públicas del país, así como a los 1.400 Centros Integrados de Atención del ICBF y a más de 50.000 hogares de ese mismo instituto.

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Ahora, un lustro después de su lanzamiento, todo parece indicar que Leer es mi Cuento no solo es la dotación de libros más grande en la historia del país, sino que representa en beneficios globales la inmensa cifra de 16.880 millones pesos. Así, por lo menos, lo afirma el libro Libros para la primera infancia,  redactado entre siete académicos e investigadores, y cuya labor tardó alrededor de dos años. En otras palabras, por cada peso invertido en el programa se recuperarán, a largo plazo, cuatro.

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La metodología utilizada para medir los beneficios monetarios que genera una política o programa de carácter social se llama el RSI (retorno social de la inversión). El método cuantifica los beneficios de un plan a largo plazo, y en este caso incluyó una serie de indicativos relacionados a la lectura. Como, por ejemplo, que el acto de leer disminuye la deserción y repitencia escolar, lo cual a su vez genera ahorros relacionados a programas remediales y de aceleración. Por otro lado, también se cree que un punto de incremento en las actividades cognitivas en pruebas estandarizadas genera un 20 por ciento de incremento en salarios futuros.

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“Este estudio lo hicimos a través de 2.300 encuestas en familias, aplicamos pruebas de valoración cualitativa de desarrollo, y encuestamos a 78 bibliotecarios en un total de 4 regiones, 17 departamentos, 13 ciudades capitales y 35 ciudades intermedias”, afirmó a un auditorio lleno el investigador y coordinador del libro Sergio Guarín, quien además aclaró que “la obra no trata todo el programa ni toda la estrategia de Leer es mi Cuento, sino la parte relacionada con las colecciones de libros para la primera infancia en las bibliotecas públicas”.

Las conclusiones a las que llegaron los autores de libro no se limitaron a los beneficios monetarios del plan. “Lo primero que descubrimos es que el programa quedo bien instalado. Se subió el porcentaje de niños con acceso a libros en los lugares donde pasan la mayoría del tiempo y también el número de horas semanales que los papás leen a los niños libros subió casi un 27 por ciento”, aseguró Guarín, antes de resaltar el que fue para él el principal descubrimiento de la investigación: “uno de los indicadores que cuadramos es el porcentaje de papás que generalmente  reprenden a sus hijos de forma violenta. Y nos dimos cuenta que Leer es mi cuento tiene un efecto impresionante en esta área, con una disminución de casi 15 puntos porcentuales”.

Los descubrimientos del libro, sin embargo, no fueron todos positivos. Guarín no solo enfatizó que se debería hacer mayor énfasis en el diseño de estrategias de acompañamiento para los bibliotecarios, sino que además hizo un llamado para que las bibliotecas cambien sus horarios, pues hoy la mayoría están abiertas en horario laboral y muchas no abren los domingos. De todas formas, el investigador no dudó en replicar las palabras de Diana Rey durante su intervención: “Sabemos que este es tan solo el comienzo”.

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