Francisco Haghenbeck nació en Ciudad de México en 1965.

Piratas, dinosaurios y mayas ganan el Premio Norma

‘La Isla de los lagartos terribles’, de Francisco Haghenbeck, ganó el premio para literatura infantil y juvenil de la editorial colombiana. El mexicano, que recibirá el galardón en Bogotá el 15 de septiembre, habló con nosotros sobre Hollywood, las traducciones y la naturaleza de la literatura infantil.

2016/09/15

Por Ana Gutiérrez

La Isla de los lagartos terribles lo tiene todo: piratas, dinosaurios, sangre, acción y detalles históricos que son más extraños que la ficción. El segundo libro del autor mexicano Francisco Haghenbeck para un público joven le valió el Premio Norma de literatura infantil y juvenil. Cuenta la historia de un grupo de piratas, de un padre e hijo ingleses que descubren una perdida región mexicana donde sobreviven los dinosaurios. El galardón, que tiene más de 20 años, toma en cuenta libros de habla hispana en toda América, desde Estados Unidos hasta Argentina. En más de 20 años ha puesto a circular más de medio millón de libros en toda la región latinoamericana para incentivar la lectura en los jóvenes.

Haghenbeck fue incentivado por su hija Arantza. Entonces de 5 años, se volteó y le dijo: ¿por qué no haces un libro de piratas contra dinosaurios? “Creo que todos los libros nacen con una pregunta -ríe el autor- solo que esta vez no fue el autor que hizo la pregunta, sino su hija, que ya me está cobrando regalías”. El autor tiene un agradable acento mexicano y siente un gran entusiasmo por su obra. Está en Bogotá para recibir el premio. “Esa pregunta que te haces es como el vino, la vas madurando, hay que dejar que tenga su cuerpo y que vaya cambiando”. Otro pariente también orientó a Haghenbeck: “mi hermano es paleontólogo y estábamos platicando de los dinosaurios de México, de toda la región de Centroamérica. Me decía que son muy distintos a los que hay en China y en Estados Unidos. Se me quedó grabada mucho una cosa que me dijo: ‘¿Has visto las películas del parque jurásico?’ ‘Sí’ ‘Todas están mal. Nos han arruinado mil años de investigación’”, cierra con otra risa.

Para crear los piratas recorrió a su propio gusto por lo histórico, descubriendo al pirata principal de la historia, Laurens De Graaf, un holandés conocido como Lorencillo, cuyo gusto por la música y Shakespeare no fue invento del autor. No es el único detalle histórico más extraño que la ficción. “Él estuvo en todo el Atlántico, es uno de los pocos piratas que no tenía reglas, asaltaba españoles, ingleses, al que tuviera enfrente. Y yo dije bueno aquí está la historia y empecé a juntarlas y creo que empecé a escribir sin saber dónde iba a terminar o a dónde iba a ir y ella solita me fue llevando.”

El personaje principal sí es ficticio: Timothy Alba es el hijo de 13 años de un científico inglés que se le ocurre hacer una expedición a Áayin Nuuk Peten, que significa ‘La Isla de los lagartos terribles’ en maya. El término dinosaurio viene de las palabras griegas para ‘lagarto terrible’. Haghenbeck quería el maya acertado y se llevó una grata sorpresa al traducirlo: “a veces traduces las cosas pensando que van a sonar bien y es una palabra horrenda larga, pero esta sí sonaba muy bonita". En cuanto a Tim, explica que “todos los libros necesitan tener unos ojos, alguien que responsa la pregunta, ¿quién me va a platicar esta historia? De los grandes fracasos de los libros es cuando la persona que te está platicando la historia es insoportable entonces quieres que la maten ya desde el primer -se corta con una risa-. Quería alguien que te cayera bien, que sirviera de ojos para entender esta historia y que fuera joven para tener todavía la capacidad de asombro con todas estas cosas que ya para nosotros son tan normales. Los dinosaurios ya los ves y ya no te sorprendes, porque está en las películas”.

El cine, sea Jurassic Park o Piratas del Caribe, influenció profundamente el libro. Haghenbeck los referencia en la conversación y admite que si bien tenía una idea muy clara de cómo se debía ver una batalla naval gracias a Hollywood, no tenía ni idea de los términos necesarios. “Quería trasplantar una muy buena obra literaria con prosa, con cambios de voces de tiempo, pero que tuviera la velocidad y el dinamismo de una película para los jóvenes. Mejor que la película, porque aquí no me cobraban los efectos especiales”, dice y vuelve a reír.

Como buena obra de Hollywood, La Isla no escatima en la acción, la sangre o el amor. Los piratas roban, matan y no lo ocultan. “Mientras lo escribía nunca me pregunté o pensé si era para niños o jóvenes. Traté de escribir el tipo de novelas que a mí me gustaban con las que crecí, las de Salgar y las de Julio Verne, las de Conan Doyle (que hace una aparición breve en el epílogo), en las que vas a encontrar esas mismas cosas, esa violencia. Realmente trate de recrear la experiencia de encontrarme con los clásicos, mas allá de preguntarme si era para niños o no”, dice Haghenbeck, quien empezó como novelista de adultos, en general de novelas policiacas, y que ahora ha pasado su enfoque a las novelas juveniles. Sin embargo, dice que el único cambio a la hora de escribir para un público menor es tener presente que se necesita explicar algunos elementos que no son tan evidentes para los jóvenes.

“Creo que también hemos infantilizado la literatura. Salgar, Verne, Dickens escribian para todo el público y ahora ellos son clásicos infantiles, juveniles. Creo que hay que seguir escribiendo con el corazón, con las tripas y que ya después, solitas, vean para quienes son”.

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