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A la izquierda de la derecha

El intelectual número uno de México confiesa ser un demócrata a quien muchos tildan de derechista. El polémico historiador, que presenta su nuevo libro en la FIL de Bogotá, prefiere evitar los adjetivos...

2010/03/15

Por María Eugenia Sevilla

Ante todo, liberal. Así se autodefine Enrique Krauze, historiador de las ideas, biógrafo del poder, analista político y empresario; uno de los intelectuales mexicanos más destacados y polémicos de la actualidad y uno de los hombres más poderosos del medio cultural mexicano.

Apasionado del pasado y filoso crítico del presente, el fundador de la Editorial Clío y de la revista Letras Libres, combina en su prosa la crónica periodística, la entrevista, la memoria familiar, el análisis histórico y político; pero es en la biografía donde ha trazado una particular lectura de la historia de México que ha llevado a sectores más amplios del público a través de la televisión.

Si bien la clasificación política de un intelectual suele ser injusta, como observó el antropólogo Roger Bartra en una ponencia ofrecida en la Cuidad de México a propósito del cumpleaños 60 de Krauze, el autor de Para una democracia sin adjetivos parece no poder librarse de ellos —algo por demás inevitable en alguien que en el plano ideológico ha sabido despertar pasiones.

La relación de Krauze con la izquierda, para decirlo en sus propias palabras, ha sido “muy conflictiva”. Y es que, como liberal, el escritor de origen judío no comulga con los dogmas de una izquierda que, al menos en su país, para modernizarse requiere, a su juicio, entender la vida empresarial, entre otras cosas.

Una mezcla de sospechas que va desde hechos tan llanos como su posición acomodada, su faceta de hombre de negocios y su relación con el emporio mediático de Televisa, le ha ganado a este hombre de traje y corbata y amante de los buenos vinos el epíteto de “derechista”, como le ocurrió también a una de sus figuras tutelares, el Nobel de Literatura Octavio Paz.

No se puede negar que el intelectual-empresario ha sabido venderse: sus libros se venden bien, incluso en tiendas de autoservicio; sus documentales históricos han tenido un espacio semanal en la cadena de televisión más popular de América Latina y se han divulgado por el History Channel de la cadena Discovery.

Tampoco se puede negar, sin embargo, que la factura de sus libros, escritos en un lenguaje libre de jerga especializada y editados con un especial cuidado de las ilustraciones, ha contribuido a esta bonanza mercantil que, aunada a la mediática, no ha sido desaprovechada por quienes especulan que, más que venderse bien, el autor de la serie Biografía del poder se ha vendido.

Su postura liberal, que se ha expresado, por ejemplo, a favor del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, poco ha contribuido a centrar la balanza. Menos lo ha hecho aún su defensa de la legalidad de las elecciones presidenciales mexicanas en 2006, que mantuvieron en el poder al conservador Partido Acción Nacional, frente a la acusación opositora de un fraude electoral.

A lo anterior se añaden sus críticas al ex candidato presidencial mexicano Andrés Manuel López Obrador, en cuya figura ve encarnada a una “izquierda antiliberal” y a quien denominó “el Mesías tropical”, en el homónimo artículo que publicó en Letras Libres (2006), y su no menos punzante disección del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, “el Stalin tropical”, a cuyo retrato dedica su libro El poder y el delirio (2008), que será presentado a los colombianos dentro de la 22.a Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Recientemente, Krauze formó parte de la tríada integrada por el ex canciller mexicano Jorge Castañeda y el escritor peruano Mario Vargas Llosa, figuras calificadas por sus adversarios políticos como de derecha, que fueron invitadas por el presidente Chávez a un debate sobre democracia, derechos humanos y crisis económica, el cual, por cierto, nunca se llevó a cabo.

Krauze, el versátil

Desde su juventud, la trayectoria de Krauze comenzó a desarrollarse de forma reticular, transitando entre actividades y campos del conocimiento diversos cuyo cauce desembocó en la investigación académica y la difusión cultural.

Mientras cursaba la licenciatura en Ingeniería Industrial, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se tituló, el joven estudiante despertó al debate político durante el movimiento del 68, militancia que compartió junto a su futura esposa, Isabel Turrent, y que lo motivó a redirigir sus estudios de postgrado hacia la historia, disciplina en la que se doctoró.

En El Colegio de México, recuerda el historiador Javier Garciadiego, actual presidente de la institución, el autor de Textos heréticos y Travesía neoliberal estudió a fines de los setenta bajo la tutela de un importante formador de historiadores, Luis González y González, de quien tomaría elementos fundamentales para su perfil de divulgador.

“Luis González en buena medida le infundió esta visión de que la historia es una disciplina, primero que todo, grata, que puede ser leída por todos”, explica Garciadiego, quien encuentra tres principios de González muy presentes en las letras krauzianas: “Una buena investigación, un tema pertinente y una espléndida redacción”.

En aquellas aulas, Daniel Cosío Villegas (1898-1976), fundador del Colegio, se convertiría en su mentor y amigo cercanísimo. Bajo su conducción, el discípulo incursionó en el género que en buena medida distinguiría su pluma: la biografía —una perspectiva que, señalan críticos como el periodista Miguel Ángel Granados Chapa, acaso ha pecado de psicologista en su afán de penetración.

Fue en su tesis doctoral, dedicada a la llamada generación del 15, de intelectuales nacidos durante la Revolución —entre ellos Cosío Villegas— Krauze comenzó a trazar una historia de la intelectualidad mexicana y con ella, a delinear su interés por abordar la Historia con una visión panorámica.

Bajo el título de Caudillos culturales en la Revolución Mexicana (1976), el texto se convertiría en su primera publicación, y obtuvo reconocimientos como el Premio Comillas de Biografía (1993).

Su preocupación por desentrañar el simbolismo de los personajes históricos se enfocaría en el presidencialismo en la década de los ochenta, de acuerdo con el propio Krauze, por un encargo editorial del entonces presidente mexicano Miguel de la Madrid, quien se interesó en que realizara una serie documental que derivó en Biografía del poder, de cuya investigación saldrían también ocho tomos que proponen una lectura de la historia de México a partir de sus cabezas de Estado.

“Creo que Enrique Krauze no pretende sugerir que la biográfica sea la única manera de entender la historia, pero su argumento es que sin la comprensión de estos personajes, de estas psicologías, de estos temperamentos, incluso las casualidades que se dan en la vida de los hombres emblemáticos, no se entiende el pasado, la historia de las sociedades”, dijo en entrevista con Arcadia el abogado y analista político Jesús Silva-Herzog Márquez.

La idea democratizadora

Si bien en el ámbito académico, quien es miembro de El Colegio Nacional y la Academia Mexicana de Historia posee obras de probada factura científica y ha enseñado en universidades como El Colegio de México y el St. Anthony’s College de Oxford, al terminar su doctorado no siguió, como sería natural, un camino dedicado cien por ciento a la docencia y la investigación.

“Tiene un desarrollo curiosísimo, diría único en los egresados del Colegio: el aventurarse con una revista, formándose con Octavio Paz en momentos decisivos, porque fueron los últimos años de la redacción de Plural y Vuelta”, comenta Garciadiego, quien ubica a Krauze dentro de una generación de intelectuales cuyo debate jugó un papel dentro de la transición democrática de México.

Siendo aún un joven en sus veintes, Krauze había comenzado a escribir en Plural, revista creada por el Nobel de Literatura, y posteriormente, en 1977, este lo hizo secretario de redacción y después subdirector de Vuelta. Así, durante más de dos décadas, fue su cercano colaborador.

Con la venia de Paz, Letras Libres surgió en 1999 como heredera intelectual de Vuelta, llegando a ser una revista cultural de referencia tanto en América Latina como en España, donde tiene una edición desde 2001. De ella se desprendió Lupa Ciudadana, publicación en línea dirigida por Krauze.

Como divulgador, el ensayista ha buscado ‘democratizar’ el conocimiento de la historia y la cultura al acercarlo a segmentos marginales del público a través de medios alejados de la academia, como las telenovelas de Televisa.

Así en los años noventa abordó, como asesor histórico, la guerra de Independencia mexicana en La antorcha encendida, y en El Vuelo del Águila, la biografía de Porfirio Díaz, quien por más de tres décadas ostentó la presidencia mexicana, hasta el estallido de la Revolución de 1910.

También por Televisa ha transmitido sus series de documental histórico México Siglo XX y México Nuevo Siglo, producciones que forman parte de la Editorial Clío Libros y Videos que fundó en 1991.

“No soy de derecha”

Krauze rechaza su ubicación dentro de la derecha por no compartir ciertos rasgos que tanto en México como en otros países latinoamericanos la caracterizan, entre ellos, la vinculación a la Iglesia católica y la afinidad con gobiernos dictatoriales.

“Tampoco soy un liberal económico a ultranza. El Estado debe tener un papel regulador”, le dijo al subdirector de Letras Libres, Fernando García Ramírez, en una entrevista que este rescata en el libro El Temple liberal (Tusquets), publicado recientemente en México.

“En países con una cultura liberal superficial, como creo que es el caso de México y otros países latinoamericanos, el liberalismo tiende a ser desplazado al flanco derecho del espectro ideológico”, advierte Silva-Herzog, quien más allá de las etiquetas, encuentra en Krauze a un liberal, un defensor de los derechos individuales, las elecciones competidas y la restricción institucional del poder.

En la opinión de Garciadiego, Krauze ha transitado de una izquierda juvenil a una visión liberal que heredó tanto de Cosío Villegas, quien fue severo crítico del sistema político mexicano, como de Paz, quien lo fue de la crisis de la izquierda a fines del siglo pasado —cabe agregar que otra de sus figura tutelares fue el historiador lituano Isaiah Berlin, considerado uno de los principales pensadores liberales del siglo XX.

“Krauze es parte de un grupo de intelectuales latinoamericanos partidario de la modernización y de la democratización del continente, que ve con ciertas —por no decir que pronunciadas— reservas, actitudes antidemocráticas, por ejemplo en Cuba y Venezuela; pero una cosa es ser crítico de movimientos caudillistas y otra cosa es ser derecha”, considera el académico.

Una de las más recientes lecturas que el portador de la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio ha vertido sobre el proceso democrático de México se encuentra en Para salir de Babel (2006), selección de textos de análisis aparecidos durante el sexenio presidencial de Vicente Fox, que ilustran su visión de México como una Babel en donde reina una confusión azuzada por la desconfianza, la frivolidad, el cinismo y el encono.

Venerado por algunos y repudiado por otros, Krauze se muestra pues, como una figura de contrastes cuya mención es, en todo caso, una invitación al debate. 

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