Better nació en Barranquilla en 1978. Foto cortesía del autor, crédito: Armando Betancourt.

"El horror será mi línea literaria en adelante"

John Better, escritor barranquillero conocido por 'Locas de felicidad' un trabajo que reúne sus audaces crónicas de travestis y más, publicó su primera novela 'A la cas/za del chico espantapájaros', este año. Un libro íntimo y desgarrador. Hablamos con él.

2016/11/01

Por Ángel Castaño Guzmán

Antes de A la cas/za del chico espantapájaros, el barranquillero John Better había publicado el libro de crónicas Locas de felicidad y el poemario China White –el primero prologado por Pedro Lemebel; el segundo elogiado por Harold Alvarado, Jaime Manrique, entre otros poetas–. Con ellos Better atrajo la atención de un grupo de lectores. Luego, con la serie televisiva Crónicas translocadas y con sus artículos en Arcadia, Soho, Cartel Urbano, El Heraldo, La Crónica del Quindío, su nombre y su obra se hicieron aún más conocidos. ConA la cas/za del chico espantapájaros, una novela que orbita alrededor de las obsesiones de una generación educada por la música de Bowie, Arcade Fire y Spinetta además de por las ficciones de Arenas, Puig y Piñera, Better se convierte en uno de los autores colombianos a los que se les debe seguir la pista. En su novela Better, como lo hiciera su maestro Lemebel, deja jirones de sus vestidos y de su alma, se quita el maquillaje ante el público y se le ríe en la cara.

Antes se le conocía a usted como cronista y poeta. Ahora incursiona en la novela. ¿Qué tanto esta ficción larga se alimenta del universo de Locas de felicidad?

No creo que Locas de felicidad llegue a ser un universo, a lo mejor un planeta inhóspito el cual fue habitado por una legión de "locas" que sucumbieron a una  extraña plaga que no dejó vestigio alguno de ellas. Mi labor forense fue escribir sus historias en ese libro. Hay que decir que, A la cas/za del chico espantapájaros, mi primera novela, tiene su génesis en un relato aparecido en ese libro, titulado Viaje en motocicleta al centro de la noche, ahí está la semilla de lo que luego cuento a través de escenas fragmentadas en las que voy reconstruyendo el cuerpo memorial de Greg, el personaje principal, mi Frankestein personal, en este caso, mi espantapájaros, encargado de ahuyentar todos los miedos que me invaden a mis 38 años y los cuales van en ascenso. El horror será mi línea literaria en adelante.

Greg encuentra en los libros y en la amistad una salida al tedio de una ciudad sitiada por la abulia. ¿Qué tanto hay usted en él? ¿Hasta qué punto Greg puede ser su alter ego?

A todo nivel, Greg soy yo y viceversa:  poetizados y exaltados, inmersos en aquella casa con su letrina donde años después de mudarnos descubrieron cosas horribles como que allí funcionaba una clínica de abortos y los nonatos eran lanzados a aquel pozo séptico. Aquella casa que me hablaba con las voces más tenebrosas, el callejón y sus cojines de musgo y liquen donde me refugiaba y escribía mis primeras líneas. Yo descubrí allí la crueldad al quemarle las alas a las libélulas o asfixiar ratones en frascos de vidrio a los que les incorporaba una mecha encendida. Yo, el mejor alumno del colegio, el niño amado de su abuela y su madre, el mismo que al igual que Greg recibió el día de su primera comunión algo oscuro que sus madres no pudieron evitar que lo tocara. Él y yo somos uno, o dos, un poco buenos, un poquitín malvados.

Este ejercicio de desnudarse ante los lectores debió costarle lágrimas y enfados con su familia. ¿Cómo fue ese proceso? ¿Cómo recibieron sus familiares un libro tan íntimo y desgarrador?

Mi única familia es mi madre, mi hermano y mi  sobrinito de 2 años. A mi hermano poco le interesa la lectura. Pero a mi madre si le dolió que contara cosas que a su parecer eran asuntos íntimos de familia, como el alcoholismo de mi abuelo, la esquizofrenia de la prima Aurora, o lo de la enfermedad nerviosa que padeció de pequeña. Pero finalmente entendió, creo que por vez primera, mi sentir, lo que soy realmente cuando escribo. "Me mataste en la novela" fueron sus palabras al terminarla, solo alcancé a decirle "Tenía que suceder" para que todo tuviese sentido. Y en verdad muchas escenas de la novela me sacaron lágrimas, fue revivir viejos dolores, por eso desde que la terminé no la he vuelto a ojear.

¿Cuál fue el génesis y cómo fue el proceso de escritura de la novela?

Más que un génesis fue un apocalipsis emocional el momento en el que me encontraba cuando empecé a escribirla. Había roto con mi amante y pasé  por dos sobredosis de drogas y alcohol. Pero digamos que afortunadamente la novela no está perneada por esos sin sabores. Fueron dos cosas que detonaron su escritura: una canción de Pj Harvey, la cantante y poeta inglesa. En una canción Harvey empieza con este verso: “cuando me quedo a solas el diablo entra en mi alma" y finaliza con este otro verso "Y todo aquello que un día fue mi más profunda alegría, hoy luce tan insignificante". Recuerdo que al terminar de oír la canción quedé en un estado de alucinación, fui como un autómata hasta en el computador lo encendí y empecé con las primeras líneas. En efecto somos nosotros los de la foto... La segunda cosa fueron unas palabras del escritor Andrés Felipe Solano sobre un relato mío aparecido en Locas de felicidad: Solano insinuaba que ahí estaba el magma de lo que sería mi escritura en un futuro, y acertó. Allí estaba también parte del nacimiento de esta novela que presento a todos.

Antes decía que el horror iba a ser su línea literaria de aquí en adelante. ¿Qué libros y películas le han ayudado a formar su visión del horror?

Muchas películas, en especial muchas de Fellini como Julieta de los espíritus, la he visto mil veces. El cine de horror de serie b, las pelis de Dario Argento y Romero. Algunos libros de Stephen King, Dracula de Bram Stoker es mi almohada por las noches y la adaptación de Coppola con Oldman como el conde es magistral.

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