Gaviria nació en Bogotá en 1980. Foto: Guillermo Torres.

“En lo único que creo ciegamente es en mi instinto”

Hablamos con el escritor Juan Sebastián Gaviria sobre Estados Unidos, la cacería de perdices y su amor por las motos y la naturaleza a propósito de su nuevo libro, ‘Contenido explícito’, que se lanza este miércoles 8 de febrero a las 7 de la noche en la sede norte de la Librería Lerner.

2017/02/07

Por Ángel Castaño Guzmán

Contenido explícito es un libro que reúne tres novelas de Juan Sebastián Gaviria. En sus páginas, el narrador colombiano no teme arriesgarse al entrar en los pasadizos de la condición humana. Shotgun zen, Mojave flowers y El futuro, los títulos de las respectivas ficciones, constituyen un fascinante viaje por la vida de personajes que se aferran con todas sus fuerzas a un clavo ardiente. El lector, en virtud de la prosa madura de Gaviria, se interna en páginas cargadas de violencia, ternura, amistad y vértigo.

Contenido explícito reúne tres novelas que procuran internarse en las profundidades del alma estadounidense. ¿De dónde le viene el interés por ese país? ¿Cuál es su relación con la literatura gringa?

En estas novelas mi intención sigue siendo internarme en las complejidades del carácter humano. Mi desafío como novelista es y seguirá siendo celebrar al hombre en su complejidad. En este caso, Estados Unidos es el escenario de elección. Cualquiera que lea estas historias se dará cuenta de que no podrían suceder en ningún otro lugar, pero el análisis que se da en éstas sobre temas como el amor filial, el incesto, el abuso, la censura y la búsqueda de fama sí podría haberse realizado empleando personajes de cualquier país y época.

Desde muy joven entré en contacto con Estados Unidos, y con una cara de Estados Unidos bastante desconocida para la mayoría de la gente. Me gusta que es una cultura donde la decadencia viene acompañada de un extraño sentido de elegancia. Mi primer encuentro con la literatura gringa fue a los 15 años, con Edgar Allan Poe. Un monstruo. Luego vinieron muchos más autores entre los que puedo mencionar al ineludible Hemingway, a Bukowski, y a su tierno e inigualable antecesor, John Fante.  

La primera de las tres novelas es una especie de western con algo de ecos de De hombres y ratones (la relación filial con una persona aquejada por una enfermedad mental). ¿Qué papel juega la amistad y la hermandad en su vida y cómo contribuyen a su universo literario?

Siempre me he declarado un absoluto individualista, sobre todo en términos éticos y políticos. Desde la adolescencia hasta la edad adulta uno pierde amigos por segundo, y con suerte le quedan un par cuando llega a los treinta. Yo tengo cuatro, incluyendo a mi perro, y nunca pierdo de vista que en última instancia estoy solo. No aspiro a que nadie anteponga mi bienestar al suyo propio.

Lo que sucede es que hasta que no pasas por momentos realmente duros, no tienes la menor idea de quiénes son tus amigos o tus hermanos. Y si cuentas con suerte, nunca vas a tener la desgracia de averiguar si tus amigos o tus hermanos serían capaces de sacrificarse por ti. De romper la ley por ti. De superarse a sí mismos por ti. De reinventarse a sí mismos por ti. Tal vez, en mis personajes, especialmente en los hermanos Atwood (los protagonistas de Shotgun zen), quise averiguar qué sucede con el más inocente amor filial cuando es enfrentado a circunstancias absolutamente extremas.

En Shotgun zen hay páginas muy bellas dedicadas a la cacería de aves, un ritual muy importante en la vida gringa rural. Háblenos de sus experiencias al respecto.

La mayoría de esas escenas de cacería son autobiográficas. Sólo que no tuvieron lugar en Texas sino en Tocaima, y no cazábamos codornices sino perdices y palomas. El calor, los zancudos, todo era muy similar a como está descrito. Mi padre (uno de los cuatro amigos que mencioné en la anterior respuesta) me llevó a cazar por primera vez a los 10 u 11 años. Luego nos comíamos las presas y escupíamos perdigones... Este fue nuestro ritual durante unos años, hasta que nos distanciamos en mi adolescencia. Siempre he sido un gran aficionado a las armas de fuego. Las escopetas de cañones superpuestos me encantan. Son obras de arte e ingeniería. Es por esto que disfruté tanto que el objeto alrededor del cual la historia de Shotgun zen gira fuera una escopeta Browning Midas. Disfruté muchísimo cada descripción de esa arma.

En esa novela hay pasajes dedicados a la relación del hombre con la naturaleza agreste, con el desierto. Después de recorrer mucho en motocicleta, ¿cuál es su vínculo con la naturaleza?

Cuando estábamos recorriendo Dalton Highway, la carretera de 600 kilómetros despavimentados que conecta a Fairbanks con Deadhorse, mi esposa y yo estuvimos al borde de la hipotermia. Recuerdo que hacia las dos de la mañana empezó a llover, las nubes cubrieron el sol eterno de verano, y un sutil pánico comenzó a instaurarse. Al mirar alrededor, sólo veía una extensión amenazante, la carretera lodosa, y sentí, como se siente algo con la mano, lo cerca que estábamos de ser derrotados por la intemperie. Un solo fallo de la moto habría bastado. Me imagino que lo que quiero decir es que he superado el romanticismo con el que alguna vez percibí la naturaleza. Yo no creo en ningún tipo de deidad, pero sin lugar a dudas la naturaleza es lo que más respeto me inspira. Y aunque no creo en dioses de ninguna clase, soy un tipo que le habla a la luna, que se despide de los árboles, que le da las gracias a un río después de haber bebido de él. O sea, soy completamente consciente de que a la naturaleza como tal le es absolutamente indiferente lo que yo haga. Si estoy o no estoy. Si hablo o me callo. Y por eso aprendo de ella, leo sus señales y uso mis sentidos para mantenerme a salvo. En lo único que creo ciegamente es en mi instinto. Eso, el instinto, y un cuerpo apto (que sigue siendo apto a pesar de que malgasté gran parte de mi vida destruyéndolo), es todo lo que la naturaleza me ha dado, y no tiene por qué no ser suficiente. Al respecto sólo puedo decir que para ser un tipo que fue educado en el cristianismo, es sólo lógico que algunos vestigios de pensamiento místico hayan sobrevivido a los embates de mi voluntad de derribar, sin miramientos, todas las trampas de los llamados "mundos espirituales". Y no, no tengo planes de dejar de hablarle a la luna. Nada como un poco de viejo antropomorfismo para sentirse como en casa.

La historia de Mojave Flowers no deja de ser cruda pero sin perder ciertos rasgos de humor: un matón contratado por la Legión católica. ¿De dónde vino la idea de la historia? Hay en ella ciertos ecos de Tarantino y de Jim Thompson.

Un día yo estaba echado viendo History Channel o algo así y pasaron una nota sobre la "Legión católica de la decencia". Quedé pasmado. Eso no podía ser real. Entonces me puse a investigar. Hacía mucho tiempo quería indagar sobre el tema de la censura, lo fútil que es cuando se tienen en cuenta los minúsculos efectos que el arte surte sobre las vidas de las personas. Enterarme de la existencia de un grupo organizado de curas con la misión de gobernar qué se decía en el Hollywood de la gran recesión fue una oportunidad perfecta, mi señal de partida. Claro, tal vez sea prudente aclarar que el arte tiene efectos transformadores de alcances inimaginables en pocos, pero esos pocos son artistas, o lunáticos, así que no cuenta porque de antemano ellos nunca hicieron parte del público general. Por lo demás, creo que el arte sigue enfrascado en el acuario del entretenimiento. La novela comenzó a andar, y luego vi la oportunidad de retratar una dependencia absoluta entre los puritanos y los hombres réprobos como mi protagonista, Lester. Ahora, todo eso no es más que el argumento de la novela, y sirvió como excusa para indagar sobre muchas cosas más. Por encima de todo, sobre la relación entre un padre y su hija.

Entonces, en su opinión, ¿qué papel juega el arte en la vida de las sociedades?

La gente suele decir que hay muchos tipos de arte. Yo no. Yo creo que sólo existe un tipo de arte, y todo lo demás cabe en el costal del entretenimiento. Contrario a lo que se cree, este no es un tema subjetivo, no es cuestión de opiniones ni de gustos. El arte se aproxima al mundo, al hombre, a la naturaleza y a las fantasmagorías por igual, habiendo dejado atrás todo moralismo, toda intensión de brindar un mensaje ético, todo viso mesiánico. Entre sus objetivos no sólo está comprender y aceptar las más "terribles" caras de la realidad, sino celebrarlas. Es un ejercicio de verdadera humildad.

En nuestra sociedad el arte debe encontrar la manera de hacerse pasar por un producto consumible, y disfrazarse de entretenimiento. Entonces pones play o abres el libro y cuando menos lo piensas, ya mordiste el anzuelo. Te tenemos. Pero el arte no cambia la manera en que la gente ve la vida, exceptuando el caso de aquellos que previamente ya han sufrido un gran desengaño. Entre estas personas y el mundo ya hay una brecha enorme, y entonces el arte les ofrece un suelo sobre el cual pararse. El del artista es un camino peligroso, pero para quien está flotando en el vacío es una tabla de salvación. Así es como el relevo va pasando de mano en mano…

Cierra el tríptico de novelas El futuro, una narración de la búsqueda del sentido de la vida y de la gloria. Allí la moto juega un papel importantísimo. ¿Qué ha significado en su vida la trashumancia? ¿Qué percepciones siente a la hora de montarse en una motocicleta con el tanque lleno?

Siempre he viajado. Cuando estaba recorriendo el continente a dedo; unos años después, cuando lo recorrí en moto, y ahora, cuando me encierro a escribir cada mañana. El viajero, y esto es un tema recurrente en la novela Brújulas rotas, no es aquel que se aleja de un lugar, sino quien se deja atrás a sí mismo. Todo aquel que está abierto a la propia transfiguración es un auténtico viajero, lo sepa o no.

Cuando estaba pensando en escribir El futuro, tenía el único objetivo de examinar cómo el miedo estaba íntimamente vinculado con la relación que uno mantiene con el concepto del porvenir. Luego las cosas se escalaron, y acabé por adentrarme en mis propias ambiciones de éxito, en la futilidad de la gloria, en el afán del hombre de dejar su marca en el mundo. En principio había pensado en hacer de Caleb Roarke, el protagonista, un corredor de carros. Y estaba investigando sobre las carreras de autos más peligrosas de la historia cuando la palabra motódromo apareció. Entonces le di a mi personaje el mejor regalo que cualquiera puede recibir: una moto. Explicarle a alguien lo que siento cuando estoy sobre una moto es complicado, aunque menos difícil que explicar lo que siento cuando escribo. No se trata de velocidad, sino de las ventajas que ofrece esa forma de moverse en particular. Si exceptúo las cosas que he sentido frente a un teclado al escribir (y las que me ha despertado mi hija), puedo decir que ha sido sobre mi moto que he conocido los más exacerbados estados de paz, tranquilidad, alegría, miedo, éxtasis, y sobre todo, agradecimiento por el simple hecho de estar vivo.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.