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Como Judas

El libro más reciente de Amos Oz cuestiona supuestos milenarios y reivindica una de las figuras más infames de la historia.

2018/01/04

Por Adriana Cooper

¿Quién formula la pregunta que nadie ha hecho? ¿Quién puede cuestionar aquello que parece tan natural que ha logrado camuflarse con el paisaje? ¿Los textos inmortales son aquellos que permiten ver la vida más clara, como bañada por un halo de luz potente y directo? Era el final de una tarde de mayo del 2008 y en la entrada de la Universidad de Tel Aviv se sentía ese vapor caliente que sale de las tierras entre el mar y el desierto. Al lado de las mesas extensas cargadas por comida que hay en muchas celebraciones judías para desafiar inconscientemente el pasado de exterminio y escasez, conversaba un grupo de gente antes de la entrega de los premios que la fundación Dan David concede a personas que han hecho aportes a la humanidad.

Mientras los periodistas e invitados comían y se saludaban, un taxi blanco llegó al sitio. De él se bajó uno de los galardonados: el escritor Amos Oz. Caminó un par de metros sosteniendo a su esposa Nily por el brazo y mirando hacia adelante, sin el deseo perceptible de ser notado, sin buscar nada.

Cuando llegó el momento de recibir el galardón, Oz habló de los conflictos y su lado humano: “más allá de la raza, la religión, la ideología y todos los demás grandes divisores, hay un yo inseguro, tímido, deseoso, ansioso y tembloroso que está a menudo muy cerca de otro yo inseguro, tímido, ansioso, con miedo, aterrorizado".

Después de discursos posteriores, algunos premios y su novela Una historia de amor y oscuridad, muchos pensaron que Oz no podría escribir algo superior o decir algo nuevo. Sin embargo, la sorpresa ocurrió cuando escribió su libro más reciente: Judas. Cuenta la historia de Shmuel Ash, un joven venido a menos que, antes de abandonar la universidad, estudiaba el relato de Judas, el apóstol al que la historia consideró un traidor por haber “vendido a Jesús”. Penguin Random House publicó la versión en español en 2017.

Bajo la influencia de la cultura cuestionadora en la que creció, y con un afecto evidente por ese relato y sus protagonistas, Oz recrea el escenario de la crucifixión. Después de tomar como inspiración algunos textos académicos y de exégesis bíblica, plantea una visión nueva: Judas admiraba profundamente al dudoso Jesús, quien no creía ser rey de nadie, lo convenció de ir a Jerusalén y lo apoyó para que dejara el miedo y se lanzara a ser crucificado porque estaba seguro que iba a lograr salvarse, dejar perplejo a todos y redimir al mundo con su mensaje.

Lo que nunca se dijo, explica Oz, es que Judas creyó hasta el último minuto que Jesús se salvaría. Cuando entendió que eso no pasaría, y que causó la muerte del hombre que admiraba y quería, se ahorcó. Agrega que el relato tiene fallas de construcción. ¿Qué necesidad tenía Judas de vender a Jesús con un beso si todo el mundo lo conocía en Jerusalén? ¿Para qué iba a recibir 30 monedas de plata a cambio (que equivalen, aproximadamente, a un millón ochocientos mil pesos) si era un propietario solvente de tierra como evidencian algunos documentos encontrados?

Este relato sirve como motivo para analizar la construcción cultural del traidor en distintas culturas: aquel a quien se llama así por cuestionar lo que para muchos no admite duda. También se analiza la idea de promover el diálogo entre las personas a partir del entendimiento de su naturaleza: “la tragedia de los hombres no estriba en que los perseguidos y los oprimidos aspiren a liberarse y a hacerse respetar. No. La maldad está en que los oprimidos, en lo más profundo de sus corazones, realmente sueñan en convertirse en opresores de sus opresores. Los perseguidos anhelan ser perseguidores. Los siervos sueñan con ser amos”.

Más allá de los detalles de la historia bíblica que inspiró ataques y persecuciones a varios grupos a través de la historia, las creencias personales, o la aceptación o no de sus argumentos, este autor israelí logra con Judas algo que lo convierte en inmortal: cuestionar con respeto y argumentos lo creído por tanto tiempo, iluminar los rincones oscuros de un relato casi universal y lograr que nos sintamos como Judas. Somos personas que a veces queremos revertir el orden y en el intento nos malinterpretan o nos transformamos en un manojo de duda, ánimo, certeza y errores.

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