Abdolah nació en Arak, Irán, en 1954. Foto: Corferias.

“Le tengo buenas noticias a Europa: los inmigrantes no van a dejar de llegar”

Hace tres décadas, el escritor Kader Abdolah huyó de Irán y se instaló en Holanda, donde con el paso de los años se se ha convertido en una de las voces literarias más importantes de ese país. 'Arcadia' y 'Akörde FD' hablaron con él en la FILBO sobre su literatura, la crisis de refugiados en Europa y los retos de traducir el Corán al holandés.

2017/05/01

Por Christopher Tibble

Autor de la novela La casa de la mezquita (2005), votada en 2007 por los holandeses como la segunda mejor obra de ficción en la historia de Holanda, el escritor de origen iraní Kader Abdolah huyó de su país a finales de los años ochenta por oponerse a las políticas del régimen del ayatolá Ruhollah Jomeini. Antes, durante la Revolución Iraní del 79, también se había manifestado contra el shah Mohammad Reza Pahlevi. Periodista, columnista y escritor, hoy se encuentra en la Feria Internacional del Libro de Bogotá presentando otro de sus libros, El viaje de las botellas vacías, recién traducido al español, en el que recrea el viaje de una familia de refugiados a Europa. Con humor y desparpajo, se sentó a hablar con nosotros y con la frecuencia digital Akörde en la Carpa Arcadia Cine Colombia, en Corferias.

Usted leyó el Corán por primera vez después de los ataques del 11 de septiembre, en 2001. Cuéntenos cómo fue la experiencia de leer ese libro en esa coyuntura.

Vengo de una familia religiosa. el Corán era el libro de mi familia, pero yo no lo había leído. Cuando me escapé de Irán y llegué a Amsterdam, Holanda, cambié el lenguaje de mi escritura y empecé a escribir en holandés. Cuando ya me había consolidado como un escritor famoso ocurrieron los ataques del 11 de septiembre y varias personas me preguntaron si ya había leído mi libro. Yo les pregunté ‘¿cuál libro?’ y ellos me respondieron: ‘¡El Corán!’. Entonces les dije, ‘¡ese es el libro de mi padre, no el mío!’. De todas formas me convencí de que era hora de leerlo y cuando lo hice descubrí que era un libro maravilloso, porque lo leí desde el punto de vista de un escritor, como si se tratara de literatura. En ese sentido es un gran libro, pero si se lo das a un terrorista, ¡es un libro muy peligroso!

A finales de la primera década de este siglo usted tradujo el Corán al holandés suscitando toda una polémica porque no solo reorganizó sus capítulos para contar la vida del profeta Mahoma en orden cronológico, sino porque también agregó un último capítulo detallando su muerte. ¿Por qué lo cambió?

No soy un traductor como tal. Soy un escritor, y cuando leí el libro me dije, ‘wow, qué celos, qué gran prosa’. Cuando lo traduje, me dije que quería ser parte de él. El Corán tiene 113 capítulos y yo escribí uno más. Mi versión de El Corán fue escrita por Allah, Mahoma y Kader Abdolah. Y eso me encanta (se ríe).

Su novela La casa de la mezquita, que se consigue en la FILBO, fue votada como la segunda mejor obra de ficción en la historia de la literatura holandesa. Cuéntenos un poco sobre el libro.

Cuando me escapé de mi país ya no podía regresar. Me hacían falta mi casa y mi familia. Entonces empecé a usar el poder de la escritura para viajar a mi casa a través de la imaginación y de la ficción. De esa manera llevé a mis lectores conmigo para que conocieran a mi familia islámica. Les mostré la belleza de esa familia, de los árboles, de los pájaros, de mi abuela y abuelo. Les mostré también lo hermoso que son nuestras mujeres. Después de escribir La casa de la mezquita me hizo mucha falta mi madre, y empecé a escribir un nuevo libro. En él, dejé que me mi madre viajara a Holanda por medio de la ficción. Esa novela se llama El viaje de las botellas vacías y hace poco fue traducida al español por un editor colombiano.

El viaje de las botellas vacías trata sobre un refugiado iraní que experimenta un cambio drástico en su cotidianidad cuando llega a Holanda junto con su mujer e hijo. ¿Cómo percibe la actual crisis de refugiados en Europa, así como el surgimiento de los partidos nacionalistas antiimigración?

Hace 25 años, cuando me escapé de Irán, llegué primero a Turquía. En ese entonces pensaba que yo quizá era el único refugiado que se había escapado de su país, pero de repente vi que había millones de sirios, iraníes, iraquíes y palestinos en Turquía. No lo sabía en ese momento, pero pertenecí a la primera ola de inmigración de mi región a Europa: de la noche a la mañana había millones de refugiados inmigrantes conviviendo con los europeos. Ellos estaban muy asustados, pero hoy les tengo buenas noticias: no pueden hacer nada al respecto. La gente no va a dejar de llegar y van a cambiar a Europa de manera positiva. Ellos necesitan de gente como Kader Abdolah y las mujeres islámicas para ayudarles a refrescar sus ideas. En este momento están asustados, los franceses están asustados, pero los inmigrantes traemos oro a Europa. Los populistas quieren usar el Corán y la inmigración como un instrumento de miedo para llegar al poder, pero no lo van a lograr, su movimiento es demasiado pequeño.

En el transcurso de esta entrevista usted nos ha repetido que tuvo que escapar de Irán a finales de los años ochenta. ¿Qué estaba ocurriendo allí que lo obligó a abandonar su hogar?

Cuando el ayatolá Jomeini y los imanes llegaron al poder a finales de los setenta, querían que todo fuera para ellos. En Irán hay alrededor de 70 millones de personas. Esos líderes solo cuentan con el apoyo de unos 10 millones, que hoy lo tienen todo: el poder, el dinero, los medios de comunicación, las universidades. El resto de la sociedad está descontenta. El gobierno iraní quiere que todo sea islámico, pero de una manera negativa, con violencia. Ellos quieren que Irán viva hoy bajo el islam que se practicaba hace 400 años. Ese es un gran problema y por eso millones han huido. El islam de mi padre y el de mi familia es hermoso, es pacífico. Pero el del régimen de Irán es un islam oscuro, es un islam de bombas. Y no nos gusta.

Para terminar la entrevista, regresemos a la literatura por vía de ese islam hermosos y pacífico que usted menciona. Usted es famoso porque, a pesar de escribir en holandés, en su obra persisten muchos elementos de la literatura y de la cultura persa. ¿Cuáles son esos elementos?

Cuando empecé a escribir en holandés tenía unos 34 años. Para ese entonces había leído cientos de clásicos iraníes, era un hombre culto. Cuando publiqué mi primera novela en holandés, que es una lengua relativamente joven, parte de una cultura algo directa y semidesnuda, muchos holandeses me dijeron que les había encantado el libro. Yo no entendía por qué y solo con el paso de los años comprendí a qué se referían: yo había logrado transmitir el alma de la literatura persa al holandés.

Les doy un ejemplo. La literatura persa está llena de secretos, es misteriosa, como las mujeres iraníes con sus velos. La literatura holandesa en cambio es directa, seca. Si un holandés le dice a una mujer ‘te amo’ ella le va a responder ‘yo también te amo’. Luego, si esa misma persona le dice ‘acostemonos’, ella se acuesta con él. Pero en la literatura persa eso es imposible. El hombre dice ‘te amo’, ella le responde lo mismo, pero para acostarse con ella al hombre le hace falta recorrer un muy buen camino. Yo incluí eso en mis noveles, y por eso creé una nueva literatura holandesa.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.