El escritor argentino Néstor Perlongher. Foto cortesía El Clarín.

La cuestión marica

Activista político en plena dictadura argentina, poeta y dramaturgo, dueño de una irreverencia literaria que parece una dura bofetada. A veinte años de su muerte, su excéntrica obra comienza a ser rescatada.

2011/06/23

Por Oscar Guisoni

Me topé de bruces con la obra de Néstor Perlongher por primera vez en 1989. Había oído su nombre en los corrillos underground de Buenos Aires pero nunca le había prestado atención al poeta maldito del que muchos hablaban entre bambalinas. Hasta que la revista El Porteño, todo un mito de la joven democracia reconquistada en 1983, publicó ese año su poema “Evita vive” y se armó la de Dios. ¿Quién era este hombre capaz de encender una de las más virulentas polémicas literarias que ha sacudido el Río de la Plata en el último medio siglo?

Nacido en Avellaneda, un suburbio de Buenos Aires, en la Navidad de 1949, Perlongher fue poeta, antropólogo y ensayista, no necesariamente en ese orden. Y antes de volcarse a las letras oscuras que harían de su nombre un ícono de la cultura gay porteña, fue trotskista y militante del Partido Obrero, una formación en los márgenes de la política, un reducto ideal para un hombre que huía de las mayorías y de los lugares estereotipados.

 

En 1971 Néstor se suma al Frente de Liberación Homosexual, una curiosa agrupación ideada para provocar al conservador mundo machista argentino, en la que desarrollaría lo que llamaba “la cuestión marica”, es decir: el manifestarse abiertamente afeminado como un modo de romper el corsé que rodeaba la cuestión homosexual en esos años de fuego. Forma ya parte de la mitología su discusión con la izquierda de la época que sostenía que los derechos homosexuales solo se conseguirían con la llegada del socialismo, algo que Perlongher rebatía recordando las pésimas experiencias de Cuba y la Unión Soviética. La lucha es aquí y ahora, decía, no hay nada que esperar. Su particular actividad guerrillera le valió más de una paliza de la policía, acostumbrada en aquellos años a detener sin motivo a los “maricones” por las calles y en 1976, con la llegada de la dictadura de Videla, Perlongher fue a parar con sus huesos a la cárcel, una estadía que no fue muy prolongada pero sí traumática.

 

Un año antes había escrito “Evita vive”, un poema en prosa crudo y brutal, en el que describe a Eva Perón como una puta que se codea con maricas y travestis en ambientes de mala muerte, una osadía que la mitología oficial no podía digerir bajo ningún concepto, por lo que Perlongher decidió no publicarlo en Argentina en un principio. En la escena que abre la obra Evita se encuentra arrodillada, “la cabeza metida entre las piernas” de un “morocho”, “inconfundible con esa piel brillosa, brillosa, y las manchitas del cáncer por abajo” (la esposa del general Perón había muerto de cáncer muy joven, en 1952). Al final, un homosexual que confunde a Eva Perón con un travesti logra hacer el amor con ella (“con tres polvachos la dejé hecha”) provocando la envidia de sus compañeros: “todos los machos del país te envidiarían, chiquito; te acabás de coger a Eva”.

 

La polémica que despertó esta publicación en Argentina contribuyó a que la figura de Néstor Perlongher saliera del armario. Entonces los argentinos descubrieron a un poeta de altura, que cultivaba lo que llamaba el neobarroso, una mezcla de barroquismo con “barro del Río de la Plata”, autor a esas alturas de un puñado de libros antológicos y que desde 1982 se había trasladado a vivir a San Pablo, Brasil, luego de la quiebra estrepitosa de la empresa de encuestas con la que sobrevivía en 1981. Ya para ese entonces Néstor había abandonado la militancia activa en la lucha por los derechos de los homosexuales y se había manifestado como un ensayista de altura, abordando temas siempre polémicos como la guerra de las Malvinas o la cuestión de los desaparecidos de la dictadura militar que azotó al país entre 1976 y 1983:

 

“Bajo las matas

 

En los pajonales

 

Sobre los puentes

 

En los canales

 

Hay Cadáveres

 

[...]

 

Precisamente ahí, y en esa richa?de la que deshilacha, y

 

en ese soslayo de la que no conviene que se diga, y

 

en el desdén de la que no se diga que no piensa, acaso

 

en la que no se dice que se sepa...

 

Hay Cadáveres”.

 

En los noventa la figura de Perlongher comienza a ser alabada por la crítica seria. En 1980 había publicado su primer poemario: Austria-Hungría y en 1987 Alambres, merecedor del Premio Boris Vian; en 1989 ve la luz Hule y en 1990 Parque Lezama, su particular homenaje al poeta neobarroco cubano José Lezama Lima, que tanto lo influyó. Ese mismo año publica también Aguas Aéreas. Es el periodo más creativo del autor, que se cierra en 1992 con la salida en Venezuela de El chorreo de las iluminaciones, su último libro. Víctima del sida, enfermedad que había contraído unos años antes, Perlongher muere en Brasil el 26 de noviembre de 1992 luego de publicar Caribe transplantino. Poesía neobarroca cubana y rioplatense, una antología bizarra como toda su obra.

 

Sus últimos trabajos en prosa estuvieron enfocados a alertar sobre la importancia del sida como factor que retrasaba las luchas homosexuales por ganar la aceptación de la sociedad y modificar las leyes que los excluían. En los años que siguieron a su muerte su obra comenzó a cobrar una relevancia aún mayor. Seix Barral publicó una cuidada edición de sus Poemas Completos y se recopilaron gran parte de sus ensayos y artículos. En una de las entrevistas que luego se publicaron junto con su obra, Néstor se explica a sí mismo con síntesis extraordinaria: “Yo tenía un espíritu plebeyo, de barrio de extramuros, que me llevaba a sentir la poesía como algo muy bello. Mezclado con lo bestial, enchastrado, embarrado, pero lleno de brillos y de lujos, feo jamás. Lo poético no puede ser feo”.

 

En el mercado

 

Un barroco de trinchera

Néstor Perlongher Mansalva, 2010

93 páginas

$42.000


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