La escritora francesa Muriel Barbery, éxito editorial con su novela La elegancia del erizo.

La elegancia de Muriel

En todo un fenómeno de ventas se ha convertido La elegancia del erizo, una novela que capturó el corazón de los lectores no por la trama, como es regla en los best sellers, sino por el hábil retrato de sus solitarios personajes. Sin pretenderlo, Muriel Barbery logró un equilibrio perfecto entre una novela literaria y una comercial.

2010/04/21

Por Ricardo Abdahllah

La rentrée literaria es el periodo de regreso de vacaciones de verano en el que las editoriales francesas lanzan la mayoría de sus títulos de ficción. Los best seller rara vez son sorpresa: El último Mousso, la novela más reciente de Marc Lévy y la infaltable cosecha anual de Amélie Nothomb. A eso se suman las traducciones de los grandes nombres internacionales como Dan Brown, y poco más. El resto de los casi mil nuevos títulos tiene que competir cada septiembre por los espacios de promoción y la mirada de los lectores. Hace ya más de tres años, en medio de la avalancha del 2006, la novela La elegancia del erizo no llamó la atención y no se habló de ella hasta que a punta de recomendaciones entre amigos las reimpresiones comenzaron a agotarse una tras otra. Y cuando Gallimard publicó un boletín en que contaba que las ventas habían pasado los doscientos mil ejemplares, toda la prensa francesa se volcó sobre el fenómeno. Le Figaro Madame envió a sus periodistas a buscarla. Las reseñas recurrieron a expresiones como “cuento de hadas”, “fábula moderna” e incluso “Amélie”, en referencia al inolvidable personaje de la homónima película francesa. Para Eva Jankovic, de Evene, “Barbery se divierte y juega, es un poco efectista porque todo es demasiado caricaturesco, pero funciona. El libro es inteligente, divertido, culto y épico así no sea realmente original”. Para varios blogueros independientes, La elegancia del erizo podría casi ser el renacimiento de la novela filosófica, siguiendo lo pasos de El mundo de Sofía: los capítulos cortos escritos a la manera de microensayos, los juegos con la gramática y una intriga que se limita a saber si uno de los personajes cometerá su anunciado suicidio.

Dos almas comunes

Paloma Josse tiene doce años. Casi trece, pero no los va a cumplir porque ya se ha dado cuenta de lo que a la mayoría de las personas les toma una vida notar que vamos hacia el vacío atravesando el vacío. Por eso ha decidido que se suicidará como regalo de cumpleaños. Antes de tomar los sonmíferos que ha ido robando a su madre, tiene planeado sacar a los gatos por la ventana e incendiar el apartamento en el número 7 de la rue de Grenelle donde vive con sus padres, dignos representantes de la izquierda caviar, junto a su pretenciosa hermana Colombe. Como su suicidio caerá en un día sábado, todos estarán fuera de casa. Nadie sabe que ha considerado también el seppuku y que suele comenzar las entradas de su diario (un diario secreto que los lectores leemos) con un haikú. Que tiene una inteligencia descomunal que sus padres ignoran, y que es capaz de chantajear con perversa osadía al psicoanalista al que su madre la ha llevado porque la considera una niña muy rara.

Renée Michel es la portera del edificio donde viven los Josse. Tiene 54 años. Nadie sabe que si escuchan la televisión en su apartamento junto al vestíbulo del edificio, no es porque le guste lo que transmite, sino porque la prende cada vez que oye los pasos de algún residente dirigirse a la puerta de su cuarto. Su intención: que nadie sospeche que no es exactamente lo que “debería” ser una portera: una matrona inculta que refunfuña sola y habla todo el día con su gato. Lo que Renée hace de veras todo el día es leer. Novela, filosofía, poesía, libros de arte y de historia… Y escuchar a Mozart, y ver buen cine: admira las películas de Yasujiro Ozu. Sobre todo Las hermanas Munakata.

La biografía interior de estos dos personajes —cuyas vidas, a pesar de vivir en el mismo edificio, no se entrecruzan hasta bien entrada la novela—, construye la trama del libro, y son precisamente esos dos mundos interiores solitarios y frágiles, reflexivos e incomprendidos por el mundo hostil y burgués que los rodea, los que se robaron el corazón de los lectores franceses. Por supuesto, la ternura que producen los personajes y un cierto efectismo en la trama no fue del gusto de los lectores más intelectuales. Pero salvo el crítico Philippe Lançon, que Libération admiró los juegos del lenguaje pero lamentó lo políticamente correcta que termina siendo la historia, y la revista Les Inrocks, que destrozó el libro por considerar maniqueos a los personajes, los críticos celebraron a la pareja de Renée y Paloma. Hasta el exigente crítico de The Washington Post Michael Didra aseguró, no sin antes adevertir que podía sonar cursi, que los lectores se iban a enamorar irremediablemente de Renée y de Paloma: una niña y una mujer unidas por la necesidad de elevar el propio espíritu, a la vez que desdeñosas de la manera como los burgueses usan la cultura, leyendo a los clásicos solo para poder hacer citas literarias adecuadas en cenas igualmente adecuadas. “¿Cuál es el propósito de la inteligencia sino el de servir a otros?”, se pregunta Madame Renée. No es una hipótesis que encuentre demasiados adeptos en el mundo intelectual.

La profesora

Muriel Barbery es profesora de la IUFM de Saint-Lô, en Normandía, al noroeste de Francia. Uno de los invitados a una soirée en la casa de Paloma repetirá la vieja frase “Los que no saben enseñan, los que saben aún menos enseñan a los que enseñan”. Barbery es una de ellos. Y sin contarle a nadie, envió seis copias de su primera novela a sendas editoriales. Recibió dos cartas de rechazo: una diplomática y la otra no. Como otras figuras de la literatura en lengua francesa contemporánea, Amélie Nothomb y Daniel Pennac, Muriel Barbery nació fuera de las fronteras de Europa. Hija de profesores en misión en Marruecos, Barbery nació en Casablanca hace 42 años y pasó rápido de las lecturas infantiles a Lo que le viento se llevó, una de las novelas que estaba en la biblioteca de sus padres. Luego llegarían Las relaciones peligrosas y Tolstói. Alguna vez Barbery dijo que siempre trataba de tener cerca un ejemplar de la Guerra y paz, un libro que citaba, leía y parodiaba mientras realizaba sus estudios en la Escuela Normal Superior, uno de los establecimientos en los que se forman las élites intelectuales francesas. Allí se entrenó en las disertaciones según el modelo francés, las exposiciones de ideas en tres partes y demás sutilezas académicas que le dieron tema para criticar (y burlarse) años después, mientras escribía en su casita de Coleville-sur-Mer, a 45 minutos por carretera de su trabajo en Saint-Lô.

En 1999, Barbery recibió la tercera respuesta a los paquetes que envió por correo. Esta vez no era una carta: Jean Marie Laclaventine, editora de la prestigiosa Gallimard, estaba al teléfono para decirle que la editorial de Proust y Gide quería publicar su historia sobre los últimos días del crítico gastronómico más importante del mundo. Así, su primera novela fue publicada ese año bajo el título de Gourmandise (Una golosina, Zendrera). Una sola observación le hizo Laclaventine a la escritora sobre ese primer manuscrito: “Usted es una novelista. La portera no tiene por qué hablar como una vendedora de pescado cuando podría hablar como la duquesa de Guermantes”.

Y Barbery, fan de Proust, retomó el personaje de la portera y escribió una novela en la cual esa portera no solo habla como la duquesa de Guermantes sino que deseca con ojo proustiano a los personajes de la burguesía parisina que hubieran querido ser la versión siglo XXI de Swann y Odette; ah, y por supuesto, es una portera que ha leído En busca del tiempo perdido.

Pero no solo lee a Proust: “Leer Flaubert y John Le Carré, ver una de Visconti y la última de Duro de matar, comer hamburguesas a mediodía y sashimis por la tarde”, dice Renée al enumerar lo que le gusta.

“Al igual que mis personajes —dice Barbery al diario La Repubblica­— me pregunto qué me gusta, qué me mueve. Una buena novela, sí, pero también los magníficos mangas de Taniguchi. ¿Por qué negarse esas cosas? Yo no le tengo miedo al eclecticismo”. Sin embargo, es claro lo que une a los dos personajes de la novela: “Ambas se preguntan dónde reside la belleza. La niña está convencida de que se oculta en las cosas frágiles, fugaces. Por eso la busca en el movimiento, que es elusivo por naturaleza. Y la encuentra. Incluso en un partido de rugby, en los movimientos de un jugador maorí”.

Barbery no imaginó el fenómeno editorial en que se iba a convertir su novela. Y agrega en tono confesional: “Nunca pienso en el lector cuando escribo. Escribir es una actividad íntima, casi secreta. Solo sigo mi bolígrafo y mis sensaciones y deseos. Y es por eso que publicar es una experiencia tan rara y complicada para mí. Claro que estoy contenta de ser tan leída, pero a la vez, esa conciencia de estar siendo leída por otros incluso me irrita”.

Más allá de Francia

Cuando la crítica Allison Fllod presentó la novela en un artículo para The Guardian, se preguntaba si los lectores anglosajones estaban listos para esa novela filosófica en un mundo donde el primer paso para que un libro se venda es un argumento que pueda contarse en cuatro líneas.

Lo estaban y el éxito fue inmediato, pero cuando unos meses después de su paso por la Feria del Libro de Londres, los periodistas británicos quisieron invitar a Barbery a los programas literarios de la televisión para saber si, como sus personajes, ella también odiaba la televisión y soñaba con el Japón, se enteraron de que había pedido un año sabático de su trabajo como profesora para retirarse a escribir a una villa cerca de Kyoto.

Tres años y medio después de la publicación, y dos después de su edición en España —es decir, vergonzosamente tarde—, su novela llega a Colombia y ella aún no ha regresado a su trabajo en Saint-Lô. Sigue en Japón. Como sus personajes, prefiere que nadie sepa mucho de ella. De vez en cuando sube fotografías a su blog y en la casa que ha comprado en la tierra de Ozu ella misma se ocupa de las tareas de portera.

 

En el mercado

La elegancia del erizo

Muriel Barbery

Seix Barral,2008

368 páginas

$45.000

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