El escritor español Enrique Vila-Matas.

La entrevista número 150

Cada día crece más el prestigio literario de Enrique Vila-Matas, el excéntrico escritor catalán que, según el mito, vive inmerso en la literatura. Ahora publica Dublinesca, a la que muchos han llamado su obra cumbre. Arcadia habló con él en Barcelona.

2010/06/29

Por Albert Mauri

Apenas un día antes de viajar a Bogotá, Enrique Vila-Matas me señala que esta es la entrevista número 150 que ha realizado desde que el pasado marzo se publicó Dublinesca, y que: “he llegado a pensar en escribir una novela en la que un personaje se pasa el día contestando entrevistas... Pero lo realmente interesante es que todos estos encuentros me han permitido descubrir que he escrito una novela sobre la que resulta muy difícil hablar desde un solo punto de vista. Dependiendo de lo que al entrevistador le haya interesado del libro, que plantea seis o siete temas distintos, la entrevista o la lectura es una u otra. Está la relación del protagonista con sus padres, con su mujer, con la literatura, el fin de la era Gutenberg... Conforme avanzaba en las entrevistas pasé de no saber muy bien qué decir, a construir una mirada completa del libro. De alguna manera he ido redescubriendo el total de Dublinesca a través de las preguntas de los entrevistadores”. Lo cierto es que las 150 entrevistas, además de propiciar esa visión global reveladora, señalan hasta qué punto la última novela de Vila-Matas creó expectativas entre los lectores y los medios desde muchos meses antes de su aparición. Los paralelismos, reales o no, propiciados o no, entre el argumento de Dublinesca y las circunstancias que rodeaban su publicación alimentaron una mítica previa. Según ha declarado Vila-Matas en varias ocasiones, no todos los personajes y situaciones de la novela se corresponden estrictamente con figuras o episodios reales.

Samuel Riba, el protagonista de Dublinesca, es un editor literario. El personaje desató decenas de conjeturas porque mucha gente vio en él rasgos de Jorge Herralde, el editor de Anagrama, su casa editorial de toda la vida, a la que precisamente abandonó por Seix Barral (sello de Planeta) con esta novela. Sin duda la decisión de cambiar de editor asombró al mundillo literario, y hubo muchos rumores: cuestión de egos, la oferta económica fue enorme, la promesa de inversión en marketing monumental, incluidos videos del escritor caminado por las calles de Dublín. Lo cierto es que Vila-Matas ha cambiado de casa y se siente un hombre más aburguesado. Ya era hora.

¿Pero ha cambiado de veras Vila-Matas? Es indudable que en estos últimos años han cambiado muchas cosas en Vila-Matas. Su casa es nueva, su editorial es nueva... “En los últimos años mi posición ha variado mucho, entre vida y literatura siempre he puesto a la vida por delante”. Pero en ocasiones lo literario sigue siendo irresistible: “A veces son los demás los que me hacen interpretar la vida en clave literaria. Hace aproximadamente un año y medio llevaba varios días encerrado en casa escribiendo un cuento y me decidí a bajar a la calle para comprar el periódico. Mientras esperaba en un semáforo un hombre me preguntó: ‘¿Comprende usted lo que es la filosofía?’. Por un momento no supe si estaba siendo víctima de mi encierro, luego pensé que aquel señor me había reconocido y finalmente opté por responderle, por explicarle lo que yo entendía por filosofía... Cosas como esta me han sucedido muchas veces”.

Desde esta situación precaria, que no se atreve a confesar a sus padres, comienza a pergreñar un plan que ponga punto final a su caída, un conjuro para su situación: planea realizar un funeral para la era Gutenberg en Dublín. Riba percibe la vida desde una mirada absolutamente literaria y, como en la mayoría de libros de Enrique Vila-Matas, este punto de vista especial detona una inagotable cadena de asociaciones. “Nunca asocio de un modo deliberado, lo hago espontáneamente; como en los ready made de Duchamp. Esto también me ocurre en la vida cotidiana, ligo y relaciono las cosas sin apenas darme cuenta. Por ejemplo, mis padres se casaron un 16 de junio, un Bloomsday; mi padre nació el mismo día que los dos primeros ejemplares del Ulises llegaron a París y Silvia Beach los recibió en la estación de Austerlitz... ¿Qué puedo hacer frente a estas coincidencias? Simplemente las incorporo, sin darles más importancia, sin demasiado esfuerzo”. Este código de asociaciones, de hipertextualidad, el juego metaliterario que parece haber asustado a algunos lectores que se acercaban por primera vez a la obra de Vila-Matas, es una de las marcas de fábrica del autor y en Dublinesca se conjura a partir de un pacto inicial con los lectores: “Desde el principio de la novela presento a Riba como un editor literario, alguien que ha leído mucho y que tiene una percepción literaria de la realidad. A partir de ese punto el lector ya no debería extrañarse por nada, ya no hay obstáculos para que acepten a Riba tal como es”. Y es que en un primer momento Riba no era un editor, era un escritor, y Vila-Matas se enfrentó a una situación que no le divertía lo más mínimo porque si las situaciones de Dublinesca las vivía “un escritor, caía en un tópico de mi mundo literario, en volver sobre un personaje que ya había tratado en otros libros; por eso cuando lo convertí en editor empecé a divertirme, tenía un personaje distinto y en consecuencia un libro distinto”. El Riba editor resultaba más extraño y complejo, pero también más capaz de encarnar algunas de las cuestiones que Vila-Matas quería transmitir a través de Dublinesca: el final de una época, la de Gutenberg, y por extensión la crisis de un tipo de literatura. Riba es “el heraldo de la ruina general de Europa, encarna la caída del imperio Gutenberg del mismo modo que los personajes de Joseph Roth encarnaban la caída del Imperio austrohúngaro; me interesaba mucho la idea de que un solo personaje fuera capaz de representar la decadencia de una época... Lo que no tengo tan claro es que ese fin de época necesite un funeral, que es el plan que Riba se propone para salvarse”.

La idea de que el libro está por desaparecer y que a partir de ahora internet se erigirá como medio dominante parece resultar muy atractiva desde el punto de vista periodístico, y en las 150 entrevistas que Vila-Matas ha concedido en estos últimos meses se ha referido a esa cuestión: “Pienso que durante mucho tiempo todo convivirá, como conviven la radio y la televisión, y que en el fondo todo lo que se ha presentado como novedad en el medio internet ya existía en los libros o lo aplicábamos en la lectura: los links no son más que notas al pie o la posibilidad de consultar otros textos, algo que hacemos normalmente en la lectura. Creo que todo está en el contenido y no en el contenedor. Hace 30 años considerábamos a la televisión como un medio menor, y sin embargo ahora algunas series de televisión resultan mucho más interesantes que algunas películas... mientras la humanidad siga narrando...”. No sé si Riba suscribiría las ideas de su autor, pero es que Riba, y en este punto es absolutamente quijotesco, tiende a confundir vida con literatura, “Riba lee la realidad desde un punto de vista literario; pero creo que muy poca gente hace esa lectura; a mí me pasa a veces, pero creo que esto es algo sobre lo que no conviene exagerar”.

Hablando de Dublinesca con Vila-Matas sorprende que la mayoría de cuestiones que destacan en su novela parecen surgir de un modo no premeditado. El relato parece adentrarse, conforme avanza, en los temas que caracterizan a la literatura irlandesa: melancolía, fantasmas... “No lo programé. Los fantasmas aparecen en el momento en que Riba se mueve con una sombra, su genius particular, su ángel custodio para los cristianos... Aunque es indudable que la aparición de fantasmas le da un aire anglosajón a la novela, no lo programé. No niego que me apetecía tratar con fantasmas, y no desde una óptica fantástica, sino como una eliminación de la frontera entre los vivos y los muertos, en un territorio donde todos estén presentes. Llegué a esta eliminación de fronteras sin pretenderlo y, ahora que te lo digo, me estremezco un poco”. Esta naturalidad a la hora de transgredir está presente en toda la obra de Vila-Matas y no solo se refiere a los temas, también a los géneros. Los relatos de Vila-Matas contienen tanto ensayo que alguien los definió como “narrativa pensada”. En Dublinesca se refiere un episodio directamente tomado de la experiencia, cuando recibió una invitación para viajar a Lyon y participar en un encuentro de escritores. Una vez en Lyon nadie acudió a recibirlo, nadie le indicó cuál era el programa para las próximas horas. Vila-Matas se registró en su hotel y escribió una teoría para la novela del siglo XXI, en cinco puntos, siguiendo la estela de Italo Calvino y tomando como referente la obra de Julien Gracq. En Dublinesca es Riba quien viaja a Lyon y elabora una teoría, la misma que luego destruye y de la que se dice: “A perder teorías, a perderlas todas...”. La destruye pero ya no puede desprenderse de ella o, como apunta Vila-Matas, “la ha destruido para ponerla en práctica, para dejar de teorizar, pero la teoría sigue ahí”. Esos 30 folios escritos en Lyon los publicará Seix-Barral el próximo septiembre bajo el título Perder teorías, y tendremos la ocasión de revisitar no solo Dublinesca, sino el conjunto de la obra de Enrique Vila-Matas, desde un texto teórico desarrollado por el propio autor. “En Francia Dublinesca ha aparecido simultáneamente con Perder teorías y creo que es un idea muy buena. Coincidí con Paul Auster en París y le regalé Dublinesca. Mientras charlábamos descubrió que existía la teoría y reclamó leerla antes que la novela, porque le parecía la mejor manera de acercarse a la ficción. Todo indica que algunos lectores agradecerán esta posibilidad”.

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