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La última entrevista de Alexandr Solzhenitsyn

Rebelde, prisionero, poeta y héroe: medio siglo después de haber sido publicados, los virulentos recuentos de Solzhenitsyn sobre los campos de trabajos forzados de Stalin aún se cuentan entre las más profundas obras de la literatura. El 22 de agosto de 2007, el premio Nobel reflexionó sobre su vida.

2010/03/15

Por Christian Neef y Matthias Schepp

Alexandr Isievich, al entrar, lo encontramos trabajando. Eso indica que, a pesar de sus 88 años, aún siente la necesidad de trabajar aunque su salud ya le impide incluso caminar por su casa. ¿De dónde saca la fuerza?

Siempre he tenido ese empuje interior, desde que nací. Y siempre me he entregado de muy buena gana a mi trabajo… a trabajar y a luchar.

En su libro, My American Years [Mis años americanos], rememora que solía escribir incluso mientras caminaba por el bosque.

Es más, en los gulags algunas veces escribí hasta en los muros. Solía escribir en pedacitos de papel, memorizaba el contenido y luego destruía los pedazos.

¿Y su empuje, su fuerza, nunca lo abandonó, ni siquiera en los momentos de desesperación?

Sí…, o mejor dicho no. Con frecuencia pensaba: no importa el resultado, que sea lo que sea. Luego las cosas salían bien… En fin, algo bueno salió de todo, por lo menos eso parece.

No estoy muy seguro de que opinara lo mismo cuando, en febrero de 1945, lo arrestaron los servicios secretos del ejército soviético en Prusia Oriental. En sus cartas desde el frente se mostraba muy poco elogioso de Joseph Stalin y eso le costó ocho años de prisión en los campos del gulag.

Ocurrió al sur de Wormditt. Acabábamos de romper un cerco alemán y marchábamos en dirección a Königsberg [hoy Kaliningrado] cuando me arrestaron. Pero siempre fui optimista. Y no solo me mantuve firme en mis opiniones, sino que ellas me guiaron.

Toda su vida les ha pedido a las autoridades pertinentes que se arrepientan por los millones de víctimas del gulag y del terror comunista. ¿Han atendido su llamado?

Creo que llegué a aceptar el hecho de que la contrición pública es la más inadmisible de las opciones para un político contemporáneo.

Putin [entonces Presidente] dice que el colapso de la Unión Soviética fue el desastre geopolítico más grande del siglo XX y que ya es hora de dejar de lamentarse por el pasado, de manera muy particular ahora que hay intereses “foráneos” empeñados en promover un injustificado remordimiento entre los rusos. ¿No le conviene esto a la gente que quiere que se olvide todo lo que ocurrió durante el pasado soviético del país?

Pues mire, también hay una creciente preocupación en el mundo entero respecto a cómo va a manejar Estados Unidos su nuevo papel como única superpotencia del mundo, cosa que fue resultado, justamente, de cambios geopolíticos. Ahora, en cuanto aquello de “lamentarse por el pasado”, maldita sea, esa fusión de lo “soviético” y lo “ruso” en contra de la cual tanto hablé durante la década de los 70, aún no ha desaparecido en Occidente ni en los países ex socialistas, ni en las antiguas repúblicas soviéticas. Quienes constituían la vieja generación política en los países comunistas no estaban preparados para la retractación ni el arrepentimiento, mientras que las nuevas andan muy contentas ventilando agravios y haciendo acusaciones… Claro, con Moscú en mente, hoy en día un blanco muy cómodo y conveniente. Se comportan como si ellos mismos hubieran sido artífices heroicos de su propia liberación y como si ahora vivieran una nueva vida mientras que Moscú sigue siendo comunista. Sea lo que sea, me atrevo a esperar que esta etapa poco saludable termine pronto y que toda la gente que ha sobrevivido el comunismo entienda que sí, que el comunismo es responsable de páginas muy amargas de su historia.

Incluyendo a los rusos...

Mire, si fuéramos capaces de evaluar con sobriedad nuestra historia, no veríamos todavía esa actitud nostálgica por el pasado soviético que hoy predomina entre los sectores menos afectados de nuestra sociedad. Y los países de Europa Oriental, así como las antiguas repúblicas de la urss, tampoco sentirían la necesidad de ver en la Rusia histórica la fuente de todas sus desgracias. No debemos atribuir las iniquidades de dirigentes o regímenes políticos particulares a un defecto innato del pueblo ruso y a su país. No debemos imputar tal cosa a la “psicología enfermiza” de los rusos como con frecuencia se hace en Occidente. Recuerde que todos esos regímenes en Rusia solo lograron sobrevivir imponiendo un terror sangriento. Debemos entender, de manera clara y distinta, que solo la voluntaria y concienzuda aceptación de la culpa por parte de un pueblo puede garantizar el restablecimiento de la salud de una nación. Pero los reproches sin tregua provenientes de fuera son contraproducentes.

Pero aceptar la propia culpa presupone información suficiente sobre el pasado en cuestión. Sin embargo, los historiadores se quejan de que los archivos de Moscú hoy no son tan accesibles como lo fueron en los años 90.

Es un asunto complicado. Con todo, no cabe duda de que, durante los últimos 20 años, en Rusia ocurrió una revolución respecto a los archivos. Miles de archivadores, archivos y legajos se han abierto; hoy los investigadores pueden acceder a miles de documentos que antes estaban reservados. Cientos de monografías que hablan sobre esto han sido publicadas o están en proceso. Además, al lado de los documentos a los que oficialmente se dio acceso en la década del 90, se publicaron muchos otros que no habían recibido el visto bueno oficial. Dmitri Volkogonov, el historiador militar, y Alexandr Yakovlev, ex miembro del Politburó, contaron ambos con suficiente influencia y autoridad como para acceder a cualquier archivo o documento que quisieron… y la sociedad agradece sus valiosas publicaciones.

Hace cerca de 90 años Rusia fue sacudida, primero, por la Revolución de Febrero, y luego, por la Revolución de Octubre. Ambos sucesos constituyen un leitmotiv en su obra. Hace pocos meses usted reiteró su tesis: el comunismo no fue resultado del previo régimen político ruso; la Revolución Bolchevique fue posible solo gracias al mal gobierno de Kerenski en 1917. ¿Lenin no fue más que un accidente, una persona que pudo venir a Rusia y tomarse el poder solo gracias al apoyo alemán?

No. Solo un ser extraordinario puede convertir una mera oportunidad en una realidad. Lenin y Trotski fueron políticos sumamente hábiles y vigorosos capaces, en muy poco tiempo, de aprovechar las debilidades del gobierno de Kerenski. Pero permítame corregirlo: la Revolución de Octubre es un mito que crearon los vencedores, es decir, los bolcheviques, mito que se tragaron entero los círculos progresistas de Occidente. El 25 de octubre de 1917, un violento golpe de Estado de 24 horas de duración tuvo lugar en Petrogrado. Y fue brillante y minuciosamente planeado por León Trotski. Lenin estaba cubierto para evitar ser juzgado por traición. Lo que llamamos la “Revolución Rusa de 1917” fue la Revolución de Febrero.

Ahora, las razones que impulsaron esta revolución se originan en la situación de la Rusia prerrevolucionaria y jamás he dicho lo contrario. La Revolución de Febrero tiene raíces muy profundas… como intento mostrar en La rueda roja. En primer lugar, estaba la vieja y prolongada desconfianza mutua que se tenían, por un lado, quienes detentaban el poder y, por el otro, los sectores más cultos y mejor educados de la sociedad, una amarga desconfianza que hacía imposible cualquier tipo de solución constructiva para el estado. En este caso, la mayor parte de la responsabilidad recae sobre las autoridades competentes: ¿quién sino el capitán es responsable de un naufragio? La Revolución de Febrero “fue resultado del régimen político ruso anterior”.

Pero esto no significa en modo alguno que Lenin fuera “un accidente”; o que la participación financiera del emperador Guillermo II de Alemania no tuviera importancia. Nada de lo que ocurrió en la Revolución de Octubre fue natural para Rusia… más bien al contrario: esa revolución fue lo peor que le pudo pasar a Rusia: el terror rojo que desataron sus líderes, su disposición a bañarla en sangre, son prueba contundente de ello.

Alguna vez usted dijo lo siguiente: Rusia tuvo que padecer la historia oscura del siglo xx para bien de la humanidad. ¿Aprendieron los rusos las lecciones?

Están empezando a hacerlo. Un buen número de publicaciones y películas sobre la historia del siglo XX son prueba de una creciente demanda. Hace poco, el canal estatal de televisión Rusia transmitió una serie basada en la obra de Varlam Shamalov donde se mostraba la terrible y cruel verdad sobre los campos de trabajo de Stalin… y le aseguro que no la aguaron.

Para terminar, ¿cuál es, en su opinión, el estado actual de la literatura rusa?

Los períodos de rápidos y fundamentales cambios nunca han favorecido a la literatura. Las obras importantes casi siempre y en todas partes han sido creadas en tiempos estables, para bien o para mal, buenas o malas. La literatura rusa contemporánea no es la excepción. El lector educado hoy en día quizá prefiera leer obras de no ficción. Con todo, estoy convencido de que la justicia y la conciencia no serán desperdigadas a los cuatro vientos sino que prevalecerán en los cimientos de la literatura rusa para iluminar nuestro espíritu y ampliar nuestro entendimiento.

¿Qué significa la fe para usted?

Para mí la fe es el fundamento de la vida.

¿Le teme a la muerte?

No. Cuando joven, la temprana muerte de mi padre me ensombreció… y tuve miedo de morir antes de que mis ilusiones literarias se hubieran convertido en realidad. Pero cuando llegué a los 30 o 40 años, mi actitud frente a la muerte se hizo más amable y equilibrada. Siento la muerte como una cosa natural, pero por ningún motivo como el último y definitivo mojón de nuestra existencia.

Sea lo que sea, le deseamos muchos más años de vida creativa.

No, por favor, no. Ya basta.

 

Traducción de Juan Manuel Pombo

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