Las elecciones de los periodistas abarcan títulos sobre economía, cómic, novela y más.

Las mejores lecturas de 2014, según periodistas

Esta caprichosa lista surgió con el fin de averiguar qué leen los periodistas. 14 jefes de redacción y editores de Publicaciones Semana respondieron al llamado de Arcadia y nos dijeron, en tono ameno y un tanto informal, el mejor libro que leyeron este año. ¿Cuál fue el suyo?

2014/12/19

Por RevistaArcadia.com





José Ángel Báez, editor de Cultura de Semana
Los minutos negros
, Martín Solares (2006)

Alguien me dijo que le parara bolas a la novela negra que se está haciendo en América Latina, especialmente a una llamada Los minutos negros, del mexicano Martín Solares. No se equivocó. La escojo como lo mejor que leí este año porque, además de sorprenderme por su calidad, es coyuntural: una descarnada radiografía, bien narrada, de la violencia y la corrupción que azota a México. Los periodistas de ese país valientemente la han denunciado a un costo muy alto. Faltaba que la literatura contara su versión.

Margarita Barrero, editora general de Nuevos Medios de Publicaciones Semana
La historia del amor, Nicole Krauss (2006)

Cursi parece el título pero el libro carece del adjetivo. Esta novela de 2006 es una historia nostálgica en la que dos narradores logran que el amor luche para ganar las batallas del olvido: el cerrajero Leo Gursky, sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial, quien crea un libro en el que revela la existencia de su hijo escritor. Y la adolescente Alma Singer, que encuentra en el autor del libro al compañero perfecto para su viuda madre. En una trama envolvente, la escritora colecciona anécdotas virtuosamente, balancea el afecto y la angustia, y, lejos de todo lugar común, atrapa con frases como: “la soledad: no hay un órgano que pueda asimilarla toda”. Un texto sentidamente escrito en el que la literatura, como dice Nicole Krauss, “es esa conversación infinita sobre lo que significa la condición humana”.


Paula Bravo, editora de Semana Educación

Los objetos nos llaman, Juan José Millás (2008)

Es una colección de 76 relatos tan breves como buenos. Como para llevarse a un viaje o dejarlo en la mesa de noche y leerlo sin afán. Tiene el sello de Millás, de lo fantástico y onírico, donde todo es posible pero no por ello menos sorprendente. Está dividido en dos partes: Los orígenes y La vida. La primera son relatos de niños y la segunda parte contiene las historias de los adultos en los que se convirtieron. Los mejores, para mí, Jorge y Maruja, La muerta y Una historia de fantasmas.


Andrés Grillo, editor internacional de SoHo
¡Puta guerra!, Tardi & Jean-Pierre Verney (2011)

No sabía nada de la Primera Guerra Mundial. Tenía apenas referencias vagas sobre el magnicidio que la detonó, la vida en las trincheras y el uso de armas químicas. Por eso, me animé a comprar esta novela gráfica. Me encanta este género y disfruté esta obra en particular porque cuenta sin ambages, desde el punto de vista de un obrero francés reclutado como soldado raso, cómo se desarrolló esta carnicería inmisericorde, que dejó diez millones de muertos. Cada viñeta es un golpe a la mandíbula y en conjunto forman un manifiesto contra el sinsentido de la guerra. El libro incluye un dossier informativo de la contienda y un glosario de la jerga de los combatientes en las trincheras.

Eduardo Higgins, jefe de redacción de Jet-set
La civilización del espectáculo, Mario Vargas Llosa (2012)

Una aguda reflexión acerca de la trivialización del arte, el irremediable amarillismo de la prensa y el toque banal que se le imprime a la política como un tema más cercano a los chismes de farándula que a los análisis que hacen en las universidades. Vargas Llosa alcanzó a perturbarme una pizca por confrontarme con mi trabajo. Desde la mirada del escritor peruano seguramente terminaré condenado en un infierno similar al que exigió la congresista María Fernanda Cabal para Gabo o en el purgatorio de la vanidad. Todo por escribir, por ejemplo, acerca de la sexualidad redonda de Jaime Bayly, y no de sus libros, o del nuevo dueño de los pechos de Sofía Vergara. Perdón si omití otros personajes de la civilización del Jet-set.

Camilo Jiménez Santofimio, editor de Enfoque de Semana
Disgrace, de J.M. Coetzee (1999)

Llevaba años en mi lista imaginaria de libros que quiero leer antes de morir. Y cuando lo terminé, pensé que debería dejarme de boberías y de veras hacer una lista de libros que HAY que leer antes de morir. De nada importa que la historia tenga lugar en Sudáfrica, pues no hay lugar en el mundo sin odio. Disgrace es un libro triste, que te azota por sus 200 páginas. Pero es perfecto. Narra con la economía del señor avaro que cuenta centavos antes de cualquier transacción. Un señor, sin embargo, tan concreto y mesurado y sensible que al final la cita con él resulta demasiado corta.

Liliana López Sorzano, editora de Cocina y Decora Semana
Lo que no tiene nombre, Piedad Bonnett (2013)

En sus páginas, la escritora consigna el recorrido doloroso que supuso enfrentarse a la esquizofrenia de su hijo y su posterior suicidio a los 28 años. El libro está escrito sin sensiblerías, con las palabras justas, sin efectismo más que los desgarradores hechos, y por lo tanto, trastoca, perturba y logra llegarle al lector para sacudirlo. Alcanzar ese estado sin caer en lo patético es de admirar. Fue el libro que más me conmovió este año. Además, aconsejaría leer cualquier de los libros de poesía de Piedad Bonnett.

Diego Montoya, editor de Avianca en revista
Pyongyang, Guy Delisle (2003)


Según cálculos extraoficiales, solamente 6.000 turistas occidentales viajan al año a Corea del Norte. ¿Quién va a querer ir allí, si lo único que registra nuestra prensa acerca de la única dinastía comunista del mundo es cuando esta gruñe y muestra los dientes? Nos extrañamos ante la matemática sincronía de su ejército –verde y rojo–, desfilando en las calles de Pyongyang. También leemos sobre las periódicas maniobras militares en la frontera con Corea del Sur y nos aterramos con sus presos políticos, o con los rumores protagonizados por el dictador Kim Jong-Un. No obstante, rara vez nos enteramos de cómo es estar allí, en ese hoyo negro del Extremo Oriente, congelado aún en la Guerra Fría. El canadiense Guy Delisle nos saca de la duda con los trazos sobrios pero efectivamente descriptivos de esta novela gráfica. Pese a que la narración está escrita en primera persona, explora a fondo el choque cultural que cualquiera de nosotros –occidentales contemporáneos– experimentaría en ese entorno conservador de veneración política, precariedad económica y, sobre todo, recelo con el extranjero.

Aldemar Moreno, editor de Negocios de Dinero
Ulises
, James Joyce (1922)

Tengo una manía por la lectura de clásicos. El año pasado me correspondió leer el Ulises de Joyce. Primero es necesario decir lo obvio: se trata de una reelaboración del trasegar del Odiseo homérico. Muchos han especulado sobre la correlación entre los personajes de la Odisea y el experimento de Joyce, pero no es evidente, empezando porque ninguno de los protagonistas se llama Ulises; Leopoldo Bloom y Stephen Dedalus (apellido con evidente referencias greco laberínticas) son los personajes centrales. La mayor parte del texto es farragosa. Ese fue el resultado del experimento central de Joyce: poner al subconsciente como protagonista, así allanó el terreno para narrar la otra historia, no la del mundo físico, no la de la puesta en escena, sino la del aún incompletamente navegado mundo mental. En la mayoría de sus páginas el Ulises de Joyce es un monólogo referido a lo que se piensa pero no se dice, y aún sin ser dicho, o tal vez por eso mismo, domina buena parte de los actos humanos. De ahí su universalidad, la de la impudicia, la del carácter escatológico y hasta grosero que domina muchos de los episodios. En materia de subconsciente, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Una lectura dispendiosa pero indispensable.

Alejandro Pérez, periodista de Gente de Semana
Ella y otras mujeres
, Rubem Fonseca (2008)

Asumí el libro sin querer queriendo, pues un gran amigo me dijo que leer a Fonseca era necesario. Fue fácil lidiar con la expectativa. Desde la primera historia, de las muchas que relata, me sentí incómodo, cuestionado y validado a la vez. Nada me atrapa como lo chocante expresado con naturalidad. Leí sobre estas mujeres, cedí a la admiración, a la repulsión y al final traté de promediar lo imposible. El gris nos define y Fonseca nos lo restriega en la cara presentando lo correcto y lo incorrecto como picos caricaturescos que invitan a botar la ‘moralina’ por la ventana.


Alejandra Quintero, editora de fotografía de SoHo

El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez (1985)

Debo confesar que soy pésima lectora. Nuca me dejé enseñar el hábito de la lectura. No leo nada, a menos que sean listas light de Buzzfeed o los tweets de Maria Fernanda Cabal. De ahí no salgo. Sin embargo, hace un tiempo y no en 2014, mientras viajaba por países de la ex Yugoslavia, la interpretación del amor de Florentino Ariza, uno de mis grandes héroes de ficción, hizo que agarrara los trenes mas demorados para llegar a mi siguiente destino porque el único lugar donde quería leer El amor en los tiempos del cólera era en los trenes; ¡y de día! Así que mientras me imaginaba la Cartagena de Gabo, y veía esos paisajes áridos de los Balcanes, creé una mezcla muy extraña y ecléctica entre la magia Caribe, los estragos del Mariscal Tito, y una banda sonora inspirada por Bjork. Mezclar esos escenarios me hizo muy feliz.


Diego Rubio, jefe de redacción de SoHo
La vida que pensamos, Eduardo Sacheri (2013)

Este libro es para los que llegábamos del colegio con las rodillas verdes por el picado del recreo, para los que todavía jugamos partidos de cuarentones con papada como si nuestra dignidad dependiera de estos, para los que entendemos que en la cancha “tome” significa “pásela” y “profe”, “árbitro”. La vida que pensamos es una recopilación de 24 cuentos de fútbol escritos por el argentino Eduardo Sacheri, autor de La pregunta de sus ojos, novela que terminó convertida en el guion de la película ganadora de un Óscar El secreto de sus ojos. Todos son sabrosos de leer, pero hay dos imperdibles: Esperándolo a Tito y Señor Pastoriza, que lo puede hacer llorar a uno si lo coge bajito de defensas. Están escritos sin adornos rococó, sin frases grandilocuentes, sin las cursilerías típicas de quienes creen que lo más importante de la vida es el fútbol. Después de leer este libro, uno queda con la sensación de que no es lo más importante, pero pega en el palo.

Mauricio Sáenz, jefe de redacción de Semana
Maus, Art Spiegelman (1991)

Desde hace algún tiempo, por cuenta de mi hija Gabriela, me han llamado la atención los libros de cómic. Y en el camino de familiarizarme con ese lenguaje, entré en contacto con Maus, el trabajo alucinante del norteamericano Art Spiegelman sobre el Holocausto judío. No es extraño que se le considere la obra maestra del género. Con trazos simples de enorme expresividad, con una alegoría reduccionista que denuncia el reduccionismo (los judíos son ratones, los alemanes gatos, los polacos cerdos), con una narrativa que mezcla pasado y presente en historias paralelas que se funden en una sola imagen, Spiegelman logra condensar no solo la historia de su pasado familiar sino sus propios problemas de identidad. Y sobre todo consigue entregar uno de los relatos más expresivos sobre ese enorme drama de la humanidad en el siglo XX. Impresionante.


Lina Zuluaga, directora de Semana Educación
Ser para liderar, Alberto Espinosa (2011)

Si me preguntaran por una única tarea para los colegios de Colombia, contestaría que deberían graduar niños que tengan un proyecto de vida. Para enseñar eso se necesita haberlo vivido, tener sabiduría y herramientas didácticas. Alberto Espinosa es uno de los empresarios colombianos que más ha apoyado al sector educativo, y lo ha hecho anónimamente. Cuando decidimos emprender Semana Educación nos regaló un libro que no tiene un formato comercial, pero que atesora la visión de una persona íntegra que habla sobre su vida familiar y empresarial. Con cortas metáforas, fabulas e historias, facilita el aprendizaje y esgrime los pasos que un niño debe comprender para diseñar su proyecto de vida.



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