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Lista caprichosa

Arcadia propone una lista de grandes narradoras y espera que les pueda servir a los lectores como hoja de ruta, en el laberinto de las librerías.

2010/03/15

Alice Munro

Cuando Alice Munro publicó su primer libro en 1968, los críticos felicitaron a “el ama de casa que escribe cuentos”. Desde entonces el tono de las reseñas ha cambiado mucho: han comparado su prosa con la de Chéjov, han elogiado la “impresionante precisión” de su lenguaje y hace unos meses Munro recibió el Man Booker Prize. No hay que dejarse engañar por sus historias en apariencia entrañables: la profundidad sicológica de sus personajes a veces perturba.

Alba Lucía Ángel

Se dice que fue la primera mujer en cruzar las Ramblas de Barcelona, a principio de los años 70, vestida de jeans, con lo que se ganó una rechifla monumental. Verdadero o falso, Alba Lucía Ángel viajó por España, Roma y Londres, donde estudió cine, crítica de arte y empezó a escribir. Muy amiga de García Márquez, a los 31 años publicó Estaba la pájara pinta sentada en su verde limón, considerada por muchos la mejor novela de la violencia en Colombia.

Amélie Nothomb

Escribe más de tres historias al año, aunque sólo publica una. Y aunque nació en Japón, es una de figuras más excéntricas de la movida literaria actual francesa. Se le ve con frecuencia paseando por Trocadero con sus dos perros, vestida completamente de negro y un sombrero. Un estilo que hace que se la asocie con la bruja de un cuento de hadas. Sus novelas son irónicas y nihilistas, con un gusto especial por la maldad.

Anaïs Nin

Tuvo una relación incestuosa con su padre –una obsesión que la atormentó toda su vida y que sólo pudo catalizar con la escritura (o, bueno, eso decía Otto Rank, su sicoanalista)– y otra con Henry Miller y su esposa June, además de cientos de escritores que fueron borrados de la versión original de sus famosos Diarios. Es la escritora erótica por excelencia. Además de eso, sus novelas (La casa de los incestos y Pájaros de fuego) son retrato de la vida cultural de los años 20 y 30.

Las hermanas Brönte

El primer libro que publicaron las talentosas hermanas Charlotte, Emily y Anne (con seudónimo, por supuesto) era de poesía y no vendió más de dos copias en Inglaterra en 1846. Al año siguiente, cada una sacó una novela, todas firmaron y a todas las aplaudió la crítica. Con o sin aplausos, para ellas la creación siempre estuvo relacionada con la tragedia: Emily y Anne murieron un año después de la publicación, y Charlotte, a los 38 años, por una enfermedad relacionada con su embarazo.

Carson McCullers

El corazón es un cazador solitario es, además del título de su novela más famosa, una frase que se convirtió en una cita literaria obligatoria. Carson McCullers fue la niña precoz de la literatura norteamericana cuando brillaban en el mundo autores como William Faulkner y Ernest Hemingway. Sus cuentos, y novelas como La balada del café triste y Reflejos en un ojo dorado, son una muestra del talento inigualable de una mujer que vivió cruzada por la enfermedad –sufrió una fiebre reumática– y señalada por su bisexualismo en una sociedad que la condenó.

Edith Wharton

La elegantísima Edith Wharton no sólo fue la primera mujer en ganar el Pulitzer en 1921 con La edad de la inocencia. Además, aró el camino para las escritoras estadounidenses que le seguirían. La ironía de sus novelas y cuentos –en los que describe las clases altas neoyorquinas a principios del siglo XX y cómo sus ideales se desbaratan en la Primera Guerra Mundial– la han hecho una de las críticas culturales más astutas de su época.

Edwidge Danticat

Siempre se sintió como una extranjera: en su natal Haití, donde vivía con sus abuelos y, después en Brooklyn, donde vivía con sus padres. Por eso, desde cuando era muy joven, la literatura se convirtió en su refugio para Edwidge Danticat. El resultado: Palabras, ojos, memoria, la novela que publicó a los 25 años, sobre la autodestrucción, el sufrimiento y la libertad en la mujeres de la familia de Sophie Caco.

Flannery O’Connor

Se ha dicho que es la William Faulkner de la literatura norteamericana. Pero, más allá de sus descripciones del Sur de los Estados Unidos, su obra se caracteriza por un uso de lo grotesco, de imágenes góticas y por la miseria espiritual de sus personajes. Como muchas otras escritoras la atacó la enfermedad –en su caso, el lupus–; y, al igual que para muchas, el humor fue su mejor arma.

George Eliot

En realidad se llamaba Mary Anne Evans y se dice que nunca quiso publicar con su propio nombre, para que “tomaran en serio lo que ella escribía”. Una precaución innecesaria –se sabe, varias de sus contemporáneas se hicieron famosas con sus verdaderos nombres, pero coherente con su pensamiento. En sus novelas describió con pesimismo la vida provinciana británica.

Irene Némirovsky

Podría ser el símbolo de la Europa del siglo XX. Autora de la preciosa novela El baile, publicada en Francia en 1929, esta ucraniana pidió asilo en Francia pero le fue negado por el gobierno de Vichy. A pesar de haber sido amiga de Jean Cocteau y de Joseph Kessel, de nada le sirvieron sus amistades para no ser internada en el campo de concentración de Pithiers, y luego deportada a Auschwitz, en donde murió en 1942. Dejó una deslumbrante obra redescubierta en los años setenta.

Jane Austen

No es una exageración decir que es la más actual de las escritoras de finales del siglo XIX. Orgullo y perjuicio, considerada por muchos “la novela de moda” de su tiempo, todavía lo es hoy. Austen es conocida por su sentido del humor, su mordaz crítica social y sus novelas que parodian la literatura de la sensibilidad.

Joyce Carol Oates

Los libros y las historias de la escritora estadounidense, candidata al premio Nobel de literatura, son una muestra de crudeza y dureza sin igual. Violaciones, incestos, relaciones tormentosas, entre otros temas, cruzan su prolífica carrera en la cual ha publicado más de setenta libros. Oates es quizá la autora norteamericana contemporánea más respetada en el mundo entero, admirada por los popes de la literatura de ese país como el fallecido Norman Mailer y Philip Roth.

Mary Shelley

Fue la hija de Mary Wolstonecraft –la primera feminista activista conocida de la historia– y la autora de Frankenstein, la primera historia moderna de ciencia ficción, una excelente novela de terror gótico y una reflexión sobre la humanidad. Hasta los años 70 el resto de su obra literaria era prácticamente desconocida. Lo cierto es que escribió tres novelas históricas, libros de viajes y artículos biográficos para la Cabinet Cyclopedia.

Soledad Acosta de Samper

A pesar de su impresionante producción literaria (se conocen 190 textos suyos entre novelas, cuentos, ensayos, artículos periodísticos, traducciones y obras de teatro), es relativamente desconocida, incluso en su natal Colombia. Si alguien acaso la superó a finales del siglo XIX, fue su esposo, José María Samper. Y eso: se sabe que Soledad publicó buena parte de sus primeros textos bajo seudónimo o con la firma de José María, pues no era bien visto que una mujer de su categoría escribiera tanto.

Sor Juana Inés de la Cruz

Esta mexicana tiene más bien poco de vocación religiosa, aunque de intelectual mucho. Aprendió a leer a los tres años, escribió su primera obra a los ocho e ingresó al convento a los catorce, para, en sus propias palabras: “Vivir sola... no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros”.

Sylvia Plath

Sus compañeros y profesores de Smith College no podían creer que una niña tan dulce, tan bonita y tan equilibrada como Sylvia Plath pudiera escribir como lo hacía. La publicación de La campana de cristal, la única novela que escribió, generó polémica como pocas en el calmo ambiente universitario. En ella, Plath muestra cómo la sociedad de finales de los sesenta restringía las ambiciones literarias de su protagonista hasta la locura.

Virginia Woolf

Experimentó, como pocos con la escritura. En La Señora Dalloway empieza a desarrollar lo que hoy se conoce como “fluir de conciencia”, una de las innovaciones de la prosa del siglo XX, y a jugar con los tiempos de la narración. Sus ensayos, ignorados hasta bien entrados los 70, se convirtieron en bastión del movimiento feminista.

Wislawa Szymborska

Dicen que en Polonia sus libros de poesía venden más que los de muchos prosistas. Y no sería raro. El lenguaje coloquial de sus poemas, su aparente sencillez, los juegos de palabras, sus imágenes contundentes, hacen que su obra sea bastante accesible. La variedad de temas que trata, sin embargo, hace que la obra de Szymborska sea una de las más complejas. No por nada recibió el Premio Nobel de Literatura en 1996.

Zadie Smith

Esta joven escritora británica nació en 1975 y pronto deslumbró con su primera novela, Dientes blancos. Hija de una modelo jaimaiquina y un fotógrafo inglés, pronto se convirtió en una celebrada autora internacional al publicar su segunda novela, Sobre la belleza. En esta, la historia de dos familias de académicos es dibujada con tales sutileza y humor, que hacen que cualquier lector se rinda ante su prosa refinada y muy inteligente.

 

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