RevistaArcadia.com

Los amores ridículos

Argentino. 55 años. Psicoanalista y escritor. Ese es el ganador del premio de novela de editorial Norma con El amante imperfecto, un relato en clave de humor sobre el amor.

2010/06/30

Por Nicolás Cuéllar Ramírez

El diván lo aburre. Se le nota el malestar tan pronto le propongo que se acomode en él. “Hace unos siete años que no me acostaba en uno”, confiesa. Acostumbrado a escuchar a sus pacientes y a hacer las preguntas, ahora él es quien habla. El paciente es el psicoanalista y escritor argentino Carlos Chernov. Lo escucho y cambiamos papeles.

Acaba de ganar el Premio La otra orilla, de Editorial Norma, por su novela El amante imperfecto, en la que cuenta la historia de un amor apasionado, loco y desaforado. “Como debería ser el amor romántico, aunque eso solo se vea en las novelas rosa —dice—. Pero esto no es una novela rosa”, se apresura a corregir. Se trata más bien de una novela que muestra el lado ridículo de todo amor.

No es la primera vez que escribe sobre este tema ni la primera vez que gana un premio. Estudió Medicina, Psiquiatría y Psicoanálisis, y aún los ejerce. A partir de los 35 años comenzó a escribir en sus temporadas de vacaciones. “De repente me di cuenta de que tenía material suficiente para una novela”. Se llamó Anatomía humana, y con ella ganó en 1993 el Premio de Novela Planeta, Argentina.

La blancura de la escalera que lleva hacia su oficina, ubicada en el barrio de Palermo, en la capital Argentina, contrasta con la oscuridad del lugar en el que atiende a sus pacientes.

La necesidad de escribir nació de leer mucho desde niño, comenta. De su época de estudiante, conserva un libro de poemas inédito, Movimientos en el agua, que escribió entre los 18 y los 24 años. “No creo que los publique. Los leeré cuando cumpla 80 años para recordar cómo era yo a los 20”, dice. Se pregunta constantemente sobre el amor, ese sentimiento sobre el cual escribe tanto. Es que el amor duele, revela, mientras recuerda un poema del argentino Macedonio Fernández: “El amor se fue/ mientras duró, de todo hizo placer/ cuando se fue, nada dejó que no doliera”.

“Me interesa pensar en el amor. Y más que en el amor, en todo tipo de unión entre las personas, como el odio. El odio también une. Me interesan los modos de unión no pensados como sentimientos, sino como modos de atracción involuntarias, así como la ley de gravedad o el magnetismo. El odio y el amor se presentan mezclados, y muchas veces el amor encubre al odio o funciona como su coartada. Bajo el manto del amor, encontramos las relaciones posesivas, los celos, el sadismo o la justificación del asesinato del ser querido”, comenta.

No oculta que el tema a veces le parece redundante. “Más de una vez me pregunté mientras escribía El amante imperfecto: ¿otra historia de amor?”. Sin embargo, es un convencido de que siempre habrá historias de amor por contar. “Romper las reglas en el amor siempre genera relatos, por los recursos de la imaginación, por la astucia que deben emplear los amantes para violar las reglas. Creo que siempre habrá nuevas historias de amor”.

Y de guerra. Fue su excusa para contar su versión del fin del mundo en Anatomía humana, novela en la que se inventa un panorama mundial en el que mueren todos los hombres. Las mujeres encuentran al único varón sobreviviente en Argentina y lo secuestran para poder preservar la especie. “Más allá del amor, me interesa el tema de la reproducción. Preguntarme por qué se reproducen los humanos”.

Sabe que los premios ganados fueron los que le abrieron la puerta de las editoriales. A sus 55 años, es un escritor bastante prolífico: además de las cinco novelas que tiene ya escritas (dos de ellas sin publicar), prepara otras tres, en las que se encuentra trabajando.

“Antes escribía todos los días después de trabajar, desde las 10 de la noche hasta las 2 de la mañana. Hoy, cada vez escribo menos. Lo hago solo los viernes o durante los fines de semana. Combino el psicoanálisis y el oficio de escritor con dificultad y cansancio”, se queja.

Chernov es paciente, escucha, piensa, analiza. Tiene un gran sentido del humor. Juan Gabriel Vásquez compara lo encontrado en su prosa con los filmes de Woody Allen. Sin embargo, él lo desmiente. Dice que su humor no es voluntario. “Toda pasión llevada hasta sus últimas consecuencias tiene algo de cómico. Si bien el humor lubrica y permite atravesar con menos angustia ciertas escenas, tampoco ha sido mi intención consciente la de ser amable. En El amante imperfecto el humor no es deliberado; los libros tienen sus propias reglas internas y uno no puede forzarlas sin exponerse a arruinarlos. Inquietar al lector no me parece tan malo. En general, en mis libros el humor está presente porque estas pasiones tan extremas, se ven cómicas desde afuera. El amor es ciego. El enamorado no puede criticar a su amor, está hechizado. Al lector, en cambio, eso le causa gracia”.

Afirma que hoy, el amor está más liberado de trabas, y que más allá del amor libre que se promulgaba en los años 60, el de hoy es un amor sincero. “Antes estaba más determinado por cuestiones religiosas o culturales. Recuerdo que mis abuelos se peleaban muchísimo, y aun así, seguían casados”, dice mientras cierra los ojos.

Habla entonces también de la belleza, del poder, del dinero, de la sangre. Todos ellos, elementos del amor. Trae un diccionario de su biblioteca. Lee en voz alta: “Belleza: esa propiedad de las cosas que nos hace amarlas”, y me señala la página en la que se encuentra. “Aunque siempre fue así, hoy los medios promueven mucho el concepto de imagen y como todo entra por los ojos, como por hipnosis, de lo bello es de lo que nos enamoramos”.

Desde el diván habla sobre los personajes de su último libro. Cada uno más diferente que el otro, hasta el punto de alcanzar a ser complementarios, ni siquiera antagónicos. Chernov detesta los personajes planos, maniqueos, idealizados. “Todas las personas tienen múltiples facetas desde las cuales abordarlas. Es por eso que siempre prefiero mostrar la complejidad de cada personaje”.

El psicoanálisis le ha dado, sin duda, elementos útiles a la hora de escribir. “Sé cómo funciona la psiquis humana. Con 30 años de trabajo, uno sabe cómo piensan una gran cantidad de personas, y eso lo uso en mis relatos”, dice.

Le pregunto entonces si algún caso de sus pacientes lo ha utilizado para alguno de sus personajes. “No, lo que escribo no pasa en la gente normal. Los pacientes que trata un psicoanalista por lo general no sirven para una novela. Los personajes se construyen solos. Supongo que será mi inconsciente”, responde, mientras afirma que tiene mucho de Guillermo, Helenita y Rodrigo, los protagonistas de su última novela.

Se pone de pie, cansado de estar en el diván y recuerda que en pocos días iniciará una gira que lo llevará a Ecuador, Colombia y Venezuela. Callado, medita y de repente me confiesa: “En realidad, yo no se cómo funciona el amor; por eso escribo sobre él”. Termina la sesión. 

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.