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Los misteriosos escribas de Amazon.com

El portal de venta de libros más grande de la red es protagonista de un bochornoso fraude literario. Uno de sus reseñistas Top 10 renunció tras admitir que sus supuestos textos eran producto de 27 escritores. Otros dos están bajo la lupa.

2010/03/15

Por Rodrigo Restrepo

Harriet Klausner es, de lejos, la reseñista número uno de Amazon.com. Según el pequeño perfil que de ella aparece en la página web, se trata de una ex librera que un buen día se dio cuenta de que le gustaba reseñar y se lanzó al oficio como free-lance. “Tengo dos perros y cuatro gatos”, comenta, y añade: “Soy una lectora rápida (un don con el que nací) y leo dos libros al día”.

Su aparente don le ha valido generosos perfiles en medios como The New York Times, Time y The Wall Street Journal. Para el día en que se redactó este artículo, Klausner había escrito 15.588 reseñas en Amazon, una cifra fuera de lo común y –hay que decirlo– que limita con lo inverosímil. El reseñista número dos de la página, Lawrence M. Bernabo, había escrito 6.666 reseñas, bastante menos de la mitad de las de Klausner. Del resto del Top 10 de reseñadores de Amazon, apenas dos superaban las 4.000 reseñas.

Este Top 10 se ha convertido en un pequeño Panteón dentro del sistema de ranking que desde hace poco más de siete años implementó el portal de venta de libros, CD y DVD más grande de la red. El sistema, en apariencia, es simple y transparente: califica a sus reseñadores según el número de reseñas publicadas y el número de votos favorables que otros usuarios les conceden por su trabajo. Estos reseñadores, en teoría, son usuarios comunes y corrientes, “críticos de mente clara que proveen a sus amigos compradores de información útil, honesta y sincera”, según los describe el site.

Sobre el papel, el sistema de ranking es la manera en que Amazon ha incorporado la filosofía de la Web 2.0, una forma más “democrática” de entender y navegar la internet. En ella, los usuarios ya no son simples receptores pasivos de información, sino que toman un papel activo en la producción y distribución de los contenidos de la red. Entre los frutos más preciados de esta nueva filosofía está la oleada de blogs que inundó la red hace un par de años, y, desde luego, portales como Wikipedia, MySpace y Facebook.

Desde los inicios de la Web 2.0, una legión de entusiastas, escritores free-lance, doctores, abogados o simplemente lectores desempleados, se han tomado de facto el oficio de producir el infinito contenido editorial de sitios como BarnesandNoble.com, Allreaders.com o Amazon.com. ¿Por qué lo hacen? Las páginas de internet pagan poco, si es que pagan algo, por este servicio. ¿Por prestigio? ¿O hay algo más detrás de un aparente servicio altruista al ciudadano americano consumidor de entretenimiento?

Las huellas del fraude

No pasó mucho tiempo antes de que el fenómeno de Harriet Klausner atrajera un grupo de escépticos. El columnista literario Vick Mackunas, del Dayton Daily News, escribió en marzo del año pasado un artículo titulado The Misterious Harriet Klausner. Del primero de enero al 29 de marzo de 2007, Mackunas contó 567 reseñas escritas por Klausner. Sí: 567 reseñas en 90 días. Eso da un promedio de 6 libros al día, y no dos, como decía la propia Klausner. Si un libro promedio tiene 300 páginas, Mackunas calculó que Klausner debía leer 1.800 páginas por día, además de reseñar todos los libros.

Un lector rápido, consumado y compulsivo puede llegar a leer un libro al día, con un promedio de lectura de una página por minuto. Podemos asumir que Harriet Klausner en efecto tiene un don, y que puede leer tres páginas por minuto. Según Mackunas, le tomaría diez horas al día leer esos seis libros. ¿Y las reseñas? Sin duda, le quedaría muy poco tiempo para dormir, comer y cuidar a sus dos perros y cuatro gatos.

Ahora bien: si Klausner pudiera leer todos esos libros, sería una lectora, por lo menos, inconforme. Klausner, además, ha decidido especializarse en ficción y nuevos autores. Lee todo tipo de óperas primas que van de la novela contemporánea de extraterrestres a jóvenes aspirantes a best-sellers. No lee –hay que decirlo- lo más granado de la literatura actual. Lo increíble, resalta Mackunas, es que a Klausner le gustan prácticamente todos los libros que lee, pues a todos los califica con 4 ó 5 estrellas.

Todo lo cual lleva a las preguntas: ¿está Klausner leyendo todos los libros que dice leer? ¿Está reseñándolos? ¿Quién es Harriet Klausner y para quién trabaja? Para colmo, el 30 de marzo Mackunas descubrió que Klausner había publicado 23 reseñas antes de que fueran las diez de la mañana. Unos días después publicaba 63 reseñas en menos de medio día.

Y Klausner no es la única. John ‘Gunny’ Matlock fue durante mucho tiempo el número seis de la enorme lista de reseñadores aficionados de Amazon. Según su propio perfil, publicado en la página web, se trata de un “tipo viejo y semirretirado que recientemente se mudó a un pequeño pueblo en Nevada”: un individuo con mucho tiempo y poca necesidad de dinero. La especialidad de Matlock eran los libros altamente técnicos: química, medicina, odontología y algunos volúmenes de historia de los Estados Unidos. En otras palabras, libros gordos de tapa dura, de esos que solo algunos individuos compran, casi nunca por placer, y por los que pagan altas sumas de dólares.

Las sospechas sobre Matlock comenzaron cuando sus lectores notaron que sus reseñas estaban plagadas de errores de ortografía. Según sus detractores, Matlock escribía los deficientes resúmenes apenas leyendo la contratapa y la introducción de los libros. Algunos, además, denunciaron que el individuo no solo era reseñista, sino que también tenía presencia en la sección de ventas de libros usados. Matlock describía los volúmenes que vendía como “No leídos”, con el fin de cobrar un poco más por ellos. El negocio era redondo: Matlock recibía los libros gratis, realizaba una reseña mediocre de los mismos y luego los vendía como nuevos. En lo único que Matlock parecía honesto era en admitir que no había leído los libros.

Ante la presión de sus críticos, que duró varios meses, Matlock finalmente confesó: “Según nuestra última cuenta tenemos cerca de 27 reseñadores... La mayoría no quiere que su nombre sea usado en público, y sus reseñas aparecen bajo mi nombre. Solo ponemos las reseñas en Amazon como un servicio público. Las reseñas son escritas para nuestro boletín electrónico y nuestros sitios web. Ya que parecen ser tan ofensivas para ustedes, hemos decidido dejar de enviar las reseñas a Amazon. Ha sido divertido. Adiós”. Luego de admitir públicamente que sus reseñas eran el producto de un consorcio, el supuesto Matlock desapareció de la página web sin dejar huellas.

Abstente de comer granos

Y el asunto no para ahí. Grady Harp es un representante artístico, galerista, ensayista, poeta y, por supuesto, reseñista de Amazon.com. Su misión es la de permanecer “siempre a la búsqueda de nuevos y prometedores genios del mañana”. Desde la salida repentina de John Matlock, Grady Harp ascendió rápidamente del lugar número nueve al número siete en el Top 10. Hace apenas dos semanas, un novel escritor y periodista, Garth Risk Hallberg, se sorprendió al encontrar en Amazon una generosa reseña de su ópera prima. Hallberg se dio a la investigación del sujeto que había calificado su novela como “Soberbia... Fascinante...Adictiva” y se encontró con que en menos de una semana, más de cien lectores votaron a favor de la reseña de Harp. Hallberg encontró que no era un caso aislado. Apenas publica una reseña, generalmente de un escritor joven y desconocido, Harp empieza a acumular votos favorables en cuestión de minutos. En menos de una hora, según calcula Mackunas, obtiene un promedio de 40 votos, un patrón que lo mantiene con el número más elevado de votos favorables en el Top 10: 102.457, cifra que ni la misma Klausner soñaría. ¿Quién vota por Grady Harp? ¿Serán siempre los mismos 40 amigos que leen sus reseñas todos los días?

Amazon.com parece ejemplificar una triste opacidad de la Web 2.0. La filosofía de la transparencia, la democracia y la comunicación horizontal, en teoría resguardada de las maquinaciones de la industria mediática y publicitaria, se desmorona, en este caso, ante el jugoso mercado del entretenimiento. ¿Y no es acaso Amazon la principal beneficiaria del fraude de los reseñistas?

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