Maija Rhee Devine nació en 1943. Foto cortesía de la autora.

“A veces mi madre me tapaba los ojos y yo caminaba agarrada de su falda”

La coreana Maija Rhee Devine narró el imbatible amor de sus padres, quienes sobrevivieron a la infertilidad, la poligamia y la guerra de su país, en su novela ‘Las voces del cielo’. La autora pasó unos días en Bogotá, del 6 al 9 de julio. Hablamos con ella.

2016/07/12

Por Ana Gutiérrez

Maija Rhee Devine, una diminuta mujer coreana, sonríe ampliamente. Tiene una voz dulce y entusiasta. A primera vista, no parece haber sobrevivido una guerra, emigrado a Estados Unidos, un país del otro lado del océano Pacífico, y haber usado sus experiencias para crear un libro honesto y premiado sobre un amor "perfecto": el de sus padres. Aunque su matrimonio fue arreglado por medio de una casamentera, ambos crearon un lazo inquebrantable. Pero cuando la pareja no pudo producir un varón, la sociedad en la que vivían los obligó a que él tomara una segunda esposa, una “pequeña mamá” para su hija, para darles el hijo necesario. Las voces del cielo, el primer libro de Rhee, es "95% autobiográfico. Solo cambié algunos detalles. Cuando hablé con la mujer que vino a vivir con nosotros, con la segunda esposa de mi padre, para saber por qué llegó a nosotros, ella no quería discutirlo. Su historia en el libro la tomé prestada de otra persona".   

Maija Rhee Devine con su madre, Eum-chun Park (35), antes de que llegara la segunda mujer, circa 1949. Foto archivo particular.

La familia sobrellevó la situación, y Rhee hábilmente narra en su libro los sentimientos de todos los miembros de la familia: Eum-Chun, la madre humillada por las circunstancias, asustada de perder el afecto de su marido mientras se desborda de amor por él y su hija; Gui-Yong, el padre enamorado de su esposa pero obligado a crear una relación con Soo-Yang, una mujer que lucha por un puesto en una familia que no la desea; y Mi-Na, la versión ficticia de Rhee, una niña confundida pero valiente que lentamente se convierte en una mujer que entiende las complejas realidades de la vida y de las relaciones. En la contracarátula, se describe a Las voces del cielo como un registro de todas las manifestaciones imperfectas del amor. Rhee, sin embargo, explica que "eso fue idea del publicista. Yo estaba describiendo el amor perfecto que tuvieron mi madre y mi padre el uno por el otro. Pero se encontraron con un gran desafío: vivían en una sociedad dominada por el confucianismo y sus enseñanzas, las cuales expresan valores dominados por lo masculino. En esa sociedad todas las familias necesitaban un hijo varón. Esa regla se respetaba como si fuera un mandamiento venido del cielo. Cuando mi madre no pudo darle un hijo a mi padre, la segunda mujer tuvo que venir. Sus corazones se rompieron, pero sobrellevaron esa prueba. Y creo que el amor que se tenían perduró y triunfó por encima del reto, se volvió eterno. Yo no hubiera dicho ‘amor imperfecto‘ sino ‘circunstancias imperfectas‘".

Ese triunfo es importante, porque Rhee quería demostrar que esa supremacía de lo masculino debido al confucianismo "victimizó, no solo a las mujeres, sino a los hombres también, como a mi padre. Él no quería otra mujer, pero tuvo que hacerlo, y su corazón también se partió. Fue una injusticia, una de muchas, y esos valores siguen siendo injustos, en especial contra las mujeres. En Corea ha mejorado pero todavía falta mucho".

Otra dura crítica a las opresivas normas sociales que enfrentaron sale a relucir en el contexto de la la brutalidad de la guerra de Corea. "Cuando huimos de Seúl era invierno, había nieve en el piso. La gente llevaba colchones en su cabeza para protegerse de las balas y las bombas. A veces mi madre me tapaba los ojos, yo me quejaba pero me decía "no tienes por qué ver esto", y yo caminaba agarrada de su falda. Siempre supe que la guerra iba a sobresalir en el libro, no solo porque ocurrió como hecho histórico. También quería que fuera una metáfora para la batalla interna que tenían que hacer todos los coreanos y coreanas en su vida diaria tratando de cumplir los ideales confucianos y lo difícil que es, porque es una moralidad colectiva, de grupo. Casi no hay espacio para el individuo, entonces sus deseos se ponen a un lado o se abandonan por el bien del grupo. Entonces puede ser una vida muy miserable. Es decir, hay quienes logran adaptarse por completo al sistema y vivir con los valores colectivos. Pero siempre habrá una lucha interna entre las necesidades individuales y las de la comunidad. Entonces quería que la guerra, y la miseria que la acompañó, los millones de soldados y civiles muertos, pudieran hacer un paralelo a las luchas personales que vivimos”.

Maija Rhee y su prima, circa 1951, durante la guerra de Corea. Foto archivo particular. 

El libro está en inglés, el idioma del país que Rhee ha adoptado. Cursó su posgrado en Estados Unidos y está casada con Michael Devine, el ex director de la Biblioteca Presidencial de Harry S. Truman, quien era el mandatorio durante la Guerra de Corea. Devine ahora está escribiendo un libro de no ficción sobre el tema. Vino a Bogotá a acompañarlo a la Tercera Conferencia Internacional de Historia Pública.  Ella explica que fue “duro, muy duro” traducir una cultura entera para volverla accesible a sus lectores. "Lo que quería era darles a mis lectores el ‘sabor‘ de la cultura coreana. Para eso usé expresiones, en la versión final quedaron como la mitad de la que había planeado. Algunos lectores me contaron que lo leyeron dos veces, la primera para conocer la historia, la segunda para disfrutar de los detalles".

Entre ellos, está la gastronomía típica del país y las lentas revelaciones de los significados de sus nombres que van enriqueciendo el texto. "En el libro también me preocupé por mostrar que aún bajo normas confucianas, en Corea abundan y coexisten las religiones. Está el taoísmo, budismo, cristianismo y el chamanismo, que sigue siendo muy importante hoy, en una Corea tecnológica y avanzada. La gente consulta chamanes para conocer su futuro, conseguir un mejor puesto de trabajo o una pareja. Las familias que sufren tragedias acuden a ellos para apaciguar a sus ancestros, porque si están molestos pueden causar esa infelicidad. Hay por lo menos 40.000 chamanes profesionales. Y viven bien. Comparado a otros países de la región, Corea el que más acepó al cristianismo. Es el segundo país del mundo que más manda misioneros cristianos al mundo. El primero es Estados Unidos. Mi esposo siempre me dice que es porque los coreanos creemos que lo que vale la pena hacer, vale la pena excederse haciéndolo. ¡Es verdad! Ahora estoy escribiendo tres libros, sobre el tema de mujeres de consuelo (un poemario, una serie de ensayos y una novela)". 

Muchas de esas mujeres, obligadas a ser prostitutas para el ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial, eran coreanas. “Es chistoso, no tenía la intención de ser escritora, pero después de que me casé y le conté a mi esposo todas estas historias de mi familia, me dijo que debería escribir un libro. Le dije que no por 20 años y solo después de que crecieron nuestros hijos, me puse a hacerlo. Y ahora ya publiqué esta primera novela y un libro de poesía, y sigo con los tres que tengo planeados: ahora me dice "....y si solo escribes uno y pasamos más tiempo juntos". Él tiene razón, a los coreanos nos gusta excedernos”.

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