Cortesía de Pablo Simonetti

“La escritura es un acto de verdad”

El escritor chileno Pablo Simonetti tomó elementos de su vida para narrar un drama íntimo en su más reciente novela “jardín”, publicada por Alfaguara el año pasado. Entrevista.

2015/05/02

Por María Camila Pérez B.

¿Por qué utilizar la “j” minúscula en el título?
Me pasó que cuando se me ocurrió el título jardín lo imaginé en mayúscula y me produjo una sensación de distancia, como si fuera algo institucional. Nunca he imaginado mi jardín de niño con una “j” mayúscula. Entonces después cuando lo imaginé con minúscula me enamoré de la tipografía: la “j” baja, la “d” sube y además tiene el punto y la tilde que lo adornan. En cambio si tuviera la “j” mayúscula no llevaría el punto y todo sube, entonces cambia la tipografía. Y después uno se pone a pensar más profundamente sobre de dónde vienen estos estímulos, porque son intuiciones que uno tiene, y la sensación que me dio es que uno piensa en sus lugares en minúscula. Eso en vez de restarle fuerza creo que le entrega mucha más fuerza. La novela se trata de las relaciones de poder al interior de una familia…como una microfísica del poder al interior de una familia. Entonces hay algo ahí que son fuerzas sutiles pero que pueden llegar a ser trascendentales. Me parece que eso, sutil y trascendental a la vez queda mejor reflejado con una “j” minúscula.

Ha dicho que esta es una obra de autoficción. ¿De dónde viene esta historia?
Primero que nada viene de que mi madre era una mujer que se enamoró del jardín, sobretodo en la etapa en la que yo era un niño. Y ese amor por su jardín no solo se reflejó en cuidarlo, sino también en escribir libros de jardinería. Ella escribió tres libros de “jardinería básica”, pues en ese entonces todos los libros sobre jardinería eran sofisticados de más para las necesidades de una persona que tiene un pequeño jardín. Entonces mi madre pensó en esa gente, en darles las herramientas básicas para llevar un jardín y que no se convirtiera en un tema botánico ni de mucha dificultad. Y además empezó a hacer jardines como paisajista, entonces yo a los seis o siete años la acompañaba a estos lugares donde ella iba e incluso opinaba de las plantas. Yo la vi enamorarse de su jardín y de la idea de las plantas y la vi escribir. Creo que ella me regaló en ese periodo dos cosas: un amor que surgió muy de grande por las plantas, pero también el gusto por escribir. Y en un pasado mas cercano ocurrió que una empresa inmobiliaria apareció y llegó a comprar el barrio completo a un precio muy alto. Esa fue una situación que vivimos nosotros como familia y que fue muy dolorosa porque mi madre prácticamente se vio obligada a vender la casa. De ahí arranca la historia y comienza la ficción. Nosotros por ejemplo somos cinco hermanos, no tres, y las disposiciones respecto al problema de vender o no vender no estaban tan perfiladas en el carácter de cada uno como en la novela.

¿Cómo es el proceso de buscar dentro de sí mismo para después escribir sobre ello? ¿Le parece más fácil que escribir ficción?
No es que me parezca más fácil, es lo que me inspira. En el fondo es un mundo y una estructura que me inspira, que me moviliza emocionalmente, sobretodo eso para mi es muy importante. La capacidad de entrar a la novela con una fuerza emocional que no me vaya a abandonar en el camino. Entonces mientras el problema sea más cercano esa convicción emocional es mayor. Es como un lugar de donde partir y de ahí surge la ficción con mucha mas fuerza. En todas mis novelas he partido de lugares así y he terminado en lugares y situaciones a las que nunca he estado expuesto. Es un lugar que conozco de muchas maneras y por lo tanto sé de la riqueza narrativa con el que  lo haré crecer. Además son situaciones que muchas veces tienen un trato con tu inconsciente que es muy intensivo, entonces también se que voy a poder sacar más material que aportará a la complejidad. Es, en todo caso, un acto de verdad. Aunque para describir esa verdad después recurro a la ficción.

Las ilustraciones entre los capítulos hacen pensar al lector en los libros de colección donde se guardaban flores entre las páginas. ¿Por qué añadirlas?

Mi madre era de guardar flores y hojas entre las paginas de sus libros, y yo tengo esos libros de cuando heredé toda su biblioteca de jardinería. Eso también salió a propósito de que yo tengo algunas flores heredadas, como se cuenta en el libro, en mi jardín. Mi novio es pintor, el hizo también la portada del libro, y se me ocurrió decirle que por qué no pintaba él estas ilustraciones con plantas que yo hubiera heredado de mi madre. Y ahora me doy cuenta que hay toda una continuidad artística entre la portada y las flores porque en todas se asoma el luto. Son bellas, por supuesto, pero tienen una carga de tristeza que creo que es un gran logro de él como artista. Yo no le pedí eso, le pedí unas ilustraciones de las flores de mi madre, y él las cargó de ese tono más triste.



Los recuerdos y la memoria son dos elementos importantes en la novela. ¿Cómo funcionan estos con relación a la figura del jardín?

Un jardín se cría a lo largo del tiempo y uno asiste al proceso de crecimiento de las plantas. Cuando uno ve un jardín crecido la persona que lo ha cuidado a lo largo de la vida yo creo que ve el presente, pero también ve una proyección hacia el pasado. Es como el lugar de memoria, quizás incluso más que la casa. Las casas se transforman, se remodelan, pero en el jardín son las mismas plantas las que van convirtiendo el lugar. En ese sentido es mucho más cercano a la experiencia humana del crecimiento de la vida: tú sigues siendo tú, pero cincuenta años más tarde. Por otra parte, también en esas plantas el recuerdo se fija de cierta manera a través de procesos simbólicos que uno va haciendo. La camelia de la novela, por ejemplo, no es solo una camelia roja muy floribunda sino que es, además, la camelia del padre y tiene toda una representación dentro del orden familiar. En la novela se muestran muchos de estos símbolos y creo que nosotros los seres humanos buscamos símbolos para recordar, todo el proceso monumental que existe siempre en las ciudades son formas de recuerdo y aquí están representados en plantas que se han vuelto monumentos con el tiempo.

En su novela anterior La soberbia juventud también se toca el tema de la homosexualidad y la identidad, ¿cree que la literatura es un buen medio para hablar de estos temas?

Yo diría que mi tema principal, en todas mis novelas, es la identidad. En mis otras novelas y cuentos aparecen personajes que están en conflicto con su propia identidad y que están en busca de su identidad. En cambio en jardín hay un problema dual. Aquí hay una persona que encontró su identidad, que es Luisa, la madre, pero alguien se la arrebata. Entonces es el proceso inverso. Y junto con la identidad aparecen temas muy importantes como la herencia en su sentido más amplio. Yo creo que esos son mis temas. Ahora, el hecho de que tengo personajes homosexuales en muchas de mis novelas y tengo muchos personajes femeninos en muchas de mis novelas  responde más a la identidad mía como escritor. Yo soy chileno, de una familia italiana, soy alto, que no creas que no hace una diferencia, y soy un gay que ha estado involucrado en las instituciones de activismo respecto al tema. Pero si hiciera una unión entre estos temas principales como la identidad, la herencia y el ser gay yo creo que son temas afines. Por supuesto que las personas gais siempre enfrentan un conflicto de identidad porque hasta ahora no son aceptados y casi siempre el mayor conflicto se da al interior de la familia en el espacio más intimo y de mayor importancia. Pero, como te digo, yo creo que los escritores que escriben autoficción siempre están tomando de su biografía y de su identidad. No diría que mis novelas son panfletarias aunque sí muestran los conflictos que se producen en la familia por este tipo de eventos. En mis novelas lo que hay es una rebeldía contra el poder tradicional. Identidad, herencia y microfísica del poder son tres puntas del mismo tridente.

En una frase, ¿cómo describiría la novela?

jardín
es un lamento que celebra la vida.  

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