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Pamuk: “Se me soltó un tornillo y comencé a escribir”

En su última edición, Arcadia le apostó al escritor turco Orhan Pamuk para el premio Nobel de Literatura. Pamuk nos concedió una larga entrevista desde Estambul.

2010/03/15

Por Redacción Arcadia

Europa lleva años discutiendo si Turquía debe o no entrar a la Unión Europea. Occidente está lleno de miedo ante el extremismo islámico y los islamistas se crispan con la más mínima alusión no ortodoxa a su religión.

Recientemente, las referencias al Islam en el discurso del papa Benedicto XVI en la universidad de Ratisbona causaron estupor. La ópera Idomeneo de Mozart fue suspendida en Alemania (el montaje mostraba la cabeza cortada de Mahoma) por temor a la reacción del mundo islámico. El mundo está dividido entre Oriente y Occidente, y el jueves 12 de octubre la Academia Sueca decidió entregarle el Premio Nobel de Literatura al turco Orhan Pamuk, un hombre que, precisamente, vive entre dos mundos. Pamuk nació en Estambul en 1952. Como el poeta de su última novela, Nieve, Pamuk vuelve sus ojos sobre una Turquía fragmentada. Nacido en una familia de clase alta, secular y occidentalizada, las tensiones entre el Islam y el mundo laico aparecen en sus novelas, como Me llamo Rojo, o en sofisticados relatos contemporáneos como El libro negro. Hace un mes apareció Estambul, volumen autobiográfico.

A continuación, publicamos algunos apartes de la entrevista que el escritor Juan Gabriel Vásquez le hizo a Pamuk para Arcadia:

“Entre los siete y los veintidós quise ser pintor, mi familia me animó, pero de repente se me soltó un tornillo y comencé a pensar en escribir novelas. La pintura y la escritura son dos profesiones de hombres que prefieren estar solos. El trabajo de un hombre solitario fue una escogencia deliberada de mi parte. Cuando comencé a escribir, hace treinta años, los escritores turcos estaban muy motivados políticamente, eran todos marxistas o socialistas o como quiera decirles. Nabokov los habría llamado “comentaristas sociales”.

Así que cuando yo escribo desde mi parte del mundo, este puente entre Oriente y Occidente, de cierta manera estoy imponiendo una forma occidental de mirar mi mundo. De esto estoy dolorosamente consciente. Mis novelas parten de la conciencia de ser artefactos culturales importados de Occidente. No quiero subrayar demasiado el hecho de ser turco, pero tenemos una situación única en la cual mi país, durante los últimos ciento cincuenta años, ha querido occidentalizarse olvidando el pasado. La república turca moderna, las reformas de Atatürk, fueron una forma de olvidar el Islam, el pasado, de manera que el país se occidentalizara más rápido. De hecho, esto no sucedió; olvidamos el pasado, pero eso fue todo. Mi teoría es que si no hubiéramos olvidado el pasado, nos estaríamos occidentalizando aun más rápido o más armoniosamente. En Turquía, el pasado es problemático. La implementación de la identidad turca moderna es el acto de olvidar los horrores del pasado, el pasado otomano, etcétera. Me interesa la historia no porque sea simplemente romántica, sino porque aquí es algo vivo. Es una opción política. Por ello escribí Nieve como novela política. Cuando la estaba escribiendo, les dije a todos mis amigos y también a mi editor que no intentaría otra novela similar. ¿Por qué? Porque he visto a los mejores talentos de otras generaciones de escritores turcos destruirse y destruir su trabajo por el afán de servir a su país a través de la política. Yo no quería que eso me ocurriera. Nieve es una novela política, por supuesto, pero no es su intención hacer propaganda. Al final, es una novela sobre cómo ser feliz en la vida. Escribí esa novela y después, por una cosa y otra, me encontré en una situación difícil, y eso me ha impuesto una personalidad política que ahora, desafortunadamente, debo defender, porque quiero defender mi dignidad también, pues la única diferencia entre los años noventa y el presente es que el país está más cerca de la Unión Europea, y debido a que las negociaciones de Turquía con la Unión Europea comenzaron el año pasado, hay un gran cambio en esta antigua ley autoritaria. Estamos en problemas. Se demanda a los autores y se los lleva ante los tribunales, y hay también una reacción casi fascista y ultranacionalista en contra de la Unión Europea, y puesto que el país y el Estado no han experimentado la visión liberal y europea, están usando a estos fascistas para suprimir la libertad que el país recibe de las negociaciones con la UE. De manera que la situación política, comparada con la de los años noventa, ha mejorado un poco, pero no de manera radical, porque hay una ola antioccidental, en contra de la UE, una ola nacionalista que viene y vuelve a venir. No soy optimista. Igual que en los años noventa, mi país está en graves problemas políticos.

Cuando me llevaron a juicio estuve solo como lo sugirieron varios periódicos turcos. Tenía amigos: amigos liberales, demócratas, proeuropeos. Éramos una minoría muy pequeña. Fue muy duro, y el dilema de la situación era que yo hacía parte de la pequeña minoría de Turquía, acompañada de mucha gente buena, demócratas, liberales de Europa y el resto del mundo que me apoyaron... mi situación me puso en una posición incómoda: no por el riesgo de ir a la cárcel, sino por el hecho de tener que escoger entre mi país y mi seguridad. Eso me atormentó y me alegra que todo haya terminado”.

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