Poeta Juan Manuel Roca.

Poemas para llevar

El poeta Juan Manuel Roca visitó Arcadia para recitar algunos de los poemas sugeridos en las pasadas ediciones impresas de la Revista.

2015/04/13

Por RevistaArcadia.com

Narciso- Leonard Cohen, Montereal, 1934

No conoces a nadie
Conoces algunas calles
colinas, verjas, restaurantes
Las camareras han cambiado

 

No me conoces
Yo estoy feliz con el otoño
las hojas las faldas rojas
todo en movimiento

 

Pasé junto a ti en una pared de mármol
algún nuevo banco
Sangrabas por la boca
Ni siquiera sabías en qué estación estábamos

Sin llaves y a oscuras, Fabián Casas 1965

Era uno de esos días en que todo sale bien. 
Había limpiado la casa y escrito 
dos o tres poemas que me gustaban. 
No pedía más.

Entonces salí al pasillo para tirar la basura 
y detrás de mí, por una correntada, 
la puerta se cerró. 
Quedé sin llaves y a oscuras 
sintiendo las voces de mis vecinos 
a través de sus puertas. 
Es transitorio, me dije; 
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro, 
una puerta cerrada con la llave adentro 
la basura en la mano.


 Los amantes, Fabio Morábito, Alexandria 1955

 

 

Los amantes se acercan,
escuchan. Adelgazan
su piel hasta la asfixia

 y adelgazan sus besos.
Por sus voces delgadas
sólo oyen silencio.

 Los amantes se besan,
se acarician, el mar
apenas los contiene,

 y su pasión es breve:
aleteo de un ave
en la espalda del agua.

 Los amantes recuerdan
las heridas, las guardan
como un secreto bien.

 Nunca cambian palabras.
Pero cambian heridas.
Son su secreta piel.

 Cerca de dos amantes
se detiene un segundo
la sangre en la avenida;

 son dos ciervos que saltan
en medio de nosotros
que somos las estatuas.

 Los amantes se muerden,
se pisan, sólo temen
la muerte, trepan muros

 de olvido y nunca vuelven
atrás, lujosos como
escarabajos verdes.

 Los amantes no cuentan
los días, no enumeran
los muertos, ni siquiera

 los mares. Su materia
está hecha sin tiempo,
su sed nunca se alivia.

 Los amantes se mueren
un día. Bajo tierra
van, mudos y con miedo,

 y la tierra adelgaza
su piel hasta la asfixia
y adelgaza sus huesos.


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