El punto de lectura de la plaza de Las Cruces.

Una relación perdurable

La ruta que se propuso la Alcaldía de Bogotá para promover la lectura y la escritura en la ciudad muestra resultados concretos. En menos de doce meses, el plan 'Leer es volar’ ha realizado acciones que garantizan un mayor acceso a los libros y afianzan los proyectos creativos de los ciudadanos que viven en las localidades urbanas y rurales.

2017/04/27

Por Laura Panqueva* Bogotá

Las primeras acciones del Plan Distrital de Lectura y Escritura ‘Leer es volar’ ya se ven en algunas de las 19 bibliotecas públicas de Bogotá y los demás espacios no convencionales de lectura donde el libro es el eje central. La idea es ofrecer nuevas propuestas culturales que se ajusten a las necesidades actuales de las personas y aumenten los encuentros de una ciudadanía diversa y, en parte, todavía muy limitada al acceso a los libros. Mientras tanto, el plan no descuida la necesidad de seguir construyendo recintos llenos de libros. Es un hecho que a las 112 bibliotecas escolares se les sumarán 50 más y a las 19 bibliotecas públicas otras dos que se ubicarán en las localidades de Usme y Sumapaz. En cuanto a la disponibilidad de libros fuera de las bibliotecas, también ha habido un crecimiento.

De acuerdo con Rocío Castro, de Fundalectura, el año pasado, de la mano de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte (SCRD) abrieron diez nuevos Paraderos Paralibros Paraparques (PPP). En total suman 61, pero el objetivo es llegar a 71 a finales de este año. Las Bibloestaciones en Transmilenio, otro de los programas que buscan facilitar el acceso, también llegarán a otros puntos de la ciudad. Hasta el momento funcionan seis Bibloestaciones en los portales de Usme, Suba, Américas, Sur, 20 de Julio y Ricaurte, y pronto habilitarán dos más.

Cabe destacar que este año, alrededor de un 60% de los espacios no convencionales de lectura actualizaron sus ofertas literarias. Los nuevos textos, según Rocío Castro, con los cuales la SCRD dotó estos espacios, están dirigidos, sobre todo, a los públicos infantiles. A estos dos proyectos se les suma el de las plazas de mercado, que se reactivó el año pasado en cuatro barrios: Perseverancia, 20 de Julio, Kennedy y Restrepo. En los últimos meses, se han abierto tres más: Trinidad Galán, Fontibón y Samper Mendoza. Según Fundalectura, los niños representan el 85% de la población que asiste a estos puestos de lectura.

En la plaza de mercado del Restrepo, ubicada en frente de la biblioteca, este ejercicio de sacar los libros funciona muy bien. William Cárdenas, auxiliar del programa de la SCRD BibloRed, cuenta que cuando invitaron a los hijos de los comerciantes de frutas y verduras a conectarse con los libros, ellos se interesaron inmediatamente. La iniciativa permitió que los habitantes se familiarizaran con el trabajo de la biblioteca y asistieran con más regularidad a otras actividades. Ahora, los hijos de los vendedores son uno de los grupos más consolidados en la biblioteca. Ellos acuden, sobre todo, por las tardes cuando salen del colegio. “A veces no se quieren ir, porque están contentos jugando”, dice William, quien se ha convertido en el amigo y confidente de muchos de ellos.

En los próximos meses, la Alcaldía de Bogotá implementará en los espacios no convencionales un carnet infantil para que los niños menores de 18 años puedan pedir prestados sus propios libros. Por lo general, sus padres se hacen cargo de este trámite y la idea es que ellos se responsabilicen y, al mismo tiempo, se sumen al número de afiliados, que ya llega a los 47.000.

Los espacios se transforman

José Ignacio Caro, coordinador de Servicios Bibliotecarios de BibloRed y quien ha liderado el proyecto de Espacios Creativos, ha sido uno de los encargados de renovar las áreas e innovar en servicios. Estos cambios buscan, por un lado, conquistar nuevos públicos jóvenes y, por otro, incentivar el desarrollo de habilidades grupales en campos como la tecnología. Por ejemplo, la idea de crear un lugar especializado en cómics nació debido al interés de los niños y adolescentes por los libros manga.

Estas modernas salas, conocidas como Distrito Gráfico, ya funcionan en cinco bibliotecas de la ciudad —Tintal, Julio Mario Santo Domingo, Virgilio Barco, Tunal y Jorge E. Restrepo— y contemplan nuevas colecciones, además de mobiliarios diseñados para el trabajo colectivo. Jóvenes como Jonathan Riaño asisten con gusto a estos lugares. A él le encanta dibujar las portadas de los libros de superhéroes que alberga la sala Distrito Gráfico, de la biblioteca Carlos E. Restrepo, en el sur de la ciudad. Casi todos los días, Jonathan recorre una hora y media en autobús para llegar a esta biblioteca. Como ahora no va al colegio, prefiere pasar su tiempo pintando en este espacio diseñado con muñecos de plastilina, cuadros de cómics en las paredes y mesas dispuestas para afianzar los trazos. Por lo visto, la iniciativa de construir un lugar dedicado a los personajes favoritos de los jóvenes está dando resultado. En el Restrepo son cada vez más los usuarios que buscan estos espacios. “En la tarde se comienza a llenar; muchos quieren llevar un libro o participar en las actividades. A los pelados les gusta más el manga y a las mujeres, las sagas literarias como Divergente o Juego de tronos”, asegura William Cárdenas, encargado de esta sala.

Además de este lugar donde abundan las historietas, hay otros espacios creativos, pensados, sobre todo, para el desarrollo de ideas y proyectos innovadores. En la biblioteca Virgilio Barco, por ejemplo, son muy usuales los de tecnología. A finales del año pasado enseñaron a algunos grupos a programar, a crear software libre y a montar prototipos. “Lo más importante de estos espacios es que tenemos una disposición para el aprendizaje colaborativo”, dice Caro. Si bien todavía falta fortalecer más estas iniciativas en otras bibliotecas, de estas experiencias ya han nacido nuevas propuestas para realizar ferias en las que diversos colectivos de programación e innovación se reúnen para mostrar sus trabajos y presentar proyectos de desarrollo.

En la medida en que los espacios se reconforman, el concepto de la biblioteca como templo de silencio comienza a cambiar. Cada vez más hay lugar para otras prácticas que ofrecen nuevos conocimientos, y esto a veces implica ruido. Otro caso que demuestra cómo los espacios de estos recintos pueden modificar y utilizarse para ampliar nuevos debates horizontales e integrar a la academia con otros públicos es el de ‘Historia entre todos’, una iniciativa que nace de un grupo de profesores de Historia interesados en conversar sobre la historia de Colombia y los diferentes temas actuales relacionados con el conflicto y la paz. Hasta ahora, la iniciativa ha sorprendido por la cantidad de asistentes, que en cada sesión supera los 100. La idea, entonces, es llevar estas propuestas a todas las bibliotecas de la ciudad.

Más talleres han llegado a otras zonas de Bogotá.

Un PPP, Paradero Paralibros Paraparques.

En el páramo de Sumapaz, que concentra un porcentaje alto de la ruralidad en la ciudad y encarna una historia social y política interesante, se han implementado aprendizajes para reforzar el contacto con la lectura y la oralidad. Allí, la SCRD en convenio con el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina (Cerlalc), realizó un estudio piloto para indagar las prácticas de lectura y escritura. El diagnóstico arrojó sorpresivamente que hay mayores niveles de lectura en este territorio que en poblaciones urbanas. Así, entre octubre y diciembre de 2016, con la colaboración de la fundación Secretos para Contar, se entregaron colecciones de libros especializados en las dinámicas del campo así como recopilaciones de literatura, tradición oral, ciencia y oficios a varias familias y se trabajaron talleres para formar a los educadores y explorar los contenidos de estos textos. Además, se llevaron a cabo talleres de escritura creativa, periodismo, radio y fotografía dirigidos a los jóvenes. 

El proyecto se implementó gracias a la participación del equipo Base Sumapaz, integrado por habitantes de la localidad. El texto, titulado Libros en el páramo. Lectura y ruralidad en el Sumapaz, reúne los aprendizajes de esta experiencia que servirá de ejemplo para trabajar con otras comunidades rurales del Distrito y del país. Diseñar proyectos de lectura y escritura en poblaciones específicas es uno de los objetivos centrales del plan distrital, específicamente en entornos educativos, así como lo han hecho en la mayoría de localidades urbanas. Ahora, con la llegada de una nueva biblioteca a la región de Sumapaz se abrirán nuevos vínculos con la lectura y se involucrará a los formadores para que ellos puedan dar mayores herramientas a los niños y a sus familias.

Todas estas transformaciones culturales que en menos de un año han comenzado a dar resultados prometen un mayor acceso y valor por las historias que guardan secretos y permiten sociedades más críticas.

La ciudad necesita más lugares donde los libros existan cerca de los árboles y las frutas, donde los niños hagan fila para encontrarse con sus personajes favoritos que les despiertan sonrisas; donde los jóvenes se encuentren con gente de todas las edades en una conversación sobre poetas, escrituras creativas, robótica, historia, pero, sobre todo, humanidad. Bogotá ha logrado tejer con el paso de los años una red de iniciativas y bibliotecas que hoy salen a la calle para encontrar a lectores diversos. La idea de imaginar una ciudad donde el libro tuviera un lugar geográfico y abriera caminos de diálogo e inclusión ya existe; ahora lo importante es seguir trabajando para lograr que la lectura sea un gusto y una oportunidad para todos.

*Periodista.

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