El escritor uruguayo Horacio Quiroga.

Publican en España la correspondencia de Horacio Quiroga

La tragedia marcó la vida del escritor uruguayo Horacio Quiroga y se abrió paso "brutalmente" en su obra literaria y, también, en sus textos autobiográficos, que por primera vez se publican en España y reflejan facetas desconocidas de quien fue "el primer narrador moderno en lengua castellana".

2010/07/09

Por Ana Mendoza

Madrid (EFE).- "Su importancia para nuestra literatura es semejante a la que tuvo Edgar Allan Poe en el mundo anglosajón", afirmó hoy, en una entrevista con Efe, la profesora y escritora Erika Martínez, responsable de "Quiroga íntimo", una edición anotada del "Diario de viaje a París" del narrador y de las 350 cartas que se conservan de este gran escritor (Uruguay, 1878 - Buenos Aires, 1937).

Que nadie busque, advirtió Martínez, "la revelación de todos los secretos que Quiroga guardó en vida, porque el escritor sepultó bajo el silencio los hechos más traumáticos de su existencia, aunque sí se percibe la presencia de algo terrible y cruel detrás de lo que cuenta".

El padre murió en un accidente de caza cuando Quiroga tenía un año. A esa muerte se sumaron la de su padrastro, que se suicidó; la de su amigo íntimo Federico Ferrando, a quien el escritor mató accidentalmente; el suicidio de su primera mujer y el suyo propio tras enterarse de que tenía cáncer.

La tragedia saltó a la siguiente generación y, tras la muerte de Quiroga, se quitarían la vida también sus tres hijos.

Las consecuencias vitales de esos trágicos acontecimientos "fueron inmensas y se abren paso brutalmente en su literatura". El escritor no alude a ellos directamente en sus cartas pero "la elipsis siembra de huellas el epistolario", aseguró Martínez.

Como le sucedía a otros escritores de su época, Quiroga "creía que no había una separación real entre literatura y vida y trabajaba su vida como si fuera una obra de arte. Quiso convertirse a sí mismo en un personaje literario".

Esa concepción se nota sobre todo en su Diario, escrito entre el 20 de marzo y el 10 de junio de 1900, durante su viaje en barco desde Salto (Uruguay) hasta París y su estancia en la capital francesa durante la Gran Exposición Universal.

Además del "interés testimonial" que tienen las descripciones del escritor de ese acontecimiento y de las Juegos Olímpicos de 1900, el Diario es "un ejemplo significativo de cómo la ficción se abre paso en el discurso autobiográfico" y es una prueba, afirmó Martínez, de que ese género es "un gran aparato de tergiversación y ocultamiento".

En su Diario, Quiroga repasa "todos los tópicos modernistas del intelectual del momento: escritor decadente, dandy, enfermizo, aficionado a las drogas, a las mujeres lánguidas y a las adolescentes morbosas", comenta Martínez.

París "le defraudó totalmente". Desde el punto de vista económico la experiencia "fue desastrosa" y lo que vio en la Ciudad de la Luz "no le interesó", comentó la editora de "Quiroga íntimo".

En realidad, lo que le apasionaba al escritor era el deporte y, aunque suene a "boutade", Quiroga fue a París "por la bicicleta". "Lo que le gustaban eran las carreras y el ciclismo, porque veía en él un encuentro entre la fuerza humana y la mecánica", agregó.

Quiroga amaba el peligro de "forma compulsiva" y "buscaba los espacios de conflicto entre civilización y barbarie". Por eso se fue a vivir a la selva, que se convertiría en "el gran motor de su obra literaria".

Pasó años en Misiones, "lugar fronterizo por antonomasia entre Paraguay, Argentina y Brasil" y frontera también entre el guaraní y el castellano. Le interesaba "el castellano mestizo".

En la selva se transformó su estilo para siempre, y el esfuerzo por hacer habitable aquella tierra está detrás de obras como "Cuentos de amor, de locura y de muerte", "Anaconda", "Cuentos de la selva" y "Desterrados".

Quiroga supo dar a su estilo "frontalidad, coloquialismo, densidad y concreción, y alcanzó una gran eficacia narrativa". Todo eso lo convirtió en un gran cuentista, subrayó Martínez.

Las cartas de Quiroga fueron escritas entre 1902 y 1937 y, además de permitir observar la evolución de su escritura, sirven para "rastrear un hito que el escritor vivió en primera persona: la profesionalización de la literatura". "Fue un gran defensor de la literatura como oficio", concluyó Martínez. EFE

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