Loriga nació en Madrid, en 1967.

Razón y masacre en 'Rendición' de Ray Loriga

La novela del más reciente ganador del Premio Alfaguara 2017 podría ser una contundente fábula moderna en la que se comprenderá lo lógico que puede ser el exterminio y la exclusión.

2017/07/17

Por José Londoño

Hay quienes afirman que con educación se previene la barbarie, pero numerosos estudiosos del Holocausto afirman lo contrario. Entre memorias de testigos, de víctimas y victimarios, es muy conocido el hecho de que entre los generales y encargados de los campos de concentración había libros de Goethe, Shakespeare, Kant, Darwin y Newton. Tanto saber concentrado entre la cúspide del nazismo no impidió la aniquilación de más de seis millones de humanos. El exterminio de judíos, gitanos, partisanos, comunistas y demás no habría ocurrido sin el repertorio moral y discursivo que lo racionalizaba.

Teodoro Adorno, un judío que escapó a Estados Unidos para evitar los campos, cuenta en un clásico de la teórica política que escribió con Max Horkheimer, La dialéctica de la Ilustración, que el cientificismo y la altísima fe en la razón fueron componentes determinantes del nazismo. En su libro los autores proponen que las perspectivas de la biología, genética, psicología, medicina, criminología, frenología, geografía, historia, economía y ciencias políticas del nazismo permitieron la instalación del imaginario popular antisemita. Un hecho horrible es que la meta del exterminio judío y la teoría de la superioridad aria, responden lógicamente a muchas de las teorías del mundo vigentes en Europa a principios del siglo XX. Entre ellas, que la historia era progreso y que en Europa, en Alemania particularmente, avanzaban llevando la delantera.

La novela ganadora del Premio Alfaguara en este año, Rendición de Ray Loriga, publicada por el Grupo Editorial Penguin Random House, muestra cómo la fidelidad hacia la razón nacional tanto dentro de la guerra como dentro de la utopía naturaliza sistemas de masacre y exclusión que, desde perspectivas extranjeras, parecerían muy reprochables. Leyéndola veremos que la fuente de la aniquilación, cosificación e instrumentalización de lo humano no es la maldad ni la ignorancia. Más bien, lo son lógicas históricas que habitan nuestras ideas y decisiones y que toman muchas formas, como el machismo, la xenofobia y el patriotismo. Afirmar que se necesita matar gitanos, inmigrantes, críticos del régimen y enemigos para la victoria, y alcanzar las demandas más dignas (como salud pública, trabajo, justicia, orden, vivienda digna, educación y moral,  suma pilas de cadáveres y desmembramientos.

En las primeras páginas del libro vemos lo fácil que es delatar al vecino de traidor o aprobar la exterminación de gitanos e inmigrantes. Las acciones del personaje narrador, cuyo nombre nunca conocemos, ocurren obedeciendo a lo que éste atestigua según la razón de la nación, que es sumamente esterilizadora –pues purifica de toda mancha– e invasiva, porque anula la intimidad. No importa el cinismo del narrador (expresado en las complejas aclaraciones justificadoras que plantea en las situaciones) cuando este somete sus acciones a un fin supremo y a una ética nacional que, más allá del cinismo, toma partido y mata. De la obsesión del protagonista hacia el orden y su temor hacia la anarquía comprendemos que dé el visto bueno al esquema sanguinario del poder.

Cuando las autoridades le encargan entregar a su criada para capturarla y quizá fusilarla, él accede. No la protege por temor al desorden y por confiar en la veracidad de los rumores. Todo a pesar de conocerla hace muchísimos años, y a pesar de nunca haberla visto con el enemigo o haberla encontrado a ella causando un daño. Creyente de la razón nacional, afirma escuetamente que quienes luchan la guerra son quienes saben, y que los rumores deben de ser ciertos. Si no se creyera en la verdad, llegaría el desorden y se perdería la guerra. En un optimismo destruido y paradójico, pues la guerra se está perdiendo, celebra que si llega la paz los padres recuperarán a sus hijos, lo que equivale a decir que él recuperará a los suyos.

La novela llevará a quien la lea por muchos caminos repletos de matices interpretativos gracias a la voz del narrador. Habrá un éxodo hacia una ciudad, y luego una utopía que cumple con la mayoría de las demandas de nuestra sociedad. Esta ciudad no será llamada por su nombre, sino por su descripción, la ciudad transparente. En ella el cálculo y la limpieza de todo aquello que el organismo no acepta significarán terribles historias ocultas de exclusión.

Es muy posible que esta ciudad en purga, que extirpa lo que no le es común, lo que no le sirve, sea una metáfora de la Europa técnica y austera que deja a los inmigrantes muriéndose tanto dentro de sí como por las fronteras. Lo que sí es un hecho es que la novela se escribe en España en tiempos en los que el sueño europeo y el sueño neoliberal tambalean, a la vez que muchísimos inmigrantes de las ex colonias arriesgan sus vidas tratando de alcanzar el porvenir. No es insignificante que así como hay quienes se mueren cruzando el mediterráneo en un barco que se hunde, o avanzando miles de kilómetros a través del Sahara, en la novela llegar a la tierra prometida, a la ciudad transparente, es una expedición que no todos alcanzan. Asimismo, alcanzarla es también posiblemente decepcionarse, tener que soñar nuevamente.

Ray Loriga, sin embargo, propone otra lectura en varias entrevistas: comprende a la ciudad transparente como una metáfora para criticar la omnipresencia del internet y la decadencia de lo privado tras la pérdida de lo íntimo. Tal posición, basada en presupuestos como que antes éramos más auténticos y despiertos, puede ser nostálgica y arrogante para algunos, ya que él es un sujeto anti tecnológico que tomó la decisión de alejarse de los medios virtuales, incluso los celulares, por muchísimos años. Esto podría justificarse debido a lo insoportable que probablemente le es la fama que le corresponde por ser un rock star de la literatura y el cine español. Ahora bien, lo que escribimos o decimos se escapa de nosotros. Quien lea la novela jugará con sus preguntas.  Tomará posición con respecto a la ciudad transparente y de seguro que se divertirá y recomendará la novela. 

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