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De los infortunios del pasado y del avenir

'Infortunios del mono infinito', de Rubén Orozco, es una divertida y seria novela (pero sobre todo divertida) de un escritor que con apenas 34 años ya se perfila como uno de esos autores a los que hay que seguirle la pista.

2016/12/15

Por Camilo Hoyos

Infortunios del mono infinito, de Rubén Orozco, es en realidad otro libro que esconden sus solapas, igualmente titulado pero además acompañado por el subtítulo de Primeras reflexiones sobre la mente kainofílica. Fue escrito por un tal P.G. Spiegel y traducido al castellano por Isabel Íspilu. Orozco fue ganador en 2014 del Premio Gabriel Miró de cuento, y su primera novela, publicada en 2014, es Los tempestuosos; Spiegel, por el otro lado, es un psicólogo que ha escrito más de once libros, entre los que destacamos Acércate a aquel brillo extraño: manual terapéutico para el manejo de la peladofobia (1969) o Peligros de la mente abstracta: historia de mi fracaso personal en el manejo de la apeirofobia (1991), por no mencionar Temo, luego existo: anotaciones filosóficas sore la fobofobia (2007). En el que ahora publica Random, encontramos la historia de lo que fue la relación y el tratamiento psicológico con un extraño personaje, M.W., quien por sufrir amnesia funcional retrógrada visita a Spiegel para pedirle ayuda terapéutica. La pérdida de memoria (o punto de fuga, como lo llaman los psicólogos) no es desvelada sino hasta que el propio Spiegel, comenzado el tratamiento, da con las causas: la primera esposa de quien por entonces trabajaba como vendedor de seguros, al enterarse de sus supuestas infidelidades con otras mujeres, “con precisión quirúrgica abrió entonces el escroto de su esposo extrajo las dos nueces semicocidas de sus testículos, suturó la incisión terrible con treinta y dos puntos preciosos de hilo biodegradable y se dio a la fuga”, no sin antes dejar, en la mesa de noche del esposo, entonces privado por narcóticos, una receta médica con un tratamiento profiláctico de antibióticos y analgésicos. Retirarle los testículos no la llevó a dejar de amarlo, mientras que sí obligó a su esposo a desconocer quién era, y, a lo largo de la historia que nos cuenta el doctor, preguntarse una y otra vez cómo se puede comenzar de nuevo una vida careciendo de pasado.

La relación de la que habla el libro también obliga al viejo Spiegel, al enfrentarse con quien no tiene pasado, a recordar el suyo propio: escapa el 7 de octubre de Auschwitz-Birkenau luego de la llegada de los soviéticos, pero descubre al poco tiempo que luego de la guerra “nuevas fobias llegaban como abejorros con su zumbido ensordecedor”. Volver al pasado le obliga a Spiegel a reconocer de nuevo aquellas fobias que no ha logrado vencer aunque las haya tratado, como la atazagarofobia o el temor a ser olvidado; la kainofilia, que es la obsesión por ser original; la apotemnofobia, que es el temor a las amputaciones; la pedalofobia, que es el miedo a la calvicie, o la fobofobia, que es el temor a los temores o aversiones irracionales. M.W. decide aceptar el tratamiento de escribir para así poder recrear su vida, mientras que Spiegel, en el libro, se dedica a escribir sobre lo que es la aplicación de su estado kainofílico, es decir, su afán por ser original. No sabemos hasta dónde llega uno y termina el otro porque así como uno carece de testículos, al otro le extirparon la próstata. Mientras el lector avanza en el libro escondido en el otro libro, ¿quién cuenta la historia? ¿Spiegel, M.W. u Orozco? Para el doctor, “el terapeuta debe ser siempre un flotador confiable en el maremágnum de la locura”; pero el paciente, y no digamos el lector, no tendrá tan claras las fronteras de demencia y de la salud, así como desconocerá los límites de la ficción y de la autoría del texto. Como dice Spiegel en algún momento, “los temores no son otra cosa que nuevos pretextos para la valentía”. Frente al ineludible paso del tiempo infinito, son dos personajes gracias a los cuales podemos reflexionar sobre los límites de la demencia, la sanidad y la literatura.

Se trata de una divertida y seria novela (pero sobre todo divertida) de un escritor que comienza a ser conocido luego de la pasada Feria del Libro de Medellín. Con apenas 34 años ya se perfila como uno de esos autores a los que hay que seguirle la pista, por no decir su buen humor, tan ausente en muchas de las publicaciones contemporáneas.  

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