Soca nació en 1942, en Montevideo. Crédito: Álvaro Tavera.

'Paz', 'guerrilla', 'nación': un viaje al origen de las palabras

El periodista y escritor uruguayo Ricardo Soca le ha dedicado su vida al español. Dentro del marco de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, habló con nosotros sobre su nuevo libro y las historias detrás de las palabras más relevantes para los tiempos que vivimos.

2016/09/12

Por Ana Gutiérrez

“Mi herramienta es la palabra”, explica Ricardo Soca, uruguayo, periodista y escritor licenciado en lingüística que se ha dedicado a rastrear los orígenes de las palabras. Su página, elcastellano.org, cumple 20 años y fue la primera en internet dedicada a la lengua española. Fue un éxito instantáneo y en 2002 decidió empezar el newsletter ‘La palabra del día’. “Coloque un formulario en la web para que las personas se inscribieran y en dos semanas había 2.000 inscritos”. Hoy son alrededor de 200.000. Para 2004, ya tenía suficientes palabras para llenar un libro. En 2012, para llenar tres.

Este año lanzó El origen de las palabras con Rey Naranjo (John Naranjo, el editor, fue suscriptor de la palabra del día desde el comienzo), libro que presenta este año en la Fiesta del libro de Medellín. Es el compendio integral y actualizado del trabajo de Soca. En él, escoge palabras que “tengan una historia interesante para contar. El libro no es un diccionario, sería muy aburrido de leer. No es la definición sino, principalmente, la historia de la palabra”.

En El origen de las palabras se encuentra el trasfondo de términos como abracadabra, parsec, Albania, bustrófedon, Papá Noel, imbécil, Google, esvástica y más.  A diferencia de la RAE y otros cuerpos de autoridad de la lengua, no se inmuta por las palabras prestadas de otros idiomas. “Hay un alejamiento de la academia de la lengua real, la que se habla todos los días. La academia pone la carreta delante de los bueyes y dice: se debe decir de esta manera. Pero las lenguas se adaptan, por ejemplo googlear. ¿Cómo más lo diríamos? Además, los reyes del siglo XVIII eran franceses. Felipe IV, que creó la RAE, había nacido en París, hijo de una princesa austriaca. Cuando decimos mamá, estamos hablando de la palabra francesa maman. En latín siempre se dijo mama, como se sigue diciendo hoy en italiano y regiones rústicas de España y América. Modernamente en el siglo XIX y XX la tecnología trajo el inglés, de manera muy fuerte y muy poderosa. Surgen palabras nuevas como en todos los tiempos. La única ley que rige todas las lenguas en todos los tiempos es la ley del cambio”.

A continuación, un breve selección de las historias de las palabras más relevantes para los tiempos que vivimos, sacadas directamente del libro. Empezamos con un término escogido por Soca:

Paz: La paz es una de las aspiraciones más antiguas de la Humanidad, que desde el comienzo de los tiempos suele dar ese nombre a los períodos generalmente breves que transcurren entre dos guerras. El vocablo en español proviene del latín pax, pacis y aparecía en nuestra lengua ya en el Poema de Mío Cid que data de 1040. Es palabra común a todas las lenguas romances: en francés, paix; en italiano, pace; en portugués paz, y en otras lenguas como el inglés peace.

Paz está también en el origen de pacto, que proviene del latín pactum, y que en esa lengua era el participio pasivo de pascisi (firmar la paz). En latín, pactare significaba también pagar un tributo, que es la obligación que suele tocar a los vencidos al cabo de una guerra. En castellano antiguo, pechar significaba pagar un tributo y en el Río de la Plata se usa hasta hoy con el sentido de ‘pedir dinero prestado’.

Apaciguar se encuentra ya en el siglo XIII, pero en el siglo XVII hay algunos textos con apazguar, apazguado, que se cruza con pacato para dar como resultado pazguato (tonto, lerdo) y, en el Río de la Plata y Venezuela, pajuato, con el mismo significado.

Guerra*: Desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más naciones. Lucha armada entre dos o más naciones o entre bandas de una misma nación. Lucha o combate, incluso en terreno moral. (DRAE)

La guerra, amenaza siempre presente en las sociedades humanas de todos los tiempos, tomó su nombre en español del germánico werra (pelea), de donde también procede la voz alemana wirren (desórdenes, disturbios). La palabra está presente en todas las lenguas romances, además del inglés war, adonde parece haber llegado a través del francés normando werre y del holandés war.

Corominas observa que esta palabra nunca había tenido en los idiomas germánicos originales el siniestro significado que hoy le atribuimos y que, según él, debe provenir del bajo latín, de donde pasó al árabe hispánico y africano gérra. En inglés el vocablo era conocido con su significado actual por lo menos desde 1119, bajo las formas arcaicas wyrre y werre.

Guerrilla apareció en 1535, usada por Fernández de Oviedo, pero su uso se generalizó a partir de Moratín, cuando narraba en 1808 la resistencia que se opuso en España a las tropas invasoras de Napoleón. No obstante, ese tipo de guerra desarrollada por pequeños grupos de gran movilidad era mucho más antigua. Ya había sido practicada en el siglo XIV por los franceses al mando del condestable Bertrand Duguesclin, en la Guerra de los Cien Años. En el siglo XX, la guerrilla fue la forma de lucha militar preferida por la resistencia antinazi de los partisanos en los Balcanes y de los maquis en Francia y en la posguerra civil española, como asimismo por los rebeldes de la izquierda armada latinoamericana.

*Se debe notar que paz es una palabra mucho más vieja que guerra, dado que esta se derivó del germánico, que llegó a la península ibérica mucho después del latín.

Construir: Proviene del latín construere, del mismo significado, derivado de struere (amontonar) con el prefijo con-. Si en lugar de este prefijo usáramos dis-, formaríamos destruere (destruir), con el sentido exactamente opuesto. Si, en cambio, utilizamos el prefijo in-, formamos instruere (instruir), lo que de alguna forma significa ‘construir interiormente’. También podríamos usar el prefijo obs- que normalmente significa ‘delante’, con la idea de obstáculo- y formar obstruere (obstruir, o sea, ‘amontonar para impedir el paso’).

El vocablo original struere, mencionado arriba, se originó en la raíz indoeuropea stru- a partir de la cual se formaron otros vocablos del latín y, consecuentemente, de nuestra lengua, tales como ‘industria’, ‘estructura’ e ‘instrumento’.  

Gobernar: Procede del latín gubernare (dirigir un navío) y éste, del griego kybernaein, con el mismo significado, palabra que también está en el origen de cibernética.

Para poder llevar su nave a buen puerto, el timonel debe adoptar decisiones complejas, teniendo en cuenta numerosos parámetros simultáneamente, por lo que su profesión se parece un poco al funcionamiento de una computadora, pero también a la función de dirigir una nación.

La palabra gobernar consta en los escritos de Berceo: Era un ladron malo que mas queríe furtar, Que ir a la eglesia nin a puentes alzar: Sabia de mal porcalzo su casa gobernar, Uso malo que príso non lo podie dejar (Milagros de Nuestra Sennora).

Gobierno aparece por primera vez, ya con su significado actual, en el Libro del buen amor (1330), del Arcipreste de Hita y, por si sirve de consuelo, digamos que desgobernar  ya se usaba en 1495; y desgobierno, en 1717.

Nación: La nación tal como hoy la concebimos es un concepto relativamente nuevo en términos históricos, que surge y se consolida con la llegada al poder de la burguesía y el auge del liberalismo económico.

La apertura comercial impulsada por la burguesía trajo consigo la necesidad de romper las fronteras de los feudos y reunir en una misma unidad política los territorios de pueblos unidos por la lengua, tradiciones y costumbres comunes; primero, mediante el fortalecimiento de una monarquía central y, cuando el poder burgués se hubo consolidado, bajo la forma de Estados, republicanos o monárquicos, pero bajo las formas políticas preconizadas por el liberalismo.

En sentido moderno, nación puede definirse como un conjunto de individuos de lengua, origen étnico y costumbres comunes que comparten un determinado territorio. Sin embargo, los palestinos nunca dejaron de constituir una nación, incluso cuando no tenían un territorio. En el caso de los judíos. Cuya diáspora fue mucho más prolongada, se afirma que ya constituían una nación antes de la formación del estado de Israel.

Finalmente, en Teoría Política se dice que el Estado se compone de tres elementos diferentes: nación, territorio y poder público (los politólogos prefieren ‘poder etático).

Hasta aquí, la definición política pero, desde el punto de vista etimológico, una nación es un grupo étnico, puesta que la palabra procede del participio latino natus, de nasci (nacer, provenir), y de él el sustantivo derivado natio, nationis, que inicialmente significó nacimiento, pero posteriormente evolucionó hacia raza o grupo étnico, a partir de una traducción de la Biblia de una palabra hebrea que significaba ‘ascendencia’ y ‘posteridad’.

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