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Rimbaud en Colombia

La gran novela de Caballero cumple 25 años y se traduce al francés. El entusiasmo de la crítica en la prensa gala ha sido tal que ya se han vendido 10.000 ejemplares.

2010/03/15

Por Ricardo Abdahllah

En la primera semana de octubre, Antonio Caballero estará invitado para una charla en la Universidad de Nanterre, el foco original del 68 francés, que agarró a Caballero en París, como el “buen salvaje” del que hablaba su padre. Daniel Samper Pizano dijo alguna vez de ese momento que Caballero era “como Cohn-Bendit, medio extranjero o extranjero del todo. Pero lo mató la timidez: en lugar de ser comandante aguerrido fue prudente espectador”.

Un poco como Ignacio Escobar, el “héroe” de Sin remedio, novela que, con el título de Un mal sans remède y bajo el sello editorial Belfond, acaba de aparecer por primera vez en las librerías francesas. A pesar de coincidir con la rentrée littéraire, ese periodo de septiembre en el que las editoriales francesas sacan su cosecha de novelas, con las que llegan a los setecientos nuevos títulos cada año, la publicación del libro de Caballero no pasó desapercibida. “Al fin traducida” fue la manera como el periodista Xavier Housin comenzó su comentario de media página en Le Monde. Se refería a los veinticinco años que separan la publicación original de la traducción francesa. Bernard Quiriny, del Magazine Littéraire, hace notar también la larga espera, pero pone de lado la cronología para decir que Un mal sans remède, es “lo que hubiera hecho Roberto Bolaño si se hubiera propuesto hacer por Bogotá lo que James Joyce hizo por Dublín”.

Al igual que Isabelle Rüf en Le Temps de Suiza, Quiriny utiliza la palabra spleen en el título de su reseña. Para él, la narración de Escobar es el spleen bogotano; para ella, el spleen colombiano en general. Los dos recalcan que Caballero critica la burguesía como lo ha hecho durante décadas en sus columnas y caricaturas.

“Es la imagen que se tiene de él”, dice Philippe Collin, estudioso de la literatura colombiana y encargado de presentar a Caballero en el coloquio de Nanterre. Los lectores franceses esperan encontrar en Un mal sans remède no solo un viaje interior sino una novela política: “De lo primero hay más que de lo segundo. La novela es la historia maravillosamente contada de un personaje, no un documento sobre la política en Colombia. El libro muestra a Bogotá, pero una Bogotá que ya no existe”.

Caballero es el primero en reconocerlo en una entrevista publicada por el periódico de izquierda Marianne, donde Alexis Liebaert recalca que la novela es un libro “barroco, truculento y de una rara ambición”, antes de rematar con las palabras favorables que le dedicó García Márquez y que han sido retomadas en varias de las reseñas de la prensa francesa: “No creía que tanto talento pudiera expresarse en la novela”.

“Hay clientes que siguen de cerca la literatura latinoamericana, es a ellos a quienes más interesa el libro”, dice Guillaume Leroux, de la librería Le Merle Moqueur, que ha dado a la obra el sello Coup de Coeur, una especie de garantía de que el libro ha “flechado” a los libreros. “Sin embargo los pasajes de sexo y droga me gustaron menos que el resto. Me sonaron demasiado cercanos al aire de ‘poeta maldito’”, continúa Leroux, quien confiesa no haberse enterado de que la edición original del libro apareció en 1984.

Ese “aire de poeta maldito” llevó al semanario VSD a retomar el título del primer capítulo del libro para su reseña: Ignacio Escobar es un aspirante a “Rimbaud colombiano”. La publicación utilizó cuatro veces las palabra “años”: una para referirse a los 31 que tiene Escobar; otra para decir que apenas le quedaban seis para convertirse en traficante de armas como el poeta francés. Y dos más para decir que Caballero le tomó catorce escribir la historia y a Jean Marie Saint-Lu dos traducirla.

“Fue un proceso relativamente largo”, dice Saint-Lu, quien además de Mi hermano el alcalde de Fernando Vallejo, ha traducido varias obras de Javier Marías y casi todos los libros de Alfredo Bryce Echenique, “pero me ayudó mucho el hecho de que Caballero habla un francés impecable y por ser la primera traducción de su novela, se tomaba el trabajo de revisar detalladamente cada capítulo para enviarme sus observaciones. Todo por correo electrónico, porque cuando por fin nos encontramos, el libro ya estaba listo”.

Lo que más trabajo dio a Saint-Lu fueron las poesías “de un estilo clásico muy riguroso en el ritmo, que nunca había encontrado en los autores que traduzco”. Las preguntas que le hacía a Caballero durante el proceso tenían también que ver con las calles de Bogotá y la manera como en la ciudad la gente llama las cosas. Como hasta ahora no ha visitado la capital colombiana, Saint-Lu no tenía ninguna posibilidad de saber que un “tinto” es un café y no un vino rojo.

“E Ignacio Escobar no hace sino beber café”, dice. 

“Con Sin Remedio, Antonio Caballero se ubica entre los más grandes”, es la conclusión de André Rollin, crítico de libros de Le Canard Enchaîné, un periódico satírico cuyas caricaturas, denuncias y columnas son, dentro de la prensa francesa, lo que más se parece a lo que Caballero ha estado haciendo desde hace veinticinco años, desde cuando dejó de escribir novelas.

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