Samanta Schweblin nació en Buenos Aires en 1978. Crédito: Alejandra López.

“Las desgracias que nombro pasan alrededor de los cultivos con glifosato”

Elegida en 2010 por la revista Granta como una de las mejores escritoras en español menores de 35 años, la argentina Samanta Schweblin es uno de los referentes de la nueva narrativa hispanoamericana. Hablamos con ella sobre ‘Distancia de rescate’, su primera incursión en el género novelístico.

2016/05/23

Por Ángel Castaño Guzmán

Distancia de rescate se construye en base al diálogo de David, un niño muy extraño, y de Amanda, una joven que veranea en el campo con su hija. ¿Por qué decidió hacer una novela centrada en los diálogos? ¿Qué posibilidades narrativas vio en esa elección?

Intuía que Distancia de rescate era una historia de introspección, de alguien reviendo el pasado e intentando entender lo que pasó. Una historia donde puede haber nuevos descubrimientos, pero lo que se está contando ya es sabido por ambos personajes, y me preocupaba que un relato así perdiera tensión. El recurso del diálogo transforma el relato casi en una larga sesión de psicoanálisis, hay algo del presente, del ver las cosas de cerca, que se recupera con el diálogo. Le da a la historia la posibilidad de que las cosas sucedan para el lector en ese mismísimo momento, le da inminencia, y la falsa sensación de que todavía es un destino que puede corregirse.  

La maternidad es uno de los puntos centrales del libro: la tensa relación entre Carla y David, la mutua dependencia de Nina y Amanda. ¿Por qué contar la maternidad en una historia que linda con el terror?

¿Por qué no? La maternidad pone en jaque muchas cosas. No es la primera vez que escucho a un padre decir que cuando nació su hijo conoció el verdadero miedo. ¿Se pude vivir con la inminencia de la muerte de un hijo? Quizá sea una de las cosas más terroríficas por las que pueda pasar un ser humano.

Los hombres de la novela, salvo David, son presencias fantasmales: los esposos de Carla y de Amanda. ¿Cree que su novela se construya sobre la percepción femenina de la realidad ficcional?

No era mi intención dejar lo masculino de lado, pero sí la de concentrar toda la atención sobre el punto de vista de Amanda y de Carla, y quería a su vez una relación intensa entre esos dos personajes, cierta tracción incluso, que potenciara de alguna forma el hechizo de lo que estaba pasando. No me imagino esta historia contada con personajes masculinos. Me interesaba sí, esa mirada desoladora del final, que sí encarnan los dos padres, y sobre todo, esa revelación que tan fuerte que es clara para Amanda y para el lector, pero que a ellos se les escapará por completo. 

El campo en la novela es el territorio de lo fantástico: para salvar a los hijos la gente acude a una señora que los sana gracias a la transmigración. ¿Cuál ha sido su relación con el campo? ¿Hay en el fondo de la novela una suerte de denuncia sobre la contaminación ambiental?

En realidad no es un campo tan "fantástico". Todas las desgracias que nombro, abortos espontáneos, muertes por intoxicación, chicos con malformaciones, son cosas que pasan ahora mismo en muchas poblaciones que viven alrededor de los cultivos con fumigaciones de glifosato. No hay nada inventado en ese sentido, y de hecho, son poblaciones que muchas veces tampoco pueden confiar en sus médicos, porque los médicos trabajan para las mismas compañías fumigadoras.

Hay denuncia ambiental, claro que sí, pero tampoco quise que eso ocupara un lugar central en la historia. De hecho no se nombra el glifosato, ni algunas marcas nefastas que ya están en boca de todos. Yo puedo tener un compromiso político al respecto, como argentina, pero sentía que el libro solo tenía que responder a la historia de Amanda y Nina, a ese accidente que sufren, y una aproximación más didáctica o informativa sobre lo que está pasando en el campo argentino no hubiera sido funcional al libro. 

En Colombia se conocen sus libros de cuentos. A la hora de contar una historia, en su experiencia, ¿qué puntos de comunión y de distancia tienen la escritura novelística y la cuentística?

Distancia de rescate está en el límite entre ambos géneros, así que no siento que haya cruzado realmente alguna línea entre la novela y el cuento. Sí creo que el cuento es un género difícil, que sin embargo se escribe muy rápido: hay que pensar muchas cosas antes de sentarse a escribir, y hay que corregir muchísimo una vez que se tiene el primer borrador, pero la escritura es breve, un cuento puede escribirse en una o dos sentadas. La novela tiene otros tiempos, uno piensa y corrige durante la escritura, en ese sentido sentí que era una forma más permisiva, donde hay más espacio para la intuición y para ir dejándose llevar por la historia.  

 

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