Shakespeare & Company

Shakespeare & Company, la librería más visitada de Francia.

Arcadia visita este refugio de escritores sin dinero, en el Quinto distrito de París.

2015/06/19

Por Marco Bonilla

La Rue de la Bûcherie, cerca de la catedral de Notre-Dame de París y la Plaza Maubert es una de las calles más antiguas de la ribera oriental de París. Se dice que en la Edad Media la carne en descomposición que sobraba de los hogares era cocinada para alimentar a los más pobres de la ciudad. Napoleón vivió muy cerca, cuando era un joven soldado. Los alemanes se instalaron en el barrio tras el fin de la guerra franco-prusiana y luego durante la Segunda Guerra Mundial. Hasta los últimos años de la década de 1970, esta calle era un lugar de concentración de migrantes provenientes del Líbano, Argelia, Pakistán, Bangladesh y Tailandia.  Hoy es un popular destino turístico debido a su cercanía con el hotel de Ville y el río Sena.

Uno de los lugares más visitados por quienes vienen a la Rue de la Bûcherie es la librería Shakespeare and Company. En medio de los parques cuidados con esmero y los monumentos de mármol, con la catedral de Notre-Dame a tiro de piedra, esta librería se ha convertido en un referente cultural en París. También en un refugio para escritores primerizos que quieren nutrirse del ambiente cultural de la ciudad mientras escriben sus óperas primas sin desangrar su capital. Shakespeare & Company es su vivienda, en un sentido literal. La librería les permite  vivir en los pisos superiores a cambio de trabajar por turnos en el mostrador y leer al menos un par de libros a la semana.


 

Beach abrió la librería en 1919 en el sexto distrito parisino. Era un lugar oscuro y de ambiente decadente que atraía gente como F. Scott Fitzgerald, Gertrude Stein, James Joyce, Ernest Hemingway o Ezra Pound, quienes acudían a hablar de literatura y tomar té caliente en la trastienda. Fue Sylvia Beach quien creyó que un manuscrito de James Joyce titulado Ulises, rechazado por otras editoriales por indecente y obsceno, valía la pena ser publicado. Ella reunió el dinero suficiente para imprimirlo y así, una de las novelas cumbre del siglo XX vio la luz.

Beach cerró la librería original en 1941 cuando los nazis ocuparon París. Se dice que los invasores desconfiaban de la reputación de inconformismo literario y creativo de la tienda. Shakespeare and Company permaneció cerrada durante la guerra y Beach fue puesta en un campo de concentración. Hemingway en persona liberó la librería cuando entró en París con las tropas estadounidenses, pero Beach decidió no reabrir el local. Una década más tarde, George Whitman, un anarquista errante decidió reabrir un negocio similar en la rivera izquierda del Sena. En 1962, tras la muerte de Beach, Whitman compró su colección de libros y dos años después, coincidiendo con el cuarto centenario del nacimiento de William Shakespeare, rebautizó su tienda.

Norteamericano de nacimiento y francés por adopción, Whitman era un libertario radical, ateo y viajero incansable; se había instalado en París en la década de 1940 y había decidido dedicar sus días al idealista oficio de librero. De sus lecturas de Kropotkin, Trotski y Bakunin, Whitman extrajo una vocación por cambiar el mundo y una oposición frontal al poder. Ese carácter lo imprimió a su librería. Mientras llegaba la revolución, Whitman decidió que lo suyo era vender libros, “por lo menos sé que no estoy perjudicando a nadie”- solía decir. Su solución era participar en la economía capitalista del modo menos dañino posible.

 

En Shakespeare & Company se respira un aire de cooperación y vida comunitaria. Los precios de los libros son más bajos que en cualquier librería de Francia. Whitman puso en marcha una biblioteca alterna de préstamo gratuito para quienes no pudieran permitirse comprar libros. En la librería, los visitantes son invitados a sentarse a leer los títulos el tiempo que deseen. Jóvenes poetas con poco dinero en los bolsillos han escrito sus obras amparados por el espíritu de propiedad colectiva de la librería. Durante las revueltas de mayo de 1968, Whitman permitió que jóvenes revolucionarios escaparan de la policía refugiándose en su almacén.

La librería, que aparece en casi todas las guías de la ciudad, se encuentra en el Quinto distrito, uno de los más bohemios y libertarios de París, rodeada de famosos cafés como el Panis y el Polly Maggoo, frecuentados por diseñadores, modelos, anacrónicos artistas de vodevil, lobos esteparios que rechazan las normas convencionales de la sociedad, pensadores posmodernos, jóvenes millonarios rusos, escritores magrebíes expatriados y amantes de la noche parisina. Algunos de ellos acuden a la librería, atraídos por la reputación del lugar, un imán para lectores de calidad y con buen olfato para la literatura.

 

Los visitantes son recibidos por el famoso letrero de madera verde y amarilla y por algunos estantes donde se rematan libros a precios muy bajos. El luminoso lobby contrasta con la penumbra que caracteriza el interior de la librería. Borges se hubiera sentido a gusto perdiéndose en los vericuetos angostos del lugar donde se pueden formar verdaderos embotellamientos de visitantes que buscan acceder a los niveles superiores por las estrechas escaleras. Arriba, los visitantes se encuentran con un piano Schindler con las teclas manchadas por el paso del tiempo al que nunca le faltan manos para sacarle notas, y viejas máquinas de escribir listas para ser usadas. El piso de la librería está elaborado con listones de madera que crujen con cada paso en los niveles superiores. La madera aún se encuentra manchada con el hollín que dejó el incendio de 1990 cuyas llamas devoraron más de 4000 libros. En el piso, hay ventiladores para atenuar el picante verano parisino y calefacción para cuando el mercurio del termómetro baja de cero. Y en las paredes, mensajes de agradecidos lectores que han encontrado el amor en la librería, “gracias a su perfume afrodisiaco”, y fotografías de algunos de los escritores que han visitado París y han hecho de la tienda su escondrijo.

Para centenares de escritores que han habitado Shakespeare & Company esta no es una librería sino una comuna. Ha sobrevivido más de medio siglo dando cobijo a poetas y prosistas desesperados que encuentran solaz en el repiqueteo de las campanas de Notre-Dame, al otro lado del río. Miles de novelas han comenzado a escribirse en su sombra, y un puñado de ellas ha logrado publicarse. Normalmente viven en la librería cuatro o cinco escritores. A junio de 2015 sólo dos novelistas viven en Shakespeare & Company; Ana Farias, una brasilera de 27 años y James Callaghan de 43,  quien quiere escribir una novela de proporciones épicas como el Ulises de Joyce.

Callaghan llegó a Paris hace seis meses y, sin un peso en el bolsillo, pidió ser aceptado en la comunidad de escritores del lugar. “Estaba desesperado, París consumía todo mi capital y apenas encontraba tiempo para sentarme a escribir –afirma-. Hablé con Sylvia Whitman (hija de George, quien dirige la librería desde el fallecimiento de este en diciembre de 2011) y ella no puso reparos en que viviera aquí el tiempo necesario para escribir mi novela”. Hasta el momento ha escrito un manuscrito de casi 500 páginas y aún no ve cerca el momento de poner el punto final. Pero no tiene apuros. “Trabajo todos los días en el mostrador y ayudando con algunas reparaciones locativas –agrega mientras bebe un sorbo de té en el café Panis-. Y me queda tiempo suficiente para leer y escribir. Lamentaré mucho cuando tenga que abandonar este lugar tan inspirador”.

Cientos de personas como Callaghan han pasado por el vetusto edificio cuyos pilares descansan sobre lo que fue un monasterio del siglo XVI. Todos ellos encuentran en el lugar una atmósfera cargada de sueños y un ambiente libertario. El espíritu de George Whitman flota en los salones iluminados por las tenues luces donde escritores y lectores por igual recorren con la mirada los estantes en búsqueda de alguna joya literaria en esta librería junto al río Sena.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.