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Todos los honores

La pregunta ronda en el aire desde que se conoció la noticia del nombramiento de Bogotá como Capital Mundial del Libro e Iberoamericana de la Cultura. ¿Para qué sirven estos dos nombramientos?

2010/03/15

Por Juan Esteban Osorio

En principio, suena como una ostentación, y por partida doble. Bogotá será Capital Mundial del Libro 2007 y Capital Iberoamericana de la Cultura, el mismo año. ¿Qué significado tienen estos nombres, además de sonar importantes y como una gran distinción? ¿Es un reinado de un año, de lucimiento de un título sin contenido, o tiene la trascendencia que se desearía?

Primer dato para los optimistas: estos nombramientos no implican ningún recurso; son premios, reconocimientos, homenajes, como se le quiera llamar, pero no hay donaciones, ni dineros. Todas las ganancias se desprenden de esa gran idea, y de todo lo que se haga alrededor de la misma.

La iniciativa del proyecto de Bogotá Capital Mundial del Libro surgió de la candidatura que presentó el alcalde Luis Eduardo Garzón a un comité integrado par varias entidades internacionales que se ocupan del tema, presididas por la UNESCO. Es la primera vez que una ciudad latinoamericana recibe este título; a Bogotá la anteceden en orden desde el 2001 ciudades como Madrid, Alejandría, Nueva Delhi, Amberes, Montreal y Turín; este año, entre las candidatas figuraban Amsterdam, Coimbra, Dublín, Rosario y Viena.

Las razones por las que Bogotá se ganó este título parecen claras. Moisés Melo, director de la Cámara Colombiana del Libro, menciona algunas: “Lo más importante es que esto no es un reconocimiento a una propuesta para el futuro, sino una afirmación a lo que se ha hecho. Es un premio sobre el pasado, lo que significa que la UNESCO y el jurado que consideró esta candidatura ven en Bogotá una ciudad que lleva varios años trabajando en el campo del libro”. Y esta labor tiene evidencias en números además de las buenas intenciones: en Bogotá hay 192 librerías y alrededor de 120 empresas editoriales comerciales que publican al año cerca de 7.800 títulos, entre primeras ediciones y reediciones. Las empresas editoriales venden el 48% de sus productos en la ciudad.

A esto se agrega lo que todo el mundo ve: la Feria Internacional del Libro de Bogotá está catalogada entre las tres más importantes del continente, junto a la de Guadalajara y la de Buenos Aires. Con un área de diecisiete mil metros cuadrados, cuatrocientos expositores y 350.000 visitantes por año, la Feria produce exportaciones por encima de los dieciocho millones de dólares y genera un promedio anual de 750 empleos directos y 4.500 indirectos.

Pero tienen razón los que se preguntan sobre las consecuencias de estos títulos. Carmen Barvo, directora de Fundalectura, coincide: “Bogotá como capital Mundial del Libro es una de las mejores cosas que le puede pasar a la ciudad. Pero estoy de acuerdo en que no podemos quedarnos con uno que otro evento y un reconocimiento internacional. Esto nos obliga a seguir trabajando para merecernos este título”.

Por ello, la Alcaldía de Bogotá, desde el IDCT, prepara una programación bajo el nombre “Bogotá, un libro abierto”, con nueve grandes proyectos a manera de capítulos metafóricos, que presentan todo lo que se planea desarrollar en la ciudad a manera de celebración.

Ana Roda, gerente de Literatura del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá, y tal vez la persona más comprometida con Bogotá como Capital del Libro, explica que la idea de toda la programación es hacerla girar alrededor de la cadena del libro; así, entre los eventos que plantea cada uno de estos capítulos, están cubiertos desde el sector de los editores y libreros –no sólo nacionales– , hasta los que cierran el círculo: los lectores, pasando por escritores, críticos literarios, periodistas culturales, académicos e investigadores, entre otros.

Por ahora hay un portafolio de cincuenta proyectos, algunos ya listos para el 2007, y otros aún en proceso. Sin ánimo de sonar populistas, los involucrados coinciden en una precisión: no se trata de una celebración institucional. El nombramiento es de la gente y la mejor manera de probarlo son los antecedentes exitosos de los programas que se han realizado hasta el momento: desde las grandes asistencias a las ferias del libro, así como el impacto de iniciativas como Libro al Viento, el trueque de libros o las bibliotecas comunales que han funcionado bien, y a las que se pretende integrar.

Todas estas respuestas son indicadores claros de que la fiesta no sólo es para los que están organizando desde arriba. Los lectores, objeto y fin de la lectura, serán quienes den vida a las actividades. Uno de los capítulos propuestos es una invitación abierta al público a participar con proyectos e ideas en esta celebración. No se trata de gestionar recursos, enredarse con financiaciones y dineros, pero sí de proponer buenas ideas para que la gente lea más. O lea distinto. O que simplemente, empiece a leer. El cómo da igual.

Como si fuera poco, el 11 de octubre pasado, el Comité Sectorial de Unión de Ciudades Iberoamericanas escogió a Bogotá como Capital Iberoamericana de la Cultura 2007, por su liderazgo en temas culturales. Martha Senn, directora del IDCT de Bogotá, dice que estos nombramientos “nos comprometen con la ciudad, con el país, con el mundo, para demostrar cómo la vamos a ejecutar, y nos da un argumento precioso para hacer una gran fiesta de celebración. Es una forma de desarrollar el programa de Bogotá sin Indiferencia, como programa de cultura para la inclusión social. Es una forma maravillosa de abrir oportunidades para la materialización de los derechos culturales, que son unos de los más olvidados cuando se habla de los derechos humanos”.

A estos dos títulos honoríficos se suma el Premio León de Oro de Venecia a Bogotá, otorgado hace menos de quince días en la exposición de quince ciudades invitadas a la décima Bienal de Arquitectura celebrada en la ciudad italiana.

¿Demasiados títulos de repente para una misma ciudad? No deben ser coincidencia. Ana Roda cierra con su premisa de trabajo: “Debemos asumir todos estos nombramientos como un compromiso, más que una mención de honor. Son posibilidades de seguir trabajando”.

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