El escritor mexicano Francisco Hinojosa ha escrito relatos para niños y para adultos.

Tope, tope, tún: Los topes literarios de Francisco Hinojosa

Escritor de relatos para niños y autor de una novela en verso, el escritor mexicano Francisco Hinojosa quien comenzó a escribir por azar se ha convertido en una de las voces más interesantes de la narrativa hispanoamericana y estuvo en Colombia lanzando su libro "El tiempo apremia".

2011/01/31

Por Matías Godoy


Un día el joven Francisco Hinojosa fue a visitar la recién estrenada librería Gandhi, en Ciudad de México, en la que encontró, además de libros, un inesperado café. En sus mesas, otros jóvenes como él se daban a la mística tarea de dibujar palabras en cuadernos y hojas sueltas, y fue así, por obra de un azar, que el impávido Hinojosa se topó con el arte de escribir, del cual lo que encontró más notable fue que para ejercerlo no parecía necesario pedirle permiso a nadie. Entonces se fue a su casa e inició la lenta y ardua redacción de su obra poética completa, que le tomó dos días enteros con sus tardes y sus noches y cuya versión final contaba con la ostentosa extensión de quince páginas. Tras una segunda lectura, sin embargo, notó que el conjunto de sus poemas conformaba una historia bastante completa, y así, por obra de un azar un tanto más sutil, se topó con el arte de escribir historias.

Los años siguientes, aunque fecundos, no estuvieron desprovistos de otros tantos topes, aunque fueran estos menos felices y más predecibles. El más memorable de ellos resultó de la publicación de La peor señora del mundo, cuento inspirado en su malvada vecina que los adultos encontraron todo menos infantil y no apto para los niños, y que los niños encontraron todo menos infantil y del todo de su agrado. Semejante tope con los centinelas de la buena educación, que confunden la infancia con la deficiencia y que sostienen que lo contrario de lo divertido es lo serio, y no lo aburrido, le enseñó que los niños habrían de ser el público más exigente con el que habría de toparse, y que ciertos señores respetables habrían de ser el público más sólido con el que habría de darse topes. “Es que nosotros los adultos —comentó hace poco Hinojosa—, con tal de sentirnos cultos, con tal de tener algo de qué platicar con el vecino, nos zampamos una cantidad de porquerías que… para qué digo; los niños son más exigentes”.

Por eso Hinojosa ha seguido contando las historias que ha querido contar, y por eso el cambio a la literatura de adultos, que por supuesto no significó abandonar la otra, lo hizo más para hablar de otros topos que para ahorrarse otros topes. Y en efecto, pocos le ahorraron sus cuentos de adultos, pensados con la osadía del escritor autónomo y escritos con la insolencia del chiquillo inteligente. En ellos, Hinojosa ha logrado combinar el tono fabuloso del abuelito contador de historias con su implacable examen de la debilidad humana de modo de darle el máximo efecto a su letal aguijón, como hace en esta escena del cuento Sembrado: “Estaba el capitán Sayavedra quitándole el brasier a la secretaria del juzgado cuando tocó a la puerta el policía.

—Déjenos solos, señorita- le dijo a la semiencuerada—, luego le seguimos.

—Usted manda— respondió, mientras se volvía a poner el sostén de su familia.

Y en sucesivos topes como este es que consiste la turbulenta experiencia de la lectura de sus cuentos. La mayoría de ellos, sin embargo, están escritos con tal economía de palabras y con un impulso inicial tan arrollador, que una vez concluidos, ya noqueados, somos incapaces de discernir, como el ciego en la mitad de la camorra, de dónde provino el tope de gracia.

Pero es en su más reciente novela titulada Poesía eras tú, donde Hinojosa ha logrado la síntesis más mortífera de todos sus dones. Su historia es tan patética que hace reír, y tan humorística que hace llorar, y está escrita toda en verso. Sin embargo, siempre que se le pregunta por la razón de tan extravagante forma, Hinojosa responde que es una novela sólo entre comillas, que está escrita en verso sólo entre comillas, y que “bueno, lo de humorística, eso no va entre comillas”, mostrando no la falsa modestia, sino la falsa arrogancia que le es tan propia y que proviene de saberse autor de un texto incatalogable. Porque en efecto nada parecido hay a Poesía eras tú, compendio de poemas escritos por un poeta malo como no ha habido otro en el mundo, destinados a su “amasia”, legisladora en la Cámara de Diputados, en los que bien distribuidos dentro de sus declaraciones amorosas, el poeta le va soltando una a una todas las metidas de pata que le hace a diario, y que le pone por escrito en versos cortos y largos a la manera contemporánea cosa que la legisladora de su corazón no las tome tan a mal. Pero aunque la poesía le da la espalda al poeta, éste no deja experimentar con ella, y así es como en el libro nos topamos con las más diversas formas de lo escrito, desde el haiku hasta el corrido norteño, pasando por un poder legal que empieza y concluye así:

Por este conducto

vida mía

quiero darte este poder

(…)

pero acéptalo, amor mío

deja que se formalice este amplio y cumplido poder

para que tú y yo, juntos

iniciemos una nueva etapa de nuestra administración.

Y al igual que con las formas, no podemos evitar toparnos con las referencias a otros poetas, producto de las escuetas lecturas del vate, que llenan el libro hasta el tope, y que incluyen a Alberti, Baudelaire, Borges, Bécquer y Cabrera Infante (¿será que en un último y sutil despliegue de destreza, Hinojosa quiere sugerir que nuestro vate no ha pasado de la c en su lectura de la antología?)

Pero al decir de Macedonio Fernández, sólo existen dos géneros de la novela, el de la buena y el de la mala, y en ese orden de ideas, todo lo que en Poesía eras tú es atroz abuso del verso por parte del narrador, es a la vez manejo magistral de los recursos por parte de Hinojosa, que se ha topado con la forma de hacer de lo irrelevante lo irremplazable.

Por eso, si bien es cierto que se topó con el arte de escribir por obra del azar, también lo es que ha permanecido fiel a éste por gusto y por amor, y así es que ha logrado una obra inmoral pero inmejorable, inadmisible pero inagotable, con la que vale sin duda la pena toparse.

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