El escritor francés Mathias Enard.

Un escritor homérico

Se traduce al español Zona, la arriesgada novela de 400 páginas, escrita en una sola frase, del francés Mathias Enard. Con sus ecos de epopeya clásica y aire a novela de espías, Zona deslumbró a los lectores franceses, que no dudaron en calificarla como uno de los hallazgos más apabullantes de la temporada. Arcadia entrevistó al escritor.

2010/03/16

Por Catalina Gómez Ángel

Hace once años, cuando Mathias Enard apenas rondaba los 26, y con solo una novela publicada, ya tenía la idea de escribir una obra sobre el Mediterráneo. Para entonces había recopilado muchísimas historias durante los largos viajes que empezó con tan solo 18 años cuando abandonó Niort, el pueblo francés donde creció, con la idea de convertirse en periodista, y se fue al Líbano en plena guerra para hacer un reportaje sobre la Cruz Roja. Egipto, Siria, de nuevo Líbano, los Balcanes, Italia e incluso Barcelona, donde vive desde el 2000, son algunos de los lugares donde fue tomando notas y haciendo entrevistas con la ventaja que tiene un hombre que se preocupa por aprender los idiomas de los lugares donde se establece, así sea por corto tiempo. Enard estudió Historia del Arte en París, y se enamoró del arte islámico. Se fue a vivir a Irán, y habla perfectamente tanto el farsi como el árabe. Así mismo, habla alemán, italiano, catalán, inglés y serbio.

Y señalo solo estos porque son los que están relacionados con la parte del mundo donde transcurre Zona, su última novela, que fue recibida con elogioso asombro tanto por la crítica como por los lectores franceses en 2008 y que acaba de ser traducida al español por editorial Norma. Estructurada como La Ilíada, a partir de 24 cantos, la novela llama de entrada la atención debido a su osadía formal: Zona está escrita en una sola frase.

“Ese era mi proyecto inicial: poner al lector en un tren y contarle historias a lo largo del viaje. Y ya está. Sabía que iba a escribir este libro pero no sabía cómo iba a hacerlo, ni cómo iba a lograr juntar todas las historias”. Enard las había guardado en una especie de baúl a lo largo de estos años, cuando no sabía qué hacer con ellas. Al fin y al cabo, después de su primera experiencia en el Líbano había decidido que no sería reportero de guerra, profesión donde se maneja un tiempo que a él no le corresponde. “En ese viaje al Líbano descubrí que no tengo ese tipo de mirada instantánea. Necesito ver muchas cosas, hacerlas mías, aprender algo del idioma y esto es algo que un periodista contemporáneo no tiene”. Fue en 2004 o 2005, ya no recuerda, cuando estaba viviendo por un tiempo corto en Roma, que tomó un tren de Milán a Roma, igual que el narrador del libro, el espía croata Francis Servían Mirkovik, y tuvo la intuición de que el viaje en tren podría ser la única manera de “aparcar”, como él dice en el español que habla perfectamente, todas estas historias sueltas.

Al final logró que las líneas del tren que unen estas dos ciudades –573 kilómetros que en la versión francesa equivalen al mismo número de páginas de la novela (390 en español)–, fueran el hilo conductor que enlaza sus andanzas por el Mediterráneo. “A partir de ahí empecé a escribir y cuando tenía como diez páginas ya tenía la voz de este narrador espía, una figura tan recurrente en la Zona donde todo aquel que se mueve es sospechoso de serlo”. Sabe que incluso muchos árabes lo consideran a él mismo un espía. “La figura del espía se parece a la del escritor o periodista. Es un personaje clave del siglo xx, que da mucho en el campo literario. No solo para novelas de espías sino porque un espía es un investigador de la sombra. Es una forma de volver narrativo el libro de viaje y darle una tercera dimensión, que es la de la historia”.

En Zona, el narrador se monta al tren en Milán con una enigmática maleta, que va tomando más importancia y parece hacerse cada vez más grande a medida que transcurren los kilómetros. Esa maleta llena de secretos tiene que llegar a Roma, específicamente al Vaticano, su destino final. Y así, la maleta se convierte en una metáfora de la novela misma: todas las historias narradas a largo del viaje están en su interior. Algunos de los momentos más dramáticos de la historia del Mediterráneo en el siglo xx están ahí: la guerra del Líbano, de los Balcanes, de Argelia o el conflicto árabe-israelí. Durante el trayecto, la mente del escritor también se escapa hacia los recuerdos y van apareciendo referencias a la alta cultura del siglo xx europeo, a y escritores que vivieron en la zona como Ezra Pound, William Burroughs, Céline y Appolinaire.

“No es que haya escogido la guerra. Me interesa la experiencia de los combatientes, de las víctimas. Si se quiere retratar el Mediterráneo y sus historias en el último siglo es imposible no pasar por las guerras que lo han formado y deformado durante todo este tiempo”.

“No hubiera podido escribir Zona si antes no hubiese escrito otros libros. Necesité aprender a deshacerme de todo lo que creía tenía que ser un libro. Y esta novela es el resultado de esa libertad descubierta”. Y Mathias Enard, no cabe duda, salió victorioso de esa arriesgada apuesta literaria. |

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