El escritor filipino Miguel Syjuco, ganador del Man Asia Booker Award por su primera novela "Ilustrado".

Un joven ilustrado

Ilustrado, la única novela de Miguel Syjuco, se hunde en el complejo corazón de Filipinas, cuya clase política resulta incómodamente parecida a la de Colombia. Ah, y lo mismo sucede con sus intelectuales, a los que escritor cuestiona con clemente ironía.

2011/01/25

Por Catalina Holguín Jaramillo

Cada vez que Manny Pacquiao pelea en algún casino de Las Vegas, Filipinas se paraliza. Y cada vez que el boxeador vuelve a su país con un nuevo cinturón abrazando su poderoso y compacto cuerpo, sus compatriotas lo reciben con procesiones multitudinarias por las avenidas de Manila. Además de ser el mejor boxeador del mundo, Pacquiao también es congresista, cantante y actor. Cualquier similitud con nuestra realidad es pura coincidencia. O no. Aquel archipiélago asiático de 7.107 islas fue, como Colombia, colonia española durante cuatro siglos, colonia norteamericana por más de cuatro décadas y república independiente desde 1946. En su breve historia republicana, las islas filipinas ya han padecido un dictador, un magnicidio político, y un retorno triunfal a la democracia y la libre corrupción. Esta convulsionada historia hace parte del trasfondo histórico y político de la novela Ilustrado, del escritor filipino Miguel Syjuco, ganador del prestigioso premio internacional Man Asian Literary Prize e invitado al Hay Festival que se celebra en Cartagena por estas fechas.

 

Miguel nació en una acaudalada familia filipina. Su padre es un prominente político que durante la dictadura de Ferdinand Marcos en los años setenta se exilió en Canadá con toda su familia. Con la elección de Corazón Aquino en 1986, la familia retornó a las Filipinas y Miguel a sus estudios. Su tiempo allá fue corto pues en Filipinas se sentía amarrado a las expectativas de su familia y de su entorno social. “Si quería escribir con perspectiva, coraje y honestidad sobre mi país —me confiesa Syjuco—, tenía que irme”. Actualmente vive en Montreal, Canadá, y trabaja como editor del diario The Montreal Gazette.

 

La novela Ilustrado, escrita originalmente en inglés, se enfoca en las pesquisas que hace un joven escritor llamado Miguel Syjuco para descubrir las causas de la muerte de su mentor, el afamado escritor filipino Crispín Salvador. La novela, de corte claramente posmoderno (aunque el autor se resiste a emplear dicho rótulo), se construye a partir de fragmentos de la obra de Crispín Salvador, de trozos escritos en primera persona por el personaje llamado Syjuco, y de otras islas textuales que incluyen blogs, chistes y citas. A partir de este archipiélago de fragmentos, el autor logra dibujar las vidas de Syjuco y de Salvador al tiempo que muestra a un país desordenado, vital, políticamente enredado bastante similar a Colombia.

 

Las investigaciones del personaje llamado Syjuco sobre la muerte de Salvador están cargadas de una urgencia a la vez política y emocional. Por un lado, Crispín Salvador estaba escribiendo una polémica novela que sacudiría a la élite filipina. El manuscrito, claramente, no aparece por ninguna parte. Por otro lado, Syjuco parece encontrar cierto refugio a su crisis artística y familiar a medida que va descubriendo las similitudes entre su vida y la de Salvador. Ambos exiliados, ambos miembros de familias prestantes, ambos escritores, ambos en busca de efectuar un cambio en su país desde la literatura. Al igual que los intelectuales educados en el extranjero que participaron en la revolución filipina de finales del siglo XIX (estos intelectuales recibieron el nombre de “ilustrados”), tanto Crispín Salvador como el Syjuco ficticio quieren incidir en el destino político de su país. El problema es que, según me explica el Syjuco de carne y hueso, “Filipinas es un país donde nadie lee. Allá decimos que si quieres mantener un secreto, lo mejor que puedes hacer es publicarlo en un libro”.

 

El Syjuco ficticio comparte varias particularidades biográficas con el Syjuco real: la acaudalada familia política, el exilio durante la dictadura de Marcos, las ambiciones literarias. El juego de espejos se multiplica al interior de la novela con las similitudes entre Crispín Salvador y el Syjuco ficticio y con el inesperado desenlace del libro. Este clásico juego posmoderno de dobles le sirve al autor para exorcizar las presiones familiares y sociales que lo hicieron salir de Filipinas. De igual forma, el autor utiliza estos dobles para criticar a los intelectuales filipinos que no son capaces de juzgar una obra literaria sin caer en ataques personales y en discusiones poscoloniales pasadas de moda.

 

Irónicamente, la recepción de Ilustrado en Filipinas parece copiada de la novela. Cuenta Syjuco que en su país no se ha escrito una sola reseña de la novela, que los galardones literarios solo han servido para atraerle la atención vacía de los medios y que los académicos lo han criticado a él, y no al libro, por su extracción social, por vivir fuera del país y por escribir en inglés, que es, según me aclara el autor, el idioma que se usa en todos los periódicos, en las universidades y en los colegios. La novela, en cambio, con su crítica a la clase política filipina, con sus reflexiones sobre la identidad filipina y sobre la diáspora (cerca de 10 millones de filipinos viven por fuera de su país), no ha sido considerada relevante por los académicos filipinos. ¿Es posible ser un escritor internacional y producir una obra que sea relevante para uno y muchos países, se preguntan ambos Syjucos. La respuesta, dada por el comité del premio Man Asia hace dos años es contundente: sí.

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