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Pensar no es rentable

¿Qué tan rentables son las humanidades? ¿Qué tan lucrativo es un programa de filosofía? ¿Hasta donde las prácticas neoliberales en las universidades pueden asfixiar los programas de humanidades? Catalina Holguín recoge varios debates al respecto.

2010/05/20

Por Catalina Holguín

Hace unos días volvió a Bogotá una amiga que está haciendo un doctorado en Sociología en Inglaterra. Emocionada me habló del debate generado por unos paneles que organizó con unos compañeros de su universidad en Bristol sobre las prácticas administrativas neoliberales en de las universidades públicas.



Al poco tiempo hallé casualmente la siguiente noticia en OpenDemocracy, un portal inglés de acceso libre con análisis de noticias: la universidad pública de Middlesex va a cerrar el departamento de filosofía porque no es lucrativo.

“La decisión no debía ser convincente en términos académicos, profesionales o pedagógicos”, explica Sarah Amsler. “Era, como lo dijo el decano, ‘meramente financiera’. Siempre lo supimos, pero ya nos lo confirmaron: ninguna filosofía, sin importar qué tan buena sea, puede ser evaluada según los principios del mercado de Max Webber. Y en este mundo de realismo capitalista, nada que busque ofrecer un valor más allá del económico tiene un valor público reconocible. […] Quizás finalmente podremos darnos cuenta de que, por lo pronto, no hay quien escuche los argumentos sobre la importancia de humanizar la educación, sobre el poder de transformación de las ideas y la investigación, o sobre la necesidad de un aparato crítico en medio de un sistema social aterradoramente limitado. Esto no debería sorprendernos después de la larga marcha del capitalismo dentro de nuestras instituciones culturales. Pero nos mantenemos incrédulos”.

Hace más tiempo (principios de 2008), un columnista del New York Times, el académico Stanley Fish, se tomó dos largas columnas respondiendo a la pregunta de la utilidad de las humanidades. Los argumentos que expone son fantásticos y a la vez justifican plenamente a los neoliberales que buscan cuantificarlo todo. Pero, según Fish, el valor de las humanidades reside precisamente en que estas disciplinas no se dejan cuantificar: “La resistencia de las humanidades a reconocer o a postrarse ante un fin ajeno a sí mismas es, justamente, su salvación y su valor. Como lo dice Stacia en palabras más precisas que las mías, ‘el propósito de estas disciplinas no es el de ser herramientas para lograr algo más… ellas mismas son el logro’”.

Coincidentemente, o quizás a la luz de un problema que se está extendiendo a nivel mundial, la versión electrónica del New York Times abrió la sección “The Stone”, moderada por el filósofo y académico Simon Critchley. La sección inicia el debate sobre la filosofía preguntando qué es un filósofo y para qué sirve la filosofía: “El filósofo no muestra respeto por el rango y los privilegios heredados y poco le importa en qué cuna nació una persona. A un filósofo tampoco se le ocurre unirse a un club político o a una fiesta privada. Como concluye Sócrates, solo el cuerpo del filósofo reside dentro de la ciudad. Sus pensamientos, en cambio, están en otro lugar”. Un filósofo es en resumidas cuentas quien se toma tiempo para pensar.

Soy sensible a la discusión siendo estudiante graduada de literatura. Me afecta más la discusión pues he tenido que presenciar en mi trabajo en el Ministerio de Cultura discusiones sobre el presupuesto de la cultura. Sólo como “herramienta para el desarrollo” la cultura ha logrado presentarse bajo un atuendo más o menos digerible. Y aun así, cada peso que se va a cultura es un peso que le duele a Hacienda. (Ni hablar del lugar de la cultura en los planes de gobierno de nuestros candidatos, incluido el Verde.)

Si eso pasa en el Ministerio de Cultura, ¿qué está sucediendo en nuestras universidades públicas y privadas? Seguro ya hay un economista tratando de ponerle indicadores de gestión, índices de rentabilidad y quién sabe qué más medidas a un análisis literario o una digresión filosófica. Si en Middlesex las cartas de filósofos renombrados mundialmente y las marchas estudiantiles no lograron salvar un departamento, no quiero imaginar qué pasaría acá, donde ser literato sigue siendo un chiste de sobremesa o peor, el dolor de cabeza de padres de familia que, consternados, me preguntan si su hijo SÍ tendrá qué hacer cuando termine ESA carrera; una carrera, como ya me han dicho en otras sobremesas, que menos mal yo, que soy mujer, estudié. “Porque, dime, ¿cómo es que un literato mantiene a su mujer y a sus hijos?”



PD: Me gustaría saber qué barrios “bohemios” visitarán los economistas e ingenieros del futuro cuando viajen al exterior, qué cafetín existencialista o qué casa de qué Nobel fotografiarán. Porque claramente sólo muertos (y desplazados a barrios menos chic) valen los artistas, los literatos y los filósofos.



Comentarios y sugerencias: llena.cerebro.leer@gmail.com
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Algunos comentarios que han llegado vía correo electrónico a esta entrada:

Gracias por el artículo sobre la situación en buena medida de las humanidades en esta época gris, no propiamente de "cerebros grises"... aquí en París, se siente también cómo retrocede el modelo social y cultural francés...

saludos
Alberto Bejarano



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Buenos Días Señora Catalina Holguín.

Acabo de leer un artículo suyo en el portal de la revista Arcadia que se titula "Pensar no es rentable".

Quiero señalar antes de escribir lo que se deriva de su artículo, que soy un estudiante de Economía a punto de graduarse.

Comparto con usted la sensibilidad en torno a la percepción de la cultura por parte, no sólo de los gobiernos y candidatos, sino, lo que es más preocupante por el ciudadano en general. El mismo pragmatismo que seduce al individuo afanado y presionado por la sociedad que mide el éxito en términos de ganancia monetaria hace que las discuciones de fondo sean vistas con cierta apatía (No coincidiría con usted en lo de neoliberalismo por cuestiones conceptuales, ya que no me parece adecuada la manera como las teorías surgidas del concenso de Washington se consideran hoy una especie de grosería intelectual, teorías que se han aplicado con cierta "chambonada"). En términos financieros si es posible afirmar que lo deseable se aleja de lo posible, pero quiero aclarar que la Economía es mucho más que la constante evaluación de la viabilidad financiera o rentabilidad. Es más, como Economista, me apasionan las teorías de Amartya Sen por lo que veo la cultura no sólo como una parte del desarrollo ni un efecto de este, sino como un pilar fundamental sin el cuál dicho proceso no es posible. En cuanto a su percepción sobre los economistas, prefiero creer con un poco de optimismo que lo que señala en su artículo no es una generalización. Soy partidario del institucionalismo e igualmente de la pluralidad, creo en los procesos de acción colectiva y en la pluralidad y la diferencia como dinamizadores potenciales de procesos como puede ser el desarrollo. Incluso para mis proyectos investigativos siempre resalto la importancia de la interdisciplinariedad y disfruto de las críticas y aportes que a ellos hacen filósofos, sociólogos y antropólogos. Lo que me preocupa es que se vea al economista como un ser frío en pro de las ganancias de un sector específico, buscando siempre la rentabilidad de cualquier proyecto, cuando desde la academia hemos buscado la posibilidad de un bien común, en todo sentido. Sí, es cierto que con el estado actual de las finanzas públicas, lo posible choca de nuevo con lo deseable, pero limitar nuestro desarrollo al actuar de los gobiernos es algo que va a imposibilitar dicho proceso, cuando la posibilidad de dignificar la cultura, de darle el lugar que le corresponde, reside en el ciudadano común que está oculto en su apatía.

Me disculpo por mi redacción y ortografía que estoy conciente de que no son muy buenas y espero no haber malinterpretado sus puntos. Por último me declaro entusiasmado por saber que hay personas que llevan sus criterios a panoramas menos comerciales y menos populares, en pro de justas causas.

Cordialmente,
Juan F. Castellanos.



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Catalina

Tuve la fortuna de leer tu artículo de opinión en ARCADIA “Pensar no es Rentable” y te cuento que me gustó. Últimamente le he cogido fobia a quienes quieren cuantificar todo y en un desborde de estupidez mensurable intentan en vano cuantificar aquello que pertenece al reino exclusivo de la conciencia por ser eminentemente humano.



Me comunico contigo porque estoy escribiendo un artículo sobre el mismo tema, que pronto publicaré; coincidimos en el mismo camino de la cultura, estoy al lado tuyo, en la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, haciendo análisis sectorial.



Te sugiero http://comunidades.semana.com/entrada-blog/sombra-del-fraude/3413.aspx

Es un artículo que tengo en semana.



Un abrazo y seguimos en contacto.



Alejo Calderón

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Desde que la revista Arcadia tiene nueva presentación Web, sigo tu columna con gran entusiasmo.

En cuanto a tu último artículo publicado allí, es lamentable que la realidad sea así. (Me salió en verso...jeje). La cuestión es que cambiar la culturización de las personas en cuanto a su punto de vista general de la literatura, artes, teatro y etcétera etcétera, es muy complejo. La globalización y el capitalismo han arrancado de las bases humanas precisamente todo "humanismo". Soy ingeniero electrónico, y ello me da para vivir, o sobrevivir en este mundo. Lo que verdaderamente me llena es la literatura. Desde hace cierto tiempo mi esposa me dice que porqué no estudio literatura, o filosofía. o por lo menos lengua castellana, ya que me ve motivado por tales carreras. Lo estoy considerando. Siempre hay que hacer lo que verdaderamente nos apasiona. Esto es una lucha. Valoro tu honestidad en el blog de la revista. Seguiré tu columna, como le he venido haciendo.



Un abrazo.





Hellman Pardo





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