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Tremendo viaje

Catalina Holguín comenta el libro "The Kool-Aid Acid Test" de Tom Woolfe y aprovecha para hablar sobre ácidos, hippies y el género conocido como non-fiction o periodismo de largo aliento norteamericano.

2010/10/04

Por Catalina Holguín

El periodismo de largo aliento, o lo que en Norteamérica han bautizado con el muy general término de “non-fiction”, es una veta que llevo explorando con cierto juicio desde hace un par de años. Me gusta la prosa bien investigada, me gusta tener una selección muy amplia de temas para escoger y me parece que es uno de esos géneros que salvo algunas excepciones (pienso especialmente en Historia de un entusiasmo, 1986), está muy sub explotado en la literatura colombiana. Me he encontrado libros escritos por periodistas realmente fascinantes sobre China (Jan Wong, Peter Hessler, Seth Faison), la industria alimenticia norteamericana (toda la obra de Michael Pollan, la cultura de las drogas (Hunter S. Thomson , Eric Schlosser, Tom Wolfe), historia y viajes por Asia (Will Ferguson, Francois Bizot, Emma Larkin, V.S. Naipaul), historias de supervivencia y muerte en la naturaleza (Jon Krakauer ). En una categoría aparte, por su calidad y su sensibilidad pondría los libros de no-ficción de George Orwell : Sin blanca en París y Londres, Homenaje a Cataluna y El camino a Wigan Pier así como sus ensayos que recientemente reseñó Alejandro Gaviria para la edición impresa de esta revista.

Recién terminé The Kool-Aid Acid Test de Tom Wolfe (publicado en España como Gaseosa de Ácido Eléctrico o Ponche de ácido lisérgico). Escrito en 1968, con la historia aún caliente y fresca, Wolfe logra relatar haciendo uso de un estilo bastante e sui-generis lo que fue el inicio y el boom de la onda psicodélica en los Estados Unidos. El libro de Wolfe se centra en Ken Kesey, autor de One Flew Over the Cuckoo’s Nest (su adaptación al cine fue dirigida por Stanley Kubrick y protagonizada por Jack Nicholson) toma LSD primera vez en 1959 en unos experimentos conducidos por la CIA hasta la etapa psicodélica de los Beatles (ver Lucy in the Sky with Diamonds) en 1967. Kesey es considerado el eslabón entre la generación Beat y los Hippies.

En 1964 Kesey y un grupo de amigos (los bromistas alegres o Merry Pranksters) pintan un bus de colegio de colorinches, empacan toda suerte de drogas y litros de jugo de naranja condimentados con LSD y cruzan los Estados Unidos, desde San Francisco hasta Nueva York, metiendo, filmando, produciendo ruidos y experimentando con los efectos psicológicos y emocionales de la nueva droga que aún no entraba en el radar de la ley. En el camino, Kesey se convierte en una suerte de gurú, o de mesías, y su poder espiritual continúa creciendo exponencialmente después de este viaje, cuando Kesey y los Bromistas hacen la primera toma de ácido colectiva (los llamaban acid tests) el 21 de enero de 1966.

Estas tomas eran fiestas con sistemas muy elaborados de sonido, luces y video diseñados para potenciar el efecto psicodélico del LSD. Para 1967 estas fiestas eran la norma en ciertos círculos de jóvenes gringos. Mientras tanto, Kesey se la pasa huyendo de la policía por posesión de marihuana, que era en aquel entonces aún hoy en día es en los EEUU un crimen bastante serio.

La intención de Wolfe era recrear el estado mental y psicológico de quienes estaban bajo el efecto de los ácidos. Su escritura dista de la norma: es descarriada y exuberante. Se basa en los testimonios de los Bromistas, en las charlas que sostiene con Kesey mientras este paga una breve condena en la cárcel, en las narraciones de todas las personas cercanas a Kesey y en la investigación que Hunter S. Thomson hace sobre la mítica pandilla de motociclistas, los Hell’s Angels, quienes también participan en las tomas de ácido de los Bromistas.

El libro de Wolfe traza un extraño pero vital mapa de la cultura norteamericana de finales de los sesenta que involucra a músicos, escritores, poetas, cineastas y todas esas personas anónimas que se inventaron una estética y una manera de experimentar con la vida.

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