RevistaArcadia.com

Una buena compañía

Catalina Holguín repasa la obra del escritor inglés Julian Barnes, autor de El loro de Flaubert y Nada que temer.

2010/06/25

Por Catalina Holguín



Religio Medici, Sir Thomas Browne



Julian Barnes es uno de esos autores que uno se topa por casualidad o por curiosidad en una librería de viejo y que termina volviéndose imprescindible. Me pasó con Michael Pollan, por ejemplo, en un momento crítico de un viaje que hice por el sureste asiático. No me quedaban libros en la mochila y el chance de encontrar algo decente en inglés o en español era casi nulo. Pero me encontré The Botany of Desire en un cajón polvoroso de una librería y desde entonces consumo los libros periodísticos de Pollan sobre el consumo de alimentos en Norteamérica de manera casi compulsiva.

“Todo este sueño de la democracia consiste en que el proletariado alcance el mismo nivel de estupidez de la burguesía.” (Gustave Flaubert, en El loro de Flaubert)


A Barnes me lo encontré en la librería que quedaba de camino a mi universidad en Montreal. The Word se llamaba este local entapetado, caliente, cubierto de libros y habitado por los vendedores más pedantes y antipáticos de la ciudad. Por más de cinco años me detuve allí dos veces a la semana como mínimo a comprar un libro o dos o tres, pero Julian (el librero) no era capaz de dar una recomendación oportuna o de reservar un libro sin hacer cara de cólico. Su mujer también atendía el local y sólo consideró pertinente saludarme cuando se enteró que era latina suponiendo que yo podría apreciar el hecho de que ella conociera Guatemala. Genial.

“Sólo soy una lagartija literaria que retoza todo el día bajo el gran sol de la Belleza. Eso es todo.” (Gustave Flaubert, 1846, en El loro de Flaubert)


Pues allá conseguí Flaubert’s Parrot (El loro de Flaubert, Anagrama) la novela que lanzó al estrellato a Barnes, escritor inglés nacido en 1946. La novela es una bizarra confección de biografía (la de Flaubert), de crítica literaria (sobre Mme. Bovary), de ficción (el narrador, Bratihwaite, no existe) y hasta de inventario (de definiciones flaubertianas, de preguntas de exámenes de literatura, de citas citables).

Nothing to be frightened of  (Nada que temer, Anagrama) es el último libro de Barnes. Éste no es ensayo y tampoco es autobiografía tradicional, a pesar de que por el libro desfilan los abuelos, los padres, el hermano, y muchos amigos y amigas de Barnes. El libro es más una meditación prolongada sobre la muerte y la religión. Pero al estilo Barnes, o sea, una meditación en prosa llana llena de referencias literarias, citas citables y muy logrados pasajes descriptivos.

“Nos damos ánimos para alcanzar aquel moderno y secular cielo llamado ‘felicidad’: el desarrollo de una personalidad, las relaciones que nos definen, el trabajo que nos provee de estatus social, los bienes materiales, la adquisición de propiedades, las vacaciones en el exterior, los ahorros, la acumulación de proezas sexuales, las visitas al gimnasio, el consumo de bienes culturales. Todo eso nos hará felices, ¿no? ¿No es así? Éste es el mito que hemos elegido.” (Julian Barnes, Nada que temer)

A veces, su obsesión con la muerte parece forzada y por momentos el autor pareciera repetirse. Pero entonces el mismo Barnes levanta la prosa como cualquier campeón de tenis que recoge una pelota imposible en una esquina de la cancha, la levanta con la punta de la raqueta, la eleva y la pasa por encima de la red y de su contrincante para anotarse un punto. Usualmente, esto ocurre cuando el autor cita a Jules Renard, Montaigne, Someset Maugham, Sir Thomas Browne, Flaubert, Stendhal y un largo etcétera. Entonces, la cita, la lectura, que impulsa un nuevo pensamiento, también se revela como una buena compañía en la antesala de la muerte.



¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.