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Alá entre la realeza británica

El compositor John Tavener estrenó su nueva obra sobre los 99 nombres de Alá, comisionada por el príncipe Carlos y estrenada en la catedral de Westminster en plena época de amenazas terroristas sobre Londres. No hubo muchos aplausos...

2010/03/15

Por Juan Carlos Valencia Rincón

El pasado 19 de junio, mientras Inglaterra estaba sumida en el miedo ante la posibilidad de nuevos atentados terroristas, similares a los del verano anterior, el compositor más reverenciado y enigmático del país estrenó su obra nueva en la catedral de Westminster. En un momento en el que el islamismo radical choca de manera directa contra los intereses de las grandes potencias de Occidente, John Tavener presentó su obra The Beautiful Names, inspirada en el Corán y con la cual rendía homenaje a los noventa y nueve nombres de Alá. La obra, comisionada por el príncipe Carlos, fue interpretada en lengua árabe por el coro de la catedral, la orquesta sinfónica de la BBC dirigida por Jiri Beholavek, y por el solista barítono John Mark Ainsley.

Tavener la había compuesto hacía varios años pero escogió este preciso momento para estrenarla. La tensión entre la numerosa comunidad árabe que vive en el Reino Unido y los habitantes anglosajones del país es cada vez mayor. La desconfianza y el temor generados por las guerras en Irak y Afganistán y los atentados de Al-Qaeda están impulsando la adopción de medidas cada vez más restrictivas de las libertades civiles, tanto en Occidente como en los países árabes. Claramente Inglaterra está en la mira de los grupos radicales islamistas y Tavener sabía que en ese entorno enrarecido, el estreno de su obra solo podía causarle problemas, pero ¿qué otra cosa puede hacer un artista en una época como la nuestra? A The New York Times Tavener le comentó: “Supongo que estoy destapando una olla podrida. No tengo idea de qué pensarán los musulmanes de mi obra. No les he preguntado. Pero justo después del estreno en Londres, se va a interpretar en Estambul y allá nadie ha expresado objeción alguna”.

En los días posteriores al estreno la prensa sensacionalista inglesa, que rara vez se ocupa de la música contemporánea, publicó artículos con titulares como “Tavener se volvió musulmán”, una versión completamente inexacta pero que refleja el estupor frente a la nueva obra del compositor, reconocido en Inglaterra por su conmovedora Song for Athene, la cual se interpretó en la abadía de Westminster durante el funeral de la princesa Diana en 1997.

Sin embargo, Tavener no está creando música muy diferente de la que lo ha hecho famoso. El compositor, de sesenta y tres años, ha tenido una carrera bastante inusual en la que la cercanía a la música religiosa ha sido una constante. Nació en Londres en una familia protestante de clase media. Su padre tocaba el órgano en una iglesia y quizás allí se originó el interés de Tavener por la música clásica. Estudió en la Royal Academy of Music y se interesó por la obra de compositores contemporáneos como Boulez, Messiaen y Ligeti. En esos años sufrió una primera crisis religiosa que lo llevó a convertirse al catolicismo.

Su salto a la fama se dio muy pronto con la ayuda inesperada de un grupo de amigos provenientes de la música pop: Ringo Starr y John Lennon se entusiasmaron con su obra y en 1968 grabaron para el sello Apple su composición The Whale, basada en las aventuras de Jonás. Su apariencia personal le debe mucho a ese contacto con el mundo del rock. Tavener usa el cabello largo, jeans y camisas abiertas, para nada el estereotipo del músico erudito. No había cumplido los veinticinco años cuando los críticos del Times y del Guardian ya lo declaraban la gran revelación de la música contemporánea. Se casó con una bailarina griega en 1974. La relación no perduró pero sí su vínculo con Grecia. Tavener empezó a pasar largas temporadas en el país helénico y en 1977 se convirtió a la iglesia ortodoxa. La influencia de esa religión fue decisiva en su música y en su vida: empezó a componer todas sus obras en función de necesidades litúrgicas. Incluso, algunas de sus obras de los años noventa las compuso en compañía de una monja ortodoxa radicada en Inglaterra. Su música, oscura y solemne a la vez que austera, ha sido descrita por algunos críticos como minimalismo sagrado.

En los primeros años del nuevo siglo, Tavener, sin abandonar su fe ortodoxa, ha empezado a abrirse a otras tradiciones culturales y musicales, en particular al hinduismo, el islam e, incluso, el chamanismo, a las que siente liberadoras y que han hecho que sus obras recientes sean consideradas más accesibles: “Alcancé un punto en el que todo lo que escribía era terriblemente austero y amarrado al sistema tonal de la iglesia ortodoxa y sentí la necesidad de ser más universal, de incluir otros colores y lenguajes. Ahora siento la necesidad de divagar más, siempre y cuando todo tenga un sentido metafísico”. En el folleto explicativo del día del estreno en Londres, Tavener escribió: “La misión del hombre es la de unir lo externo con lo espiritual. A eso aspira The Beautiful Names. Y al intentar hacerlo a través del lenguaje musical, trato de contribuir un poco a la sanación interna en medio de la lucha atroz que permea el mundo moderno”.

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