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Aquí el que baila...

La danza contemporánea en Colombia es un asunto de minorías. ¿Por qué si en cada pueblo, en cada esquina del país, la gente baila por naturaleza, aún los espectáculos parecen minoritarios?

2010/02/09

Por Juan David Correa Ulloa

¿A quién se parece Peter Palacio? Tiene pinta de estrella de cine latina o escritor cubano exiliado en Nueva York. ¿Reinaldo Arenas? Viste chaqueta de cuero a lo Al Pacino en Carlito’s Way; un saco de cremallera de licra y pantalón negro. Es canoso. Su piel es morena y bronceada. Su acento es barranquillero. Se la pasa encerrado buena parte del año en una de las salas del Teatro Metropolitano de Medellín desde donde organiza año tras año, desde hace diez, la Temporada Internacional de Danza que este año se celebrará entre el 19 y el 30 de septiembre próximos en Barranquilla y Medellín. Bogotá se perderá el evento pues a Palacio le negaron una financiación por cuenta de un papel. Asuntos de la burocracia. El resto del tiempo Palacio lo invierte ensayando con su compañía Danza Concierto o viajando a festivales del mundo, pues es vicepresidente para Suramérica de la Alianza Mundial para la Danza, el máximo organismo a nivel mundial de la danza contemporánea.

Palacio no se desanima por no poder presentar en Bogotá a las veinte compañías internacionales que vendrán al país. “El año pasado sólo pidieron a Marta Graham para Bogotá, lo demás no les interesó”. Tendrá una cincuentena de años y desde 1996 organiza el único festival de danza contemporánea de Colombia. Como ocurre en muchos de los festivales que se realizan aquí, el de Palacio lleva su sello. ¿No le molesta ese personalismo, qué pasa si mañana se cansa? ¿Se acaba el festival? Su respuesta no es contundente, pero apunta a que sí, a que quizá el festival depende más de su empeño que al de una organización. De su empeño y del apoyo generoso de algunas empresas que permiten que se realice. El ministerio de Cultura le da cincuenta millones de pesos. El festival cuesta más de mil.

La danza contemporánea es quizá la más minoritaria de las artes en el país. Aunque hay un plan nacional de danza, está enfocado sobre todo a la danza folclórica. Colombia es el tercer país más rico en danzas del mundo, proporcionalmente por su tamaño, después de Rusia y España. Palacio dice que el problema es que no se ha pensado la danza como un arte más. Se supone que acá la gente baila de la manera más natural, pero no hay una conceptualización de lo que ello significa. No hay Escuela Nacional de Artes. No hay una formación integral en la que al bailarín profesional se le enseñe historia del arte o de la música. Los esfuerzos se cuentan con los dedos de las manos: Incolballet en Cali, que ofrece un bachillerato con énfasis en danza y cuyos montajes como Barrio Ballet han trascendido las fronteras; El colegio del cuerpo en Cartagena, con el cual Álvaro Restrepo ha logrado tender puentes entre el baile popular y el profesional y ha hecho escuela; la Academia Superior de Artes de Bogotá, Asab, que ofrece una carrera, y el propio Palacio con su compañía en Medellín. Los bailarines, más temprano que tarde, terminan yéndose con sus pasos a otra parte. Casi todos se han formado en el exterior. Palacio mismo vivió veinte años por fuera y participó en ballets y compañías en los Estados Unidos. Después volvió y desde el año noventa y seis organiza el festival.

Un festival que además es bastante particular. Un festival al que cientos de compañías quieren asistir después de un bautizo de fuego que contó con el espaldarazo de Christine Brunel, una francesa que junto a Pina Bausch hacen parte de la época dorada del Tanztheater, una de las compañías emblemáticas de la Alemania de posguerra. Brunel aceptó venir a la primera versión de la temporada y con su respaldo, las solicitudes para participar agobian a Palacio, que se ve al día por lo menos un par de videos de compañías interesadas en venir a Colombia. Además, esas propias compañías han sido solidarias con la temporada y en sus propios países buscan el cincuenta por ciento de la financiación.

Este año la temporada contará nuevamente con la presencia de Brunel. Vienen grupos de Canadá, Italia, Turquía, Argentina, Cuba, México y Francia, entre otros, que se presentarán en las dos ciudades. Además, la temporada está sostenida en una serie de talleres y conferencias que son la única formación con la que cuentan los bailarines que se forman en el país. Palacio dice que lo fundamental con estas temporadas es que la gente se dé cuenta de que es un arte como cualquier otro. Por eso cerrará calles en Medellín para presentar una muestra de Video Danza; habrá funciones en el Parque Cultural del Caribe y en la Plazoleta de la Paz en Barranquilla y en la Plazoleta de la Universidad Eafit, en Medellín. Por ahora Colombia no es fiel al coro de Sandunguera de los Van Van de Cuba que dice: Bailen, que aquí el que baila gana; pero, por lo menos, hay quien cree, como Palacio, en que aún es posible seguir bailando.

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