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Barranquijazz, el segundo carnaval

En la primera semana de septiembre comienza la temporada de jazz en el país. El de Barranquilla, al cumplir once años, trae a artistas de primera categoría como Diego El Cigala, Richard Bona y Edmar Castañeda. ¿En qué radica su éxito?

2010/03/15

Por Diego de la Rosa

Las máscaras y los disfraces están guardados en el fondo del clóset; las comparsas no han empezado siquiera a reunirse y las flautas de millo adornan aún las salas barranquilleras. Faltan siete meses para el carnaval y sin embargo la ciudad se prepara para Barranquijazz, la que bien podría considerarse como su segunda fiesta musical más importante.

El festival de jazz de Barranquilla, que celebra este mes su undécimo aniversario, ha logrado esta privilegiada posición luego de un intenso trabajo de mercadeo cultural y formación de públicos que cada año arroja sorprendentes resultados para una ciudad cuyos espectadores desbordan los escenarios durante las actividades del carnaval, pero se mantienen tímidos e impredecibles el resto del año.

A pesar de contar con el apoyo incondicional de empresarios y benefactores, los organizadores de Barranquijazz manifiestan que es cada vez más difícil la gestión de recursos para echar a andar el festival año tras año. “Con la globalización, las grandes empresas barranquilleras han sido absorbidas por multinacionales que no son tan sensibles a este proceso”, manifiesta Claudia Ríos, coordinadora general de la Fundación Cultural Nueva Música, entidad responsable de la organización del festival. “Afortunadamente contamos con la asistencia del público”, agrega.

Con algo más de veinticinco mil espectadores en su edición anterior, localidades desde veinticinco hasta cien mil pesos completamente agotadas y recintos llenos a reventar en sus presentaciones gratuitas, este festival, especializado en jazz latino, cumplió su primer decenio por todo lo alto. Justo Almario, Kenny Barron, Eddie Palmieri y Cachao fueron algunas de las figuras invitadas en 2006. La ciudad respondió de manera masiva.

Y no es para menos. El público de Barranquijazz, está conformado por una singular mezcla de melómanos emigrados al jazz desde la música popular, solemnes coleccionistas de salsa, estudiantes de música y una considerable cuota de célebres personajes de la clase pudiente que simplemente lo consideran una buena oportunidad para ver y dejarse ver fuera de los clubes sociales. Es justamente este último segmento del público el que permite al festival mantenerse en la cima de la actividad cultural de la ciudad. Cuando se inicia la venta de localidades, los ejecutivos y sus señoras se agolpan en las taquillas del emblemático Teatro Amira de la Rosa y en cuestión de días, como si se tratara de palcos para la Batalla de Flores, la boletería se agota.

Para garantizar estos resultados, la Fundación organiza actividades durante todo el año: presentaciones en vivo, videoconciertos, conferencias, programas de radio, segmentos de televisión, publicaciones a través de su propia editorial, concurso de grupos locales e incluso diplomados sobre jazz que contribuyen a sumar nuevos adeptos cada semana.

La música

Desde sus inicios, la selección musical del Barranquijazz ha estado marcada por las más grandes figuras del latin jazz. Paquito D’ Rivera, Chucho Valdés, Many Oquendo, Papo Lucca, Rubén González, Buena Vista Social Club, Ibrahim Ferrer, Steve Turré, Gonzalo Rubalcaba, Joe Madrid, Hilton Ruiz, Cubanismo, Mezcla, Alfredo Rodríguez, Los Papines, Orlando ‘Maraca’ Valle y muchos otros exponentes del jazz latino han desfilado por los distintos escenarios a los que se ha extendido el festival.

Para los más puristas, sin embargo, el Barranquijazz es “demasiado latino” y exige una cartelera más diversa y apuestas musicales más arriesgadas. Ríos opina que “el público barranquillero se identifica con esta oferta musical por la cercanía geográfica y cultural con los artistas invitados”. Pero aclara que el festival procura siempre “incluir otras expresiones del jazz”. Lo innegable es que la fórmula les ha funcionado en los últimos años y los resultados saltan a la vista.

El investigador Adlai Stevenson, colaborador permanente del festival, asegura que “no es casualidad que una urbe tan musical tenga un festival de jazz que centra todas sus energías en las sonoridades que confluyen en el vasto mar cultural del Caribe”. Según Stevenson, “en Barranquilla se cocinó gran parte del movimiento musical colombiano en el pasado siglo XX y el jazz ha estado desde siempre circulando en clubes y hoteles; programas radiales e interpretaciones propias de orquestas locales”.

Para tratar de entender el éxito de este festival es necesario remitirse a la historia reciente de la ciudad. Si bien Barranquilla fue testigo y protagonista de la vanguardia musical a finales del siglo xix y principios del xx, la teoría generalizada es que la ciudad cayó en una especie de letargo y la modernidad se convirtió en la ilusión nunca cumplida de un pasado glorioso. La música no escapó a este fenómeno.

El carnaval y su otrora reputado Festival de Orquestas, se convirtieron durante décadas en la única referencia posible. Por eso, cuando se inició el Barranquijazz en 1997, las expectativas no eran muchas. Stevenson asegura que el proceso “no ha sido fácil en una ciudad donde los espectáculos musicales se desgastan a fuerza de su invariable repetición”. Hicieron falta varios años de festival para empezar a obtener una respuesta positiva de la ciudad. Así se fue conformando un público que hoy día inunda con multitudinaria presencia todos los conciertos y presentaciones del festival.

Y este año no será la excepción. En su edición número once, el cartel de músicos invitados a Barranquijazz incluye a Rumbatá Big Band, de Holanda; Diego ‘el Cigala’, de España; Randal Corsen, de Curazao; Cedar Walton; Richard Bona; Edmar Castañeda y Poncho Sánchez, de Estados Unidos. Un cartel que abre la temporada de jazz en Colombia.

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