La Orquesta Metropolitana Batuta Bogotá es un proyecto de la Fundación Batuta desde 2002. Crédito: Fundación Batuta.

¿Qué pasó con la Orquesta Metropolitana de Batuta de Bogotá?

Más de 30 músicos manifestaron su descontento con el cambio administrativo de la orquesta, incluida una nueva matrícula para sus miembros y un nuevo límite de edad. Hablamos con la dirección de la Fundación Nacional Batuta sobre el nuevo modelo de la agrupación. ¿Cuál es su futuro?

2017/01/23

Por Daniella Tejada

Nota del editor: este artículo fue modificado un día después de su publicación. 

La Orquesta Metropolitana Batuta de Bogotá, una de las agrupaciones de la Fundación Nacional Batuta, surgió en 2013 para reemplazar a la Orquesta Batuta de Bogotá, que había nacido en 2002. Ambas tenían como fin propiciar un espacio académico de desarrollo musical sinfónico avanzado destinado a los estudiantes más destacados de los Centros Musicales Batuta del Distrito Capital. La única diferencia es que la Metropolitana tenía metas mucho más ambiciosas, entre ellas dar conciertos alrededor del mundo y contar con solistas de primer nivel. Después de cuatro años funcionando como La Orquesta Metropolitana Batuta de Bogotá, este año regresó al modelo de la Orquesta Batuta de Bogotá con el fin de garantizar su sostenibilidad y algunos de los cambios de la transición han generado descontento entre unos sus miembros.

Como explica María Claudia Parias, presidenta ejecutiva de la Fundación Nacional Batuta, se decidió regresar al antiguo modelo por razones financieras: “El proyecto de la La Orquesta Metropolitana Batuta de Bogotá era fascinante pero contaba con el problema de que no tenía garantizada su sostenibilidad financiera. Desde 2013, cuando surgió, los costos ascendieron a un promedio de 500-700 millones de pesos al año. Y cuando se hicieron los esfuerzos para hacerla viable, hablando entre otras con el sector privada, la meta no se alcanzó”.

El pasado domingo 22 de enero, cerca de 30 músicos de la agrupación -así como otros músicos independientes- dieron un pequeño recital en la Plaza de Bolívar para mostrar su descontento con los nuevos cambios administrativos y presupuestales que hicieron las directivas, entre ellos el hecho de que ahora se va a cobrar una matrícula, cuando antes era completamente gratuita. El nuevo valor de ésta oscila entre $600.000 y $1.700.000, según el Centro Musical y el estrato socioeconómico al que pertenezca el estudiante. Para Parias, esa medida era necesaria para garantizar la supervivencia de la orquesta. Además, afirma, es normal que se pague matrícula, pues no se trata de una orquesta profesional, sino de un proyecto de formación musical (en todos los centros Batuta se cobran matrículas). Por otro lado, argumenta, estas apenas cubren “el 30 por ciento del costo real de funcionamiento. El 70 por ciento lo pone Batuta, como ocurre en los centros musicales”.

Otro de los temas que generaron descontento entre los estudiantes es que la Fundación Nacional Batuta acordó en diciembre del año pasado un límite de edad para quienes se interesan por ser parte de la orquesta. Antes podían ingresar jóvenes desde los 13 hasta los 25 años, y ahora, según las nuevas medidas, pueden ingresar desde los 12 hasta los 22 años. En otras palabras, los ocho músicos mayores de 22 años (son en total 108) tuvieron que abandonar la orquesta. La decisión, explica Parias, se hizo de acuerdo con el regreso al modelo anterior, para alinear a la orquesta al papel de Batuta como un programa para la formación musical de niños y adolescentes. "No es nada nuevo, es alinearlo a las políticas académicas y nacionales de Batuta", dice.

Los músicos Jenny Pineda y José Luis Prado, quienes llevan más de 11 años en los procesos de formación de Batuta, fueron los encargados de organizar la reunión del domingo en la Plaza de Bolívar. Según ellos, el descontento comenzó cuando la Fundación Batuta no les garantizó su apoyo para asistir en enero al Festival Internacional de Música en Cartagena. Los músicos se ganaron el cupo para presentarse en el evento, pero por motivos presupuestales la organización no los apoyó. La historia, sin embargo, es más compleja. Parias explica: “El festival incluyó a La Orquesta Metropolitana Batuta de Bogotá en la programación de este año. El problema es que el evento no cubría ni un solo. Mover una orquesta es de las cosas más caras que hay en el campo de la circulación de las artes. Se trata de conseguir aviones, hoteles, acompañantes, entre otros costos, para 108 personas. Cuando le mencioné esto a la junta, se hicieron trabajos de gestión en empresas privadas, con cooperación internacional y no se consiguió la plata. Los niños perciben que es culpa de nosotros, pero me muero de la pena, no tenemos la culpa de que nos hayan invitado sin asumir un peso. Si ua tengo hueco de 700 millones de pesos, no puedo generar otro”.

Según el comunicado de la Fundación Batuta, "la Junta Directiva de la Fundación tomó la determinación de finiquitar el modelo de la Orquesta Metropolitana Batuta y propuso la creación de un mecanismo de continuidad en la profundización de la formación sinfónica para los beneficiarios directos. Por tal motivo, la FNB está relanzando la Orquesta Batuta Bogotá como modelo que demostró, en el pasado, su efectividad tanto en términos formativos como en sostenibilidad artística, cultural y social".

Parece que a pesar de los esfuerzos de gestión realizados por la FNB, la sostenibilidad financiera no se garantizó por los altos costos fijos, la gratuidad total del proceso para los más de 90 participantes, la carencia de apoyo permanente de asociados privados y la falta de resultados de la estrategia de mecenazgo denominada Campaña Batuta. En el fondo, más allá de la decisión de la junta directiva, lo que se está abriendo en el país, con casos como este, es la idea de que la cultura tiene que ser sostenible en términos económicos, lo cual parece ponerle retos altísimos y muy difíciles de cumplir a las instituciones culturales del país. La respuesta a la crisis de la orquesta por ahora parece incierta.

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