Charles Bradley nació en Gainesville, Florida, en 1948. Foto: © 2016 FFJM - Lionel Flusin

Charles Bradley: el 'soul' en cuerpo y alma

Con su ronca y potente voz que cala hasta los huesos, con la brutal honestidad de sus canciones, con su conmovedora historia de fama tardía, el mejor “soulman” de hoy cautivó al público en el festival suizo. Crónica.

2016/07/08

Por Natalia Ruiz Giraldo

El lago Lemán brilla bajo el sol de julio, reflejándose como un espejo inmenso sobre los imponentes Alpes suizos. En medio de este paisaje apacible se encuentra Montreux, una localidad de tan solo 18.000 habitantes pero que desde 1967 se impuso cada verano como la cita obligada de artistas y amantes de la música.

En este séptimo día de festival, el Auditorio Stravinsky está a reventar, listo para vibrar al ritmo de la soul y el funk. “Señoras y señores, con ustedes Mister Charles Bradley”, anuncia, -como se solía hacer en antaño-, el organista de la banda Michael Deller, desbordante de energía.

El mejor “soulman” que existe hoy sale al escenario como una aparición, vestido de una larga bata de seda azul rey. Bajo ésta se adivinan una camisa con una calavera bordada de lentejuelas que le cubre todo el torso, una chaqueta blanca y un pantalón bota campana blanco.

Con su voz ronca y potente entona No time for dreaming, el éxito que lo llevó a la fama en 2011. Para esa entonces Charles Bradley tenía 63 años y pocas esperanzas de convertirse en estrella. Su vida tiene todos los elementos de una película de Hollywood: vivió en la pobreza, luchó contra la enfermedad, durmió en la calle, se ganó el pan con cuanto trabajo encontrara e imitaba, por su parecido físico, a James Brown. Sin embargo, las vicisitudes llegaron a su fin luego de que el productor Gabriel Roth lo descubriera en un club de Nueva York. El sello discográfico Daptone Records decide contratarlo y hoy es uno de sus artistas principales.

Cada una de sus canciones hace eco de sus experiencias. Su voz desgarrada y llena de sentimiento cala hasta los huesos. Con su rostro expresivo, lavado en sudor y marcado por el tiempo, interpreta ahora una versión gospel de How long. Un tema, casi un lamento del corazón, y uno de los momentos más teatrales de su presentación en el que pregunta de rodillas, con el micrófono a cuestas como una cruz: ¿hasta cuándo debo ver tanto odio en este mundo?

“Hermanos y hermanas, los amo, los amo”, dice Bradley, lanzando besos al público que lo aclama mientras sale del escenario para cambiarse de vestuario. El show queda a cargo de His Extraordinaires, banda originaria de Brooklyn, Nueva York, que lo acompaña durante este tour. Los cinco músicos complementan a la perfección al soulman,-quien les dobla en edad-, con derroche de energía y haciendo vibrar a las 4.000 almas presentes hasta hacerlas bailar al ritmo de funk. Un abrebocas que prepara para la segunda parte del show.

Charles Bradley regresa fresco como recién salido de la ducha pero con la misma intensidad, esta vez con un conjunto de pantalón y chaqueta en terciopelo ocre y una camisa dorada. Con You put the flame on it, tema incluido en su segundo álbum “Victim of love”, le canta al amor y a la pasión. Con una mano en la cintura desfila de un lado al otro del escenario, se da vuelta, agita las caderas  y da golpes de pelvis. Tiene al público en su mano y este se deja llevar, respondiéndole con gritos de euforia.

Entre canción y canción predica mensajes de vida. “Yo me fui de mi casa luego de un diferendo. Y hoy les pido que si alguno de ustedes entró en contienda con algún familiar, lo busque para reconciliarse, antes de que esa persona deje de estar”, lanza Bradley ante los aplausos y la mirada conmovida de los asistentes.

Parte de ser artista es amar a su público, un requisito que este showman cumple a cabalidad. Cada palabra que le dirige va llena de sentimiento, como si quisiera brindarle a cada uno de los presentes todo el amor que le faltó recibir y dar durante gran parte de su vida. Así lo demuestra una vez más al interpretar It ain’t a sin, de su último disco “Changes”. Lanza en tono de súplica con un grito desgarrado: “Its my turn to love and be loved / Its my turn to get out in the world and let my spirit speak”.

Luego de dos horas de concierto en una atmosfera de energía continua, no cabe duda de que Charles Bradley es un artista único en cuerpo y alma. Él goza su éxito tardío a plenitud y con él, su público. Lejos de dejarse embelesar por la fama, el bien apodado “Screaming Eagle of soul” mantiene los pies firmes sobre la tierra. Por eso termina su show lanzando rosas y bajando del Olimpo de las leyendas para abrazar a los asistentes, aun cuando la música ha dejado de sonar.

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