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Con el alma arañada

El público de Bogotá se prepara para recibir a Cat Power, una de las artistas de mayor prestigio de los Estados Unidos. A través de sus discos, siempre emocionales, puede descubrirse a una artista adolorida, visceral y rota, en el mejor momento de su carrera.

2010/03/15

Por Lucas Guingue

De acuerdo tanto con las letras de sus canciones, como con las noticias de su vida personal y artística, Chan Marshall o Cat Power ha llevado una existencia agitada al estilo de muchos músicos: pasajes oscuros y enmarañados, familias disfuncionales, estados profundos de depresión, lágrimas y licor: “Hemos vivido en bares y bailado en mesas/ hoteles y barcos que parten/ nadamos con tiburones y volamos en aeroplanos por el aire” canta en “Lived in bars” de su trabajo The Greatest, de 2006. Marshall nació en 1972 en el estado de Giorgia, en una familia de músicos de jazz alicorados. Conoció desde joven el nomadismo que caracteriza su oficio, y se crió entre amigos músicos, junkies y “ocupas”. Llegó a Nueva York a los 20 años de edad. Podría decirse que fue allí en donde comenzó su carrera realmente. Y lo hizo con las dificultades que suponía su inclinación a la bebida, y tener los bolsillos vacíos. Debió descargar camiones de carne, y sortear la duda de si debía continuar con la música o huir a lugares recónditos. Pero las noches eran largas y Chan se sumergió en la escena musical avant-rock del East Village, caracterizada por la diversidad y la experimentación de bandas con sonidos extraños, heredados de la escena No Wave o post punk de Nueva York, el indie rock y la lo-fi de producción casera.

Un recorrido por su música nos cruzará con canciones que ponen los pelos de punta y obligan a contener un súbito ataque de lágrimas. Cuando se tiene familiaridad con sus letras no sorprende escuchar colapsos de llanto en escena, que van de la mano de la costumbre de detenerse en la mitad de las canciones para iniciarlas de nuevo “como deben ser”. Su música es una sinfonía interminable que evoca el más profundo y sublime dolor del alma: es la experiencia humana a través de la tristeza y el sufrimiento. No obstante, su obra deja espacio para canciones cálidas y placidas, en las que el dolor toma forma de nostalgia y deja filtrar rayos de una mesurada alegría y esperanza.

Es fundamental entender que su carrera, iniciada en los primeros años de los noventa, ha sido un proceso impecable de transformación y depuración. De eso dan muestra sus ocho discos de estudio. Por lo mismo, ha sido clasificada bajo una paleta de etiquetas que a primera vista podrían parecer contradictorias: indie rock, lo-fi, acoustic, country rock e inclusive blues. Sus primeros discos parten de una juventud de sonido neoyorquino callejero, con un fuerte sabor a PJ Harvey, en el que poco a poco va progresando una pasión por Dylan y la música tradicional de guitarra y voz norteamericana.

Entre 1995 y 1998, Marshall grabó cuatro discos en los cuales ocurre la primera etapa de esa metamorfosis. En Dear Sir (1995), Myra Lee (1996), What would the community think? (1996) y Moon Pix (1998), el sonido parte de cierta rudeza y una voz capaz de lamentarse en aullidos, pero paso a paso va dejando atrás lo crudo y el lo-fi para inclinarse hacia lo que es hoy. En el mismo periodo se mantiene una combinación de su esencia en canciones de solo guitarra y voz, pero van desapareciendo las disonancias y las guitarras intencional y sutilmente desafinadas de los dos primeros discos. Surgen nuevos instrumentos como el piano (que después ejecutará), arreglos en órgano, flauta, xilófono y violines.

Es evidente que la carrera de Cat Power, disco tras disco, ha sido una conquista del dominio de la voz. De los gritos, a un estilo fino y lejano de inocencias callejeras juveniles. Pero también de una conciencia clara de que le debe mucho a los demás, asunto por el cual incluye versiones de sus canciones favoritas en varios de sus discos: “Still in love” (original de Hank Williams), “Moonshiner” (canción tradicional inspirada por Bob Dylan), y “Bathysphere” (de Bill Calahan, quien fuera compañero afectivo de la artista). Este interés y la buena acogida de las versiones en voz de Cat Power se concretaron en la producción de The covers record (2000), que se constituye, tal vez, como el final de su primera época. Este disco incluye canciones de Bob Dylan, Lou Reed, David Bowie, algunos clásicos country tradicionales como la fabulosa “Salty Dog”, y una genial versión que le da nueva vida a la tan gastada “I can’t Get no Satisfaction”.

Tres años después, y en su sexto disco You are free (2003), su carrera ascendió de manera exponencial. Musicalmente tiene un carácter particular frente a los demás, pero a la vez los contiene a todos; es muy equilibrado en cuanto a las diversas facetas de Cat Power, pues allí están presentes el pasado, el presente en el que se produjo, y el futuro que se materializaría en los posteriores discos. Su producción es la más moderna y hi-fi de su carrera. Fue realizada en Los Ángeles a cargo de la misma Marshall en equipo con el ingeniero Adam Kasper (Nirvana, Sound Garden y Pearl Jam), y con la colaboración de personajes famosos como Dave Grohl (ex baterista de Nirvana) quien toca en una canción, y de Eddie Vedder (Pearl Jam) quien aporta la voz masculina que se puede oír en “Evolution”. Canciones como “Free”, “He war”, “The Werewolf Song”, y “Fool”, son buenos ejemplos para comparar las distintas facetas de Marshall.

En 2006, apareció The Greatest, el disco más maduro y contundente hasta hoy grabado. Este trabajo parece ser el resultado exitoso de su búsqueda en materia de estilos y pureza musical. Es un disco magistral con nuevas canciones propias donde hay un gran salto si se lo compara con los anteriores. Es un trabajo, qué duda cabe, que tiene el enfoque y el tino de la madurez. Fue grabado en el histórico Ardent Studios en una suerte de peregrinación a la mítica ciudad de Memphis, en el que la acompañan varios músicos consumados de jazz, soul y R&B de los setenta organizados como la Memphis Rhythm Band (algunos de ellos veteranos de la banda del sello Hi Records de Al Green). La misma Marshall confesó cierta timidez al verse en la posición de tener que dirigir músicos adultos a quienes admiraba profundamente. Así, es evidente que el trabajo con The Memphis Rythm Band marcó también un hito en su carrera: es su obra maestra, en la que se destacan canciones como “The greatest”, “Lived in bars”, “Willie” y “The moon”.

Desde entonces, y con mayor claridad, su voz suele cantar a la nostalgia del amor no consumado, al amor que se desvanece, que se fuga o se transforma en un fantasma que devora almas. La melancolía de Chan Marshall reside en el desierto infinito del desamor y los dolorosos tropiezos de la experiencia afectiva. Es una mujer de talento musical excepcional y portadora de una voz de una belleza sobrehumana que hace juego con una dulzura física endurecida por el licor y el cigarrillo. Su voz es rica en cuerpo y tiene fronteras carrasposas que enmarca una abrumadora expresividad. Sus canciones parecen resultar de un proceso alquímico donde las lágrimas se transmutan en música de hermosura dolorosa. “Oh the werewolf, oh the werewolf / comes stepping along / he don’t even break the branches where he’s gone / Once I saw him in the moonlight, when the bats were a flying / I saw the werewolf, and the werewolf was crying / Cryin’ ‘nobody knows, nobody knows, body knows / how I loved the man, as I teared off his clothes’ / Cryin’ ‘nobody know, nobody knows my pain / when I see that it’s risen; that fool moon again” (“The Werewolf Song” - You Are Free, 2003).

Cat Power es una artista que se ha estilizado de forma dramática –sí, con drama– en un periodo de quince años y llega a Bogotá en el momento más alto y maduro de su carrera, respaldada por la buena reputación de las recientes giras. En el transcurso de ese periplo, ha pasado de ser simplemente la chica con su guitarra, a dirigir una gran banda con coristas, órgano, piano y violines, además de batería, bajo y guitarras eléctricas. No obstante, el más reciente grupo de apoyo que acompaña a la cantante se denomina los Dirty Delta Blues (órgano, piano, bajo, guitarra eléctrica y batería), y son una estructura un poco reducida en comparación con la inmediatamente anterior, pero sin duda aseguran la misma madurez, contundencia y solidez rítmica. El concierto, es probable, se concentrará en canciones de The Greatest (2006), y de su muy reciente Jukebox (2008), aunque con fortuna podremos oír algunas otras de sus anteriores discos. Sobre este último álbum es pertinente decir que su extensión es algo exagerada (casi veinte canciones), y que se trata de un segundo disco de solo versiones construido en vivo en el estudio, que se ve opacado por la anterior obra maestra y por el cautivante The Covers Record (2000). Sin embargo, sería atrevido, injusto y poco inteligente desconocer su excelente factura, el sonido sólido de la banda de apoyo, y el asombro que producen joyas como “Silver Stallion”, “She’s Got You”, y “Blue”, entre otras. El concierto de Cat Power en Bogotá es tal vez el más importante de esta temporada en la ciudad, pues no se trata de una estrella de otros tiempos que busca escenarios fronterizos para compensar vacíos en su agenda. Nos visita una artista en su mejor y más sólido momento.

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