Carla Morrison es una de las estrellas del Festival Centro.

¿Conoce a Carla Morrison?

Esta cantante mexicana se presentó en el Festival Centro. Tiene una de las voces más interesantes del panorama musical latinoamericano y una propuesta que ha conmovido a cientos de fanáticos. Las entradas para su concierto se fueron volando. ¿Todavía no la conoce? Arcadia habló con ella antes de que aterrizara en Bogotá, aquí se la presentamos.

2012/01/19

Por Revistaarcadia.com

La voz de Carla es dulce, muy dulce. Y su música es sensible, muy sensible. Nace de la balada pero se nutre de sonidos contemporáneos que hacen que sea inusual, auténtica, honesta, vanguardista. Además, mezcla la melancolía y la felicidad. En ciertos momentos se sienten sus raíces mexicanas, pero al instante estas se confunden con ritmos anglosajones que luego se pierden en guitarras de balada pop. No es fácil rotularla con un género, pero tampoco es necesario.

Carla Morrison es mexicana y ha cantado desde que tiene memoria. A los 14 años hacía poesía y a los 19 se atrevió a presentar su música. A partir de ese momento empezó a ganar reconocimiento, hasta llegar a Natalia Lafourcade, quien se convirtió en su ferviente admiradora y le propuso producir su segundo disco, “Mientras tú dormías”, que le siguió a su primera producción, “Aprendiendo a aprender”.

Cuando Carla decidió que quería dedicarse a la música, entró a estudiar en la Universidad de Arizona, pero pronto se dio cuenta de que la academia no era lo suyo. Ella quería crear, pararse sobre el escenario, ser escuchada, y la universidad obstaculizaba esa búsqueda. “Si te quedas clavado en la escuela no puedes explotar la posibilidad de componer, de salir a la calle, a los bares, a los shows, así que me decepcioné, porque yo sentía que no me enseñaban lo que quería aprender y porque no pasaba de grado –le cuenta Carla a Arcadia días antes de su presentación en el Festival Centro–. Yo todo lo hacía por oído y pensaba que eso era lo que valía, ser ágil con la música, y en la universidad todo era blanco y negro, eso no me gustó mucho y me salí”.  

Carla soltó las amarras y se atrevió a confiar en su talento. Empezó a trabajar con una banda, que se llamó Babaluca, pero luego emprendió el camino sola. “A mí me gusta mucho más ser solista –asegura Carla–. Al principio fue raro porque todo depende de ti, de tus decisiones, de tu opinión, de tus ideas...  Ya no tienes a alguien diciéndote que está bien o está mal. Si la música se oye mal es tu culpa, nada más. Ya después dije: ‘Esto está increíble’. A mí me encanta estar sola porque, si tienes una idea clara de lo que buscas, es facilísimo manejar a los músicos y llegar a donde quieres”.

En un principio, Carla no tenía músicos que la acompañaran, así que se encargó de producir todos los sonidos de sus canciones. En vivo construía su música con capas de segundas, terceras y cuartas voces de ella misma. A veces resultaba abrumador, pero se convirtió en parte de su show y le encantaba que su público conociera su proceso creativo. “Yo tenía una caja de ritmos y todo lo iba grabando al momento. Yo construía todo: el bajo, el teclado... hacía la batería con mi boca, los semilleros con mis dientes... Mis canciones duraban como siete minutos porque todo lo construía al momento”.

Después, poco a poco, consiguió los músicos que la acompañan hoy. Luego llegaron el reconocimiento, Lafourcade e incluso Julieta Venegas, con quien ha compartido escenario en varias ocasiones. Ahora no imagina su vida sin la música y agradece a Dios por su voz –su herramienta musical preferida–, aunque confiesa –con tono burlón– que, en ocasiones, siente que asume un papel humillante por arriesgarse a decir lo que muchos guardan en secreto. “Cuando yo compongo, trato de expresarme con lo más puro y lo más honesto que pueda sentir. Trato de que mis canciones reflejen eso que muchos no nos animamos a decir. Eso me parece muy importante y, a veces, humillante, porque todo el mundo debe pensar que soy una persona súper emocional, pero realmente no es así, yo solo trato de explotar al máximo las historias que vivo y que conozco”.

A pesar de la humillación, para Carla, la música es una herramienta de recuperación, liberación y experimentación a la que seguirá acudiendo para el placer de su público.

 

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