El músico inglés David Byrne estará en bogotá hablando sobre las bondades de la bicicleta.

David Byrne en campaña

Tras visitar Brasil, Argentina, Chile, Perú y Ecuador, David Byrne estará en Colombia el 23 de julio, para hablar en el Centro Cultural Gabriel García Márquez de Bogotá sobre la importancia de movilizarse en bicicleta. Lo hará con el candidato a la alcaldía Enrique Peñalosa. Arcadia lo entrevistó camino de Ecuador.

2011/07/19

Por Juan Fernando Andrade

Conocí a David Byrne en su estudio de SoHo, el barrio chic de Manhattan. Esa tarde respondía preguntas para La casa del ritmo, un documental sobre la banda venezolana Los Amigos Invisibles que realizadores ecuatorianos estrenarán próximamente. Byrne, vestido enteramente de blanco y sólo un poco más grueso que cuando apareció en Los Simpsons, empezó recordando cómo se enganchó con la música latina, relación estable que en 1990, dos años después de la separación de su banda Talking Heads, lo llevó a fundar Luaka Bop: sello discográfico dedicado a distribuir música de todo el mundo. Byrne contó que todo fue producto de la casualidad, mientras sus amigos coleccionaban discos de rock él prefirió apostar por la variedad y buscar algo que se pudiera bailar. “Por suerte era un músico exitoso y podía comprar muchos discos. La verdad, me fijaba en las portadas y compraba todo lo que pareciera distinto. Grababa cintas para mis amigos y ponía tanto esfuerzo en esas pequeñas compilaciones que un día dije: quizás pueda hacer esto legalmente”. Y así fue.

 

La casualidad ha sido clave en su vida. Nació en Dumbarton, Escocia, en 1952, dos años después su familia se mudó a Canadá y finalmente a Estados Unidos, donde el joven David estudió en la Escuela de Diseño de Rhode Island y en la Facultad de Artes del Instituto de Maryland; su formación musical, de hecho, es puro oído. “Siempre supe que la música sería parte de mi vida, pero jamás imaginé que sería una parte tan importante”, confesó Byrne, que en 1987 ganó un Oscar, un Globo de Oro y un Grammy por la banda sonora que compuso junto a Ryûchi Sakamoto y Cong Su para El último emperador, de Bernardo Bertolucci. Apuesto que tampoco pudo adivinar que su hábito de recorrer Nueva York en bicicleta, extravagante a principios de los 80, lo convertiría en escritor y en una especie de activista cool.

 

Durante el mes de julio, Byrne visitará seis países latinoamericanos no como músico sino como conferencista, presentando Una conversación para evolucionar, la charla-performance con la que defiende su campaña por dejar el auto y subirse a la bici. Los actos servirán también como la presentación informal de Diarios de bicicleta, el libro de memorias sobre ruedas que Byrne publicó originalmente en el 2009 y que, sobre todo, es una declaración de principios, un greatest hits de opiniones sobre los temas más diversos y el recuento de un estilo de vida fascinante.

 

Decidí enfrentarlo contra sus propias palabras en una entrevista a distancia y esto fue lo que sucedió. Damas y caballeros, con ustedes David Byrne.

 

Si, como dijo alguna vez, “lo visual a veces te dice cómo escuchar”, ¿puede lo visual decirte cómo descubrir una ciudad extraña en bicicleta?

 

A veces no vemos lo que está justo en frente de nosotros, solo lo que estamos preparados para ver, como si el resto de cosas simplemente no pasaran (por lo menos el 50% de nosotros somos así). Si ves a un músico golpear algo o tocar un instrumento te das cuenta de lo que está añadiendo a la música, si no quizás ni siquiera escuches la parte que está interpretando. Solo escuchas lo que ves.

 

¿Cómo andar en bicicleta por una ciudad que no conoces?

 

Suelo empezar buscando la plaza central, un museo, un monumento, un río. Usando estos lugares uno puede retomar los pasos que permitieron que la ciudad creciera, que se convirtiera en lo que hoy es. No confíes enteramente en los locales, a menudo subestiman cosas como estas… aunque hay excepciones. Los locales tienen su propio mapa mental que funciona principalmente para sus vidas privadas, han interiorizado mucho de su ambiente y ya no pueden ver que aquello que los rodea es especial.

 

“… Andar en bicicleta, en muchos países, implica pobreza”. Latinoamérica es un ejemplo perfecto de eso, así como de comprar y manejar un auto como símbolo de estatus y progreso personal. ¿Podría darnos la receta para esta enfermedad?

 

Wow, no soy un experto cambian-?do percepciones, pero a riesgo de sonar sexista, me imagino que si más mujeres empiezan a montar bicicleta entonces los hombres, de todas las edades, seguirán el ejemplo.

 

“…Tengo la urgencia de ver mis a ratos aleatorias andanzas como si tuvieran una trama, un propósito guiado por alguna historia escondida”. ¿Cuál es esa historia?

 

Nos gusta pensar que teníamos que llegar hasta donde llegamos, que hay una razón para que nuestras decisiones anteriores nos hayan conducido a este instante. El presente, en este escenario, se convierte en algo inevitable. Es absurdo. Esta narrativa imaginaria, personal y nacional, tiene que ser acomodada para justificar dónde estamos a cada momento, con quién vivimos y en qué situación. Es al revés: el presente reescribe el pasado. Imaginamos millones de narrativas alternativas (que desechamos de inmediato) mientras avanzamos y aceptamos solo aquella que, inevitablemente, nos llevó al lugar donde estamos.

 

“Me di cuenta de que en ese momento la ironía me interesaba más que la utopía”. Ese momento fue hace cuarenta años en San Francisco. ¿Le interesan más las utopías ahora, ¿no es utópico pensar que el mundo entero irá en bicicleta al trabajo?

 

La ironía me interesa mucho menos ahora, por lo menos eso creo. ¿Acaso eso significa que tengo que ser un utópico idealista? Pensar alrededor de líneas ideológicas y absolutistas es peligroso, muchas ?acciones horribles a gran escala se han justificado como el resultado de un sueño utópico o una ideología rígida. Entiendo que no todo el mundo encuentra la bicicleta como algo práctico, así como entiendo que las industrias de automóviles y combustibles están bien consolidadas y lucharán con fuerza para mantener su dominio. He visto ciudades donde alternativas para el transporte han sido incrementadas, y algunas de ellas están funcionando, no es utópico esperar que un proyecto que funciona de maravilla sea copiado y adoptado en otros lugares, es simplemente pragmático y realista.

 

Usted se refiere a la administración Bush como “El Imperio del mal”. ¿Cómo definiría el periodo de Obama?

 

Me da pena por Obama, le tocaron unas cartas muy malas para jugar. Me habría gustado que fuese más enérgico con Guantánamo y otros asuntos, pero sus antecedentes como coordinador de comunidades lo obligan a comprometerse y negociar. Al menos así es como lo veo. Es desafortunado que sus asesores económicos sean todos del Goldman Sachs y otros bancos igual de gigantes. ¡No es ninguna sorpresa que aún no existan regulaciones bancarias! Cualquiera que deba lidiar con un mundo post crash económico va a ser culpado por el dolor que la gente está sintiendo, incluso si sus predecesores (Bush y Clinton) fueron los que pavimentaron la vía para el desastre.

 

“La mejor vigilancia es hacer pensar a todos que están siendo vigilados” ¿Siente que lo vigilan?

 

El Concejo Nacional de Seguridad tiene la ambición de vigilarnos a todos, tienen edificios enteros donde guardan nuestros correos electrónicos, llamadas de celulares y mensajes de texto. Más y más de estos edificios están siendo levantados a un costo inmenso. Por supuesto, lo que nos salva es su incompetencia, nunca podrán filtrar u organizar toda esa información. Por encima de todo es un triste desperdicio y una comedia negra.

 

He hablado sobre la invasión a Iraq antes, me he juntado con otra gente para publicar avisos sobre eso en algunos de los diarios más importantes del país, así que no me sorprendería si estoy en una lista de vigilados; la administración Bush fue muy eficiente silenciando y desacreditando a sus críticos. Pero me imagino que no soy tomado como una amenaza seria, así que aún no me han tocado.

 

“Casi todos nosotros, de cualquier raza, tenemos algo de qué arrepentirnos.” ¿De qué se arrepiente?

 

Soy británico y fui bautizado en honor a un ancestro que fue misionero en África a comienzos del siglo XX. Mi madre estaba (y aún está) especialmente orgullosa de que hubiera un misionario en la familia. Yo, siendo de otra generación, siento más o menos lo contrario. Entiendo el contexto histórico, pero no puedo evitar pensar que los misioneros vinieron (y aún vienen) a borrar las culturas indígenas disfrazados del cristianismo benevolente, la medicina o la educación, permitiendo así el colonialismo y las industrias que vienen con eso. Nunca le diría esto a mi madre (estoy asumiendo que ella no lee Arcadia).

 

“Por ejemplo, si estoy escribiendo una canción, no quiero crítica sincera”. ¿Cómo sabe cuando un nuevo proyecto (canción, libro, instalación) está listo parta conocer a otra gente?

 

Hay un momento de fragilidad en todo lo que se está formando –una canción, una relación, un niño–, cuando incluso la crítica más sincera y constructiva puede ser devastadora. Si viene muy temprano, siembra la semilla de la duda y puede que las cosas nunca lleguen a ser lo que podrían haber sido. Sé que hay momentos en los que siento que una canción puede ser un trozo de oro o una montaña de mierda, no siempre sé cual de las dos. Necesita tiempo para que se convierta en lo que quiere ser, por lo menos en las primeras etapas de gestación. ¿Cuándo será lo suficientemente fuerte para defenderse por sí sola

¿para resistir la crítica? Si se le ha permitido crecer lo suficiente para establecer una identidad que sea sincera y no comprometida, entonces probablemente está lista, aun cuando se convierta en algo que la gente no ame de entrada.

 

“El mundo no es lógico, es una canción”. ¿A qué suena esa canción?

 

Lo que quise decir con eso es que no actuamos ni nos relacionamos los unos con los otros de maneras enteramente lógicas y racionales, que hay otro tipo de conexiones, otros tipos de lógica, que son más poéticas, más musicales. De manera similar a como una pieza musical lo mueve a uno emocionalmente, uno no siempre se comporta de acuerdo al plan. Una canción funciona cuando las expectativas (musicales y líricas) son ligeramente violadas, cuando no puedes predecir exactamente qué es lo que va a pasar aunque luego pase y se sienta bien, aun cuando no era lo que esperabas. Eso es lo que quiero decir.

 

 

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