El grupo Ojos de Brujo en concierto.

Desde la planta de los pies

El grupo de hip hop y flamenco más energético del Mediterráneo pasó por Colombia. Diez años después de su primera presentación en el país, la banda volvió con disco nuevo y la buena onda de siempre.

2010/03/16

Por Jorge Patiño

Décadas antes de que el mundo hablara de la globalización y de la world music era más fácil clasificar los discos. Un melómano ordenado podía tener una parte de su estante con discos de jazz, otra con rock, otra con tango y así sucesivamente. El problema es que, con el paso del tiempo aparecieron grupos como Ojos de Brujo, que se definen a sí mismos como un grupo de “hip hop y flamenquito”, lo cual obliga a pensar en dónde se pone la música, por lo cual es más sensato poner los discos en orden alfabético.

Aun así, la definición del grupo se queda corta, porque entre ese hip hop y ese flamenquito, hay algo de son cubano y algunas percusiones interpretadas con tablas de la India. Al decir que Ojos de Brujo tiene un poquito de aquí y otro tanto de allá, no es solo para referirse a su música. Por crianza y por genética, sus integrantes también han sido ensamblados con piezas de diferentes fabricantes.

Max Wright, el baterista, nació en París y es hijo de padre francés y madre estadounidense, pero fue criado entre Londres y la isla de Formentera. Xavi Turull, el percusionista, es el miembro de la banda al que uno podría camuflar con más facilidad en una banda de flamenco. Delgado, de pelo largo, con camisa vistosa y un blazer, es un barcelonés criado entre Bristol, Liverpool y Glasgow, que luego se fue a aprender percusión tabla en India. El trompetista Carlos Sarduy es de La Habana y es la incorporación más reciente del grupo, al que llegó en 2005. Los demás miembros de la banda crecieron en España, pero eso no quiere decir que su vida haya sido estática. Marina ‘la Canillas’ es una valenciana que cuando era niña cantó en el coro de una iglesia, pero que también se reunía con otros jovencitos, versados en la percusión flamenca, para después pasar a una fase más industrial, la de grabar sonidos de fábricas que luego procesaba en una computadora. Ramón Jiménez, el guitarrista, y DJ Panko son de Barcelona. Ramón no viene de una línea de guitarristas muy española del todo, pues sus gustos variaban entre el hip hop, Metallica y la rumba catalana. Panko es de ascendencia aragonesa en lo familiar y del punk, el funk y el flamenco en lo musical. Javi Martín también es de Barcelona, pero de padres andaluces, y se inició como bajista de la mano de Carles Benavent el hombre que se atrevió a usar el bajo en el flamenco. Finalmente está Paco Lomeña, el único andaluz del grupo, un guitarrista que empezó a descubrir lo suyo gracias a un profesor de matemáticas.

De toda la mezcla sale una música que tiene eso que Federico García Lorca llamaba “el duende”. El poeta decía que “he oído decir a un viejo maestro guitarrista: ‘El duende no está en la garganta; el duende sube por dentro desde la planta de los pies’. Es decir, no es cuestión de facultad, sino de verdadero estilo vivo; es decir, de sangre; es decir, de viejísima cultura, de creación en acto”.

Y mucho ha sido lo que se ha hablado en el flamenco sobre el duende desde entonces. Desde la bailarina gitana ‘la Malena’ (a quien García Lorca cita en su ensayo), que decía que escuchar a Bach tocado por Brailowsky, hasta el rockero Nick Cave?–que, inspirado en el poeta, dio una conferencia en Viena sobre las canciones de amor– los músicos que solo pueden culpar al duende por empapar su obra se cuentan por montones, aunque no siempre sean los mismos que encabezan las listas de ventas. Como Ojos de Brujo.

Max, el baterista, dice que el duende es una cosa que surge en el momento. Es muy difícil de plasmar en un disco. Pasa en una milésima de segundo cuando se te pone la piel de gallina; es el momento en que el artista pasa a ser un medio. En vivo, los espectadores pueden entender lo que describe Max. No en vano, Marina salta en el escenario y da patadas en el aire, llena de ese duende que le sube por dentro desde la planta de los pies. Por eso hay una bailarina en escena, y por eso, los aparatos electrónicos de Panko tienen tanto duende como la madera cálida de la guitarra de Paco.

Este grupo, de “hip hop y flamenquito”, no teme mezclar géneros porque, como dice Max, “hablar de pureza en el flamenco es contradictorio. Si el flamenco ha sobrevivido más que otra música es porque nació de una fusión, la de los sefardíes con los árabes”.

En Aocaná, el disco que presentan por estos días en su gira mundial, que incluyó a Bogotá y a Medellín, hay también ‘enduendados’ de peso: el pianista Chano Domínguez y la orquesta Los Van Van. La gira que pasó por el país no incluyó a los invitados, pero sí a la formación completa de Ojos de Brujo, un grupo más grande y maduro que el que tocó gratis en Bogotá en 2002, en medio de un aguacero en el Parque del Renacimiento. Esta vez fue diferente, pues la música sonó bajo techo, pero el duende que hizo olvidar al público de lo empapado que estaba, sigue siendo el mismo. |

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