Crédito: Mario Serrano.

Edson Velandia: "Nuestro nuevo álbum es cercano al porno hedonista"

Velandia y la Tigra acaba de sacar su más reciente disco, 'Burro viejo'. Su líder nos habló de su proceso creativo, Bukowski y las ventajas (y desventajas) de ser santandereano.

2016/06/05

Por Laura Martínez Duque

Se creía que Velandia y la Tigra se había disuelto por allá en 2013… ¿Qué pasó?

Puro “visaje”, nunca nos separamos. Tuvimos un pequeño receso en 2013, pero nada más. No es fácil desligarse de la familia y ellos son familia. Me gusta estar solo, hacer mis vainas por mi lado, pero la banda tiene algo único. Hay una experiencia, una historia en común con todos. No es fácil pasar la pagina y decir “ya no más” -aunque a veces uno quisiera- pero luego surge la necesidad de volver a tocar, de volver a sonar así. Con las otras bandas o los otros proyectos, no es lo mismo.

¿Como definiría el sonido de Velandia y la Tigra?

Como un sonido contundente que, con pocos elementos, solo cuatro músicos, suena grande y apretado. Logramos texturas de orquesta. Y eso no se da por los instrumentos que hay en la banda sino porque nos conocemos tanto y hemos evolucionado en el sonido al punto que cualquier cosa que hagamos sabemos cómo la queremos. Cuándo queremos que suene gordo o flaco sabemos lo que significa sonar gordo y flaco. Ya nos conocemos, es como una novia, tú sabes lo que le gusta…

Y cuénteme cómo es el proceso creativo en conjunto.

Yo llevo las canciones compuestas al ensayo, llego con todo. Letra, música y arreglos. Pero nada es camisa de fuerza. Yo llego a compartir y creo muchísimo en el concepto de ellos y en la percepción de ellos. Dirijo, pero no impongo nada y les consulto todo. Si alguno considera que algo no está bien, le creo totalmente y se busca una solución. Soy el director, pero no pretendo sabérmelas todas. Es un trabajo de laboratorio, muy creativo en el que sugiero emociones, sensaciones y las exploramos entre todos. Es un trabajo en conjunto lúdico y sollado.

Usted es como un director de orquesta...

Sí, de una orquesta rockera, aunque la palabra orquesta puede parecer muy clásica y reducida. Pero sí hay partitura. Tengo una concepción sinfónica en todo lo que hago. Así toque la guitarra solamente, pienso en términos de sinfonía, de estructura y de texturas. No me conformo con una narrativa o con decir cosas en una canción sino que pienso en el desarrollo, no solo de una canción, sino de un concierto completo con inicio, nudo y desenlace. No en ese orden, pero sí con esos ingredientes de caos y de detenciones, también de calma…todos esos elementos vienen de lo sinfónico y yo los tengo en cuenta, pensando en texturas y en clímax.

¿Cómo entiende la textura en la música?

La textura tiene que ver con aprovechar los sonidos que tiene cada instrumento y el golpe que tiene cada músico. Es saber que nunca un trompetista te va a dar lo mismo que otro. Es la calidad y calidez de cada músico con su instrumento. No hay manera de saber cómo va a sonar la nota que escribiste o qué color va a tener. Dependerá de quién la ejecute. Por eso La Tigra no va a ser lo mismo si cambiamos los músicos…

Pero la formación de La Tigra sí ha cambiado con los años…

Sí, ha cambiado, pero ésta es la de siempre. Muchos amigos nos han acompañado para hacer reemplazos y no es lo mismo. No es mejor, ni peor, es distinto. Entonces a la hora de componer yo pienso en lo que me dan Jorge, Henry y Daniel. Cada uno por su lado y lo que resulta al juntarnos.

Descríbame lo que le da cada uno de ellos.

Daniel es el bajista perfecto, económico con los recursos y no necesita sobresalir. Henry, el baterista, el más joven de los tres, es hiperactivo e inquieto. Toca cualquier instrumento y se le mide a cualquier cosa. Nos parecemos en la patanería a la hora de trabajar. Y Jorge, es un músico genial en la trompeta además de ser compositor y director. Jorge y Henry son directores de sus grupos por aparte, lo cual es tremenda ayuda. Jorge, además de tener todo el conocimiento es muy intuitivo. A cualquier banda del mundo le vendría bien un tipo como él. Tiene un sonido de trompeta que no lo tiene nadie, ni en Nueva York, ni en París. Es una reunión de tres manes impresionante…

¿Y usted?

¡Yo fui el que los reuní!

¿Cómo se define usted?

Estoy en esas…

Pero cómo entra usted en sinergia con ellos, hábleme del apareamiento creativo...

Yo soy desmedido y torpe, desafinado y “amotriz”. Pero esos defectos los uso a mi favor. Y ellos lo comprenden y también le sacan provecho, me ayudan a que eso sea bueno.

¿Cómo es eso?

Yo tengo una percepción del tiempo que es coja, arrítmica. Muchas personas creen que las canciones son así por algún tipo de actitud intelectual de querer que la música suene un poco torcida, pero no es así. Es que yo la siento torcida y así me sale. Luego me doy cuenta de que esta torcido pero no lo corrijo ni lo cambio. Ellos también son muy conscientes de eso y lo explotamos.

Entonces te diría que soy como un cuasimodo del ritmo tratando de armonizar con lo popular, lo intuitivo, lo clásico y lo académico, lo callejero, lo espontáneo y lo empírico además de la comunicación con ellos. Todo entra a jugar…

Foto: Mario Serrano

¿Cómo influye Santander en su música?

Más que Santander, el pueblo, Piedecuesta. Aunque todo Santander se parece mucho. En general, la actitud del santandereano es poco complaciente y hasta agresiva. “Me valgo solo y no me importa caerle bien a nadie, vivo aquí en este risco, en esta loma y en este desierto y a mí nadie me da de comer…”. No busca hacer grupo y más bien riñe mucho. Eso puede ser problemático porque no se hacen grupos y falta comunión en los sectores, culturales y económicos, por ejemplo.

Pero da otra ventaja y es que santandereanos y santandereanas son gente aguerrida y fuerte que imprimen mucho empuje, y si uno deja salir eso en la música, entonces la música también tiene ese “pringue” y ese ají. Lo que pasa es que muchos se casan con la música que ya viene determinada por un esquema o un género. Y si uno se come el cuento de que lo bueno es eso y es lo que hay que imitar, olvida de dónde viene y no se pregunta qué tiene uno que no tienen los demás. Así se desperdicia toda la energía, todo el entorno, el contexto y el instinto único, por irse detrás de lo que es aceptado como bueno.

Y normalmente eso aceptado como bueno no es, por ejemplo, santandereano. Ni el rock, ni el punk, ni el jazz, ni la música clásica, ni el funk, salió de Santander. Es una tarea interesantísima pensar lo propio, cómo somos, qué pensamos, cómo hablamos y qué tenemos aquí. Eso es lo que yo he hecho. Observar dónde estoy parado y qué tengo.

Con este nuevo álbum llega un nuevo burro… ¿Cómo esta hoy ese personaje icónico de Velandia y La Tigra?

Burro viejo, el nuevo disco, es una catarsis lasciva, cercana a lo porno, a un porno hedonista. Es un man que disfruta el sexo de una manera patana y grosera. En cada disco el burro es un personaje, en Superzencillo era un traqueto, en Once rasqas era como un poeta caminante y en Egippto: reqien rasqa pa cielito era un burro de luto. En Burro viejo tiene una especie de aura “bukowskiana” -sin que yo sea conocedor de Bukowsky, ojo, porque odio ese vaina de referencias-. Si he leído dos cosas de Bukowsky, no he leído más, lo juro por dios. Pero sé quién es y cuál es su onda. En este caso es un burro viejo que se cuestiona cosas muy existenciales y las comunica desde lo erótico. Un erotismo que ya no es tan provocador, que es más bien satírico y cómico. Finalmente y como todo, es un sátira.

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