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El corazón caliente

El Carnaval de las Artes de Barranquilla tiene un sabor particular. Se celebra una cultura: el Caribe entero, su música, su historia, y una mirada al gozo sin pacaterías, que mantiene intacta la malicia…

2010/03/16

Por Sergio Zapata León

La IV edición del Carnaval de las Artes, próxima a realizarse en Barranquilla, se propone mantener los tres rasgos sobre los que ha edificado sus versiones anteriores: la inclusión, la reflexión y el espectáculo.

Inclusión de un público exigente que no desaprovecha la oportunidad de expresar su desencanto o aprobación frente a cualquier presentador o artista que cometa la temeridad de subirse al escenario. En Barranquilla “no se respeta pinta” ni procedencia.

Reflexión en torno a la carne, a la palabra, al erotismo, a la música, al cuerpo, al oficio de vivir. Y espectáculo en la manera en que se presenta esa reflexión. Por lo tanto, la madera de la que están hechos los invitados debe resistir la prueba de ese Carnaval.

El italiano Tinto Brass, quien a lo largo de sus más de cincuenta años de carrera como cineasta no se ha cansado de enterrar la lente de su cámara en la entraña erótica de la pornografía –a riesgo de ser considerado decadente– abre el Carnaval con Calígula (1979) y será entrevistado junto a su más reciente descubrimiento: Catarina Varzi, una psicoanalista y abogada de 39 años quien decidió actuar en Ziva, la isla que no existe, la última de sus películas. Quién mejor que él para estimular la vena escatológica del público barranquillero.

El formato del Carnaval de las Artes no es otro que el del encuentro (una hora por sesión, aproximadamente) en la conversación y la música, en torno a un tema definido previamente. Algunos de esos temas propician el espectáculo: Apología de la gordura, Los locos de la literatura, De vampiros y otras maldades en el trópico permitirían no solo la conversación sino la entrada de máscaras y disfraces, imprescindibles en la fiesta carnavalera. En otros casos el espectáculo es un hombre, como Juan de Dios Ventura Soriano, ‘el Caballo’ dominicano Johnny Ventura, hoy con setenta años y quien en su momento incluyó movimientos de Elvis Presley en su bailoteo de merengue. Además de haber sido locutor, cantante de su propia orquesta Combo Show y reverendo cristiano, ‘el Caballo’ fue alcalde de Santo Domingo entre 1998 y 2002.

Una posibilidad más del espectáculo puede darse cuando dos expresiones o maneras distintas de abordar la literatura y la palabra se ven las caras. Sería deseable que en el homenaje que harán a William Ospina, Los Lengua Mocha de Montecristo desacralizaran al autor y su escritura. Hacia finales de los años setenta, Los Lengua Mocha ganaron a pulso un lugar dentro del Carnaval de Barranquilla a fuerza de versar sus ocurrencias contra el político de turno, la diva del momento y cualquier figura pública. Hoy se han convertido en una referencia y en un espectáculo de la palabra en el que las letanías, con su pregón callejero, pueden demoler la erudición y la solemnidad.

Daniel Samper Pizano homenajeará a Rafael Campo Miranda de Soledad, Atlántico, autor de composiciones que fueron grabadas por La Sonora Matancera, Alejo Durán, Alci Acosta, Carlos Argentino, Pastor López, La Billos Caracas Boys y Lucho Bermúdez, entre muchos otros. Y es esa tal vez una de las más importantes funciones del Carnaval de las Artes: recuperar la memoria viva de boca de sus protagonistas. No es gratuito que entre los invitados sean incluidos los historiadores. En esta versión el maestro cubano Cristóbal Díaz Ayala, reconocido por la Association for Recorded Sound Collectors de Estados Unidos con el Lifetime Achievement Award, tendrá a su cargo la sesión Mis diez canciones cubanas favoritas acompañado de una orquesta. En otra sesión el historiador cartagenero Alfonso Múnera entablará conversación con Gerhard Drekonja y José Luis Garcés González en Latinos, hispanoamericanos, caribes y Rafael Baena, Juan Esteban Constain y Mauricio Vargas serán entrevistados por Ariel Castillo en ¿Historia novelada o novela histórica?

Los organizadores han calculado que a la versión 2009 del Carnaval asistieron más de 30.000 personas. Entre otros datos curiosos mencionan que se donaron 10.000 chocolatinas y 5.000 helados. ¡Fantástico!, nombre dado a las actividades reunidas en la programación infantil del Carnaval de las Artes también donó 3.000 ejemplares del libro Sarah y las ballenas. Es claro que como antesala del Carnaval que se vive en febrero el evento representa una más sobria alternativa a la fiesta y al furor de los desfiles y los bailes populares.

Al no ser un evento académico y dado el desparpajo y la informalidad del público barranquillero, el ambiente dentro de las sesiones se ha vuelto, de cierta manera, familiar pero es en la sagacidad de los invitados y los entrevistadores donde se establece la tensión necesaria entre la expresión informal y el contenido de los temas que el Carnaval de las Artes propone. Así, la sesión El periodismo como aventura debería saltar de la anécdota a la reflexión en manos de Susana Reinoso, Alberto Salcedo Ramos, Jesús Ruiz Mantilla y Juan Gossaín.

En total se han dispuesto 21 sesiones de reflexión y 24 presentaciones gratuitas para público infantil durante los cinco días del Carnaval de las Artes. Entre la lista de invitados también estarán Paco Ibáñez, Las Alegres Ambulancias, Laura Restrepo, Germán Santamaría y un trío que ha sido denominado por los organizadores como tres perlas cubanas: ‘La dama del Jazz’ Mayra Caridad Valdés (descubierta por Harry Belafonte en 1981), Emilio Morales (guitarrista de Irakere) y Enrique Plá, quien cumplió 60 años en 2009.

Un encuentro que bien podría terminar en duelo de acordeones y acordeoneros cerrará el evento: el mexicano Celso Piña, quien ha absorbido durante años los sonidos de la cumbia y el vallenato colombianos sin haber visitado el país, se las verá con Aníbal Velásquez y Alfredo Gutiérrez. Piña ha reformulado hábilmente esos sonidos –y muchos otros entre los que están los de su natal Monterrey– en un formato musical poderoso y de amplio registro. Al ritmo de su Cumbia poder los cholos de cualquier rincón de México y de Estados Unidos se mueven en una danza agresiva, que por momentos pareciera una pelea de gallos y que en el paroxismo alcanza rasgos homoeróticos.

Ante todo, el Carnaval de las Artes ha logrado durante sus tres ediciones anteriores constituirse como una zona en la que es posible pensar la fiesta. Un espacio imaginado en el que la palabra alterna con la imagen y pueden verse descabezados, luchadores de peso pesado, anfibios y pregoneros moviéndose al ritmo siempre descarado del Caribe colombiano.

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