Sidestepper en el BOMM 2015.

¿Cómo suena el futuro de la industria musical?

Durante la segunda semana de septiembre se realizó el Bogotá Music Market, donde asistieron 187 artistas y cerca de 120 compradores nacionales e internacionales. Panorama de un mercado en transformación.

2015/09/16

Por César Leonardo Rojas

Lianna hace hip hop. Empezó colaborando para otros artistas cuando estaba en el colegio y luego se animó a componer. Sus letras hablan de los sueños, de la perseverancia, de la lucha por evitar los juicios y prejuicios, se define a sí misma como una artista independiente y, en ese mundo, todos estos temas tienen mucho sentido.

El miércoles 9 de septiembre, en un lapso de 15 minutos, tuvo la oportunidad de exponer en tarima parte de su energía a los asistentes del Bogotá Music Market (BOMM). Es la cuarta vez que se hace este evento en la capital y muchos artistas admiten que han crecido entre uno y otro.

“Yo al primero que vine no sabía qué quería –recuerda la cantante que mezcla los ritmos urbanos con el funk, el soul y el R&B, entre otros géneros–: luego fui aprendiendo a tener objetivos en relación con lo que pasaba. Ahora, por ejemplo, quiero tocar en otras ciudades y que la gente me escuche más allá de Bogotá”.

Ella no es la única que ha pasado por esa incertidumbre. Reunidos en la Cámara de Comercio de Bogotá, sede Salitre, los empresarios, artistas, productores, promotores y músicos en proceso de formación tuvieron tiempo de reflexionar para dónde van sus carreras.

Con el auge de Internet, las redes sociales y la música on demand (o streaming) se han multiplicado los caminos para desarrollar una carrera musical. Parte de este mundo está en las plataformas de Deezer, Spotify y Guvera, una nueva red de streaming de origen australiano que llegó hace año y medio a Latinoamérica.

Francisco Cano, manager de contenido digital de Guvera, cuenta que, en el evento, inicialmente hicieron contacto con los sellos grandes y después buscaron a los agregadores de música, plataformas que sirven de intermediadores entre los músicos y todas las tiendas de música digitales. Los agregadores hacen bases de datos donde organizan las pistas de música de los artistas y las convierten a los formatos que necesitan las aplicaciones como iTunes o Spotify.

Pero además de este tipo de contactos, dice Cano que están a “a la cacería” de todo tipo de artistas que hasta ahora están empezando a moverse en el mundo digital.

Estas compañías están creando redes a partir de las preferencias de los usuarios, de los géneros musicales, de las tendencias de los artistas, del mercadeo y la publicidad (entre otros factores), para ofrecer música a los usuarios por servicios pagos o gratuitos.

Guvera, por ejemplo, ofrece sus servicios sin costo alguno y se mantiene de los avisos publicitarios. Spotify tiene un servicio ‘freemium’ (gratuito, pero con avisos) y otro premium (por el que se paga una mensualidad, pero es libre de pauta comercial). Las cifras indican que los usuarios prefieren este último.

Según datos de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFIP, por sus siglas en inglés), a 2014, el 77 por ciento de los ingresos de estas plataformas de streaming provenían de servicios por suscripción y solo una minoría (el 23 por ciento restante) era gracias a la publicidad.

Los más optimistas creen que este tipo de servicios son lo más cerca que se ha estado de contrarrestar la piratería y alcanzar un equilibrio en la industria musical. En un artículo de la revista estadounidense Variety, el bloguero y analista musical Bob Lefsetz recordaba que la primera gran cruzada fue contra Napster. Luego siguieron todas las redes P2P (Peer-to-peer), como Kazaa, Emule, Ares, entre otras. Los torrent hicieron lo suyo y ahora la respuesta está surgiendo, una vez más, por fuera de la industria discográfica, por cuenta de los servicios de streaming.

You Tube, Spotify y otras plataformas de música en línea están descubriendo los mecanismos para que alguien pague por la música, ya sean los usuarios o los anunciantes.

De los 14,97 miles de millones de dólares devengados por la industria musical en 2014, según cifras de la IFIP, el 46 por ciento (cerca de 6,9 miles de millones) provinieron de los ingresos digitales. Es la primera vez que este porcentaje iguala a los ingresos generados por las ventas físicas y, según la organización que representa a 1.300 compañías discográficas en todo el mundo, esta información es el reflejo de un mercado en transición.

En el mundo digital, las compras por internet van en caída (malas noticias para iTunes), mientras los usuarios por suscripción van en aumento.

¿Y los discos?

La venta de CD’s viene en caída desde hace más de una década. En 2012, la IFIP registró que la industria musical pasó de recibir 11,1 miles de millones de dólares por ventas físicas en 2010 a 10,2 en 2011. El informe publicado en abril de este año apunta que en 2013 esa cifra fue de 7,42 miles de millones de dólares (equivalentes al 49% de los ingresos totales) y que el año pasado cayó a los 6,82 que la puso al mismo nivel de las ventas digitales.

“Lo que hemos hecho las compañías multinacionales de discos es dejar de pensarnos como compañías de discos, sino como compañías de entretenimiento y de música” afirma Marcelo Lara, director artístico (A&R) de Warner Music México.

Es la segunda vez que Lara viene al país y encontró muy práctico el sistema propuesto por la Cámara de Comercio de Bogotá. “Es como un mercado de citas, un speed dating musical”. El miércoles 9, los empresarios y los músicos tuvieron todo un día para conocerse y al día siguiente programaron citas de 15 minutos para escuchar propuestas concretas.

Lara y sus colegas están buscando el camino para mantenerse como intermediadores en un mercado que pareciera estar haciendo lo posible por evitarlos. Sin embargo, las mismas redes que hacen posible que los artistas se autopromocionen, se autofinancien y se autoproduzcan son las que, desde su punto de vista, siguen haciendo necesario su rol.

“Hay tanta oferta musical que sí necesitas a alguien que te guíe y te muestre las cosas. Al menos un servicio de streaming, una disquera o una radio por internet. Hace falta una curaduría que te la dan todos estos elementos. Antes el disco más o menos te lo hacía pero ya esto es a un nivel como global”, explica Lara, cuya labor, precisamente, está en encontrar los nuevos talentos de la región.

¿Y la música?

A Lara le gustó escuchar a La Mambanegra y a Pedrina y Rio, dos grupos que están a medio camino entre lo local y lo internacional. Y eso hace parte de las nuevas tendencias musicales.

Por un lado están las plataformas que hacen posible que la música se difunda más rápidamente por todo el globo, y por otro están las consecuencias de esa dinámica. La fusión es el resultado de las sinergias que, en casos como el de La Mambanegra, se pueden encontrar entre ritmos como el latin jazz, la salsa, el funk y el hip hop.

Tanto Lara, de Warner Music, como Cano, de Guvera, coinciden en que cuando géneros como esos, que tienen carácter universal, se mezclan con un ritmo local, es posible escucharlos en otras partes del mundo y llevarlos a otros mercados. Lo anterior no es una fórmula para el éxito, pero sí explica por qué artistas como Charles King, cantautor de champeta, pueden ser oídos en Colombia, México o Estados Unidos.

Pero a pesar del panorama, hay quienes llaman a la calma. “Yo pienso que este es el escenario perfecto para que los artistas se orienten (refiriéndose al BOMM). Es una base para saber por dónde se mete uno”, afirma el crítico de música y locutor de la Radio Nacional de Colombia William Vergara. Para él, los músicos deben estar abiertos a todas las posibilidades y aventurarse a lo que les dicte el instinto. “Hacer un disco es cero romántico. Yo pienso que a lo que uno le tiene fe y lo que uno quiere hacer, tiene que hacerlo”.

Lianna, por ejemplo, ya tiene su primer álbum, Paciencia, y está acostumbrándose a ese sistema que no le es natural. “No me atrae mucho el mundo de las industrias, ni de los negocios y esas vainas. Pero uno se empieza a dar cuenta que es importante, sobre todo si uno es un artista independiente. No sé si la autopromoción es viable. No sé mucho de viabilidad. Yo solo estoy ahí, haciéndolo”.

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