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El incansable piano de Amparo Ángel

A los cinco años aprendió a leer notas, antes incluso de aprender a leer letras. Medio siglo después, su labor alcanza el reconocimiento que merecía: una obra suya, comisionada por el Banco de la República, se estrenará en los próximos meses.

2010/03/15

Por Daniel Páez

Dos pianos de cola, uno blanco y uno negro, dan la bienvenida a la sala del apartamento de Amparo Ángel. El primero es el “más dulce, donde me suena lindo lo que estoy componiendo”; el segundo ha servido como acercamiento a la música para muchos de sus alumnos, pues “mi vocación es la enseñanza”. En el resto de la decoración está clara su pasión por los niños: aunque sus hijos ya pasaron por la infancia, hay juguetes de madera, trompos, un telescopio y títeres alrededor de la casa.

En el conservatorio de su natal Popayán, que recuerda como “el único colegio mixto de la ciudad”, se inició en el piano. Una disciplina que aún hoy sigue disfrutando como si fuera un juego. Cuando cumplió 10 años viajó a Bogotá y, de inmediato, ingresó a la Universidad Nacional para continuar su formación con maestros como la italiana Luisa Manighetti y los míticos Olav Roots y Eduardo de Heredia.

Unos años después de graduarse con honores, Ángel se casó con el compositor Luis Antonio Escobar. Con él alimentó aún más su carrera y pudo vivir de la música a través de la investigación, la docencia y la interpretación. Junto a Escobar recorrió América buscando las raíces de la música prehispánica y colonial. De ese viaje quedan varios libros como documento. Ella, por su parte, también es autora de los libros Xochi y Pilli. Historia de la música para los niños (finalista del concurso Enka de Literatura Infantil), Cristóbal Colón para los niños (con prólogo de Germán Arciniegas, editado por Círculo de Lectores) y 70 cuentos de música para niños.

Su utopía se llama La Flauta Mágica. Es el complemento a su labor pedagógica en la Academia Cristancho (actualmente adscrita a la Universidad Sergio Arboleda). Y lo es porque lo que comenzó como un taller de formación estética para niños en los años 70, se convirtió en programa de televisión durante la década siguiente en lo que ella considera “una forma de retribuirle a la Universidad Nacional todo lo que me brindó como estudiante: yo les di gratuitamente 200 capítulos con toda mi entrega”. Ella sigue trabajando en este proyecto, que ahora funciona como una especie de tertulia, “en el taller no aprenden a tocar, esta es solo una iniciación para inspirar su amor por la música”. Además, “soy profesora de piano, enseño a los niños hace mucho tiempo, pero también a los grandes, que piensan que la música es inasequible. Me gusta ese reto”.

Estela de Páramo, jefe de la sección de música de la Biblioteca Luis Ángel Arango, dice de la pianista que “la música es su vida, sin hacer aspavientos, sin figuración mediática. Su personalidad inspira mucha ternura, es muy cálida”.

 

Una nueva etapa

Después de ser la solista de las obras que el maestro Escobar escribía, grabó varios discos y realizó presentaciones en todo el continente. Y fue justamente la muerte de su esposo en 1993 la que la llevó a descubrir otra faceta musical: hasta entonces había compuesto apenas algo de música coral e infantil, pero por cierto respeto a mi esposo no había desarrollado esas capacidades, pensaba que su campo era la composición y el mío el piano”. Por supuesto, aprendió mucho de él y lo complementó estudiando con Blas Emilio Atehortúa, dando paso a la creación de diferentes obras que “tuve la fortuna de estrenar con la Orquesta Filarmónica. Su apoyo fue indispensable, un compositor necesita esa empatía con el director y la orquesta para desarrollarse realmente. Desde entonces, no he parado de componer”.

Al explicar su estilo, saca a relucir sus dotes de profesora y aclara que “la forma musical que se creó a mediados del siglo XVIII, en el periodo que llamamos clásico, permanece hoy (salvo con tendencias como la electroacústica). Por eso creo que mi música es neoclásica, porque no me olvido de las melodías, trabajo alrededor de ellas”. Aunque ha experimentado con lo electrónico y trata de escuchar incluso pop (que le parece “demasiado corporal”), cree que “uno debe ser honesto consigo mismo y hacer lo que realmente le gusta, sin demeritar la labor de ningún artista”.

Sobre su proceso creativo, dice que “por lo general compongo en las noches, entre las 7 y las 12. No creo tanto en la inspiración como en las ideas felices que pueda tener uno de vez en cuando, que se suman al conocimiento para desarrollarlas”. Y da un consejo: “Los músicos deben meterse en el mundo de la cultura, que no es solamente el de la música, pues ella está rodeada de muchos elementos que la enriquecen y que, si se pierden, la dejan incompleta. El conocimiento universal da más felicidad, el mundo es bellísimo gracias a las creaciones ajenas”.

A principios de 2007, el Banco de la República la seleccionó para realizar una pieza de cámara para su Sala de Conciertos. Al principio se pensó en una obra con clavecín y la voz de un contratenor, pero podía resultar difícil de interpretar en estos tiempos, “claro que hubiera sido interesante escuchar algo aparentemente barroco en un lenguaje contemporáneo”, declara Estela de Páramo. A finales del mismo año, Amparo Ángel entregó su Opus N.° 32: un trío para piano, violín y violonchelo. “Tuve la suerte de que recordaran que hay compositoras en Colombia”, afirma. Páramo coincide: “A pesar del tufillo feminista, me complace muchísimo que esta comisión haya caído en Amparito”. El estreno de la obra, a cargo del Trío de Viena, estaba planeado para el 30 de julio de este año, pero los músicos no consiguieron ensayar los tres movimientos que la conforman, y eso obligó a aplazar la fecha y, probablemente, a buscar un nuevo trío para el concierto.

Sonriendo, confiesa que “ni yo misma me acuerdo cómo suena esta obra” e interpreta un fragmento en el piano que solo invita a escuchar la sonata completa. Mientras tanto, invita a su Coloquio entre dos pianos, obra comisionada por la Universidad Nacional, sede Medellín, que será estrenada el próximo octubre.

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