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El ruido y la furia

Trent Reznor es uno de los músicos más influyentes de la última década: su estilo sonoro inconfundible, alimentado por una imaginería abstracta y bizarra, lo convirtió en un icono de la nueva música.

2010/03/15

Por Daniel Páez

Hace 20 años, cuando el rock entraba a su época “alternativa”, surgió un proyecto que combinaba las armonías del techno pop con lo más descarnado del death metal y la suciedad del rock industrial: Nine Inch Nails. Aunque en sus delirantes conciertos aparecía un cuarteto de mechudos que parecían personajes de Mad Max después de una semana de rumba, la música era creación personal de Trent Reznor quien, desde el primer álbum, fue el único compositor y el encargado de grabar todos los instrumentos, salvo las baterías, en sus discos. Hoy, además, es reconocido por ser uno de los artistas más admirados por el escritor Chuck Palahniuk, por haber sido el productor que lanzó a figuras como Marilyn Manson y por ser el genio detrás de la música de las películas Asesinos por naturaleza de Oliver Stone y Lost Highway de David Lynch.

Nacido en Pensilvania, en un pueblito perdido en medio de campos de maíz, Reznor creció en función de la música. Aprendió a interpretar el piano, la tuba y la guitarra siendo aún niño y se alimentó de fuentes tan diversas como Bach y Joy Division. Decidió estudiar Ingeniería de Sistemas —profesión que abandonó en un año—, se fue para Ohio en busca de una carrera artística y se unió a pequeñas bandas locales como teclista y cantante.

A mediados de 1986, Reznor comenzó a trabajar en un estudio musical de Cleveland limpiando los pisos, donde recibió elogios del propietario por su dedicación. Aprovechando la confianza ganada, pidió que le permitieran grabar unos demos en los tiempos muertos de la sala. Compuso una docena de canciones que sonaban como la discoteca a la que irían los pandilleros de los videos de Michael Jackson, con un mensaje rudo en contra del conformismo y la religión y a favor de un libertinaje lleno de odio.

Por encima, parecía otro veinteañero pseudopunk y gritón, pero el rock estaba cambiando y Nine Inch Nails cocinó su propio sabor en esa nueva colada: sus sintetizadores distorsionados hasta el exceso, con una voz cáustica y ritmos bailables, hicieron que el ruido y la furia de Reznor se convirtieran en número uno de la radio mundial. Desde “Head like a hole” —su primer hit, que sonaba a Depeche Mode bajo los efectos de la heroína—, hasta la radical “Discipline” —su más reciente sencillo, autopromocionado y distribuido libremente por internet—, pasando por el sexo animal de “Closer” —su mayor éxito y el primer video clip de la historia en entrar a la colección del MoMA— y canciones redundantes que trazaron el camino de una música violenta pero digerible, que ha sido exaltada por artistas tan distintos como Johnny Cash y David Bowie, marcando su influencia no solo en el rock, sino en las artes visuales y la música contemporánea.

La fama de cacofónico y recargado de Reznor se complementa con sinfonías conmovedoras y una personalidad frágil que contrasta con sus letras coléricas, junto a una puesta en escena sobrecogedora que convierte a sus conciertos y videos en verdaderas obras cinematográficas. Los títulos de los álbumes definen su personalidad: Pretty Hate Machine [Linda máquina de odio], Broken [Quebrado], The Downward Spiral [Espiral descendente], The Fragile [Lo frágil], With Teeth [Con los dientes], Year Zero [Año cero], Ghosts [Fantasmas] y The Slip [El resbalón]. Con un resentimiento de adolescente y una clara tendencia destructiva (de instrumentos rotos y vidas maltrechas), los cuatro primeros sacaron a flote los miedos de un tipo introvertido que, a falta de mejor compañía, se hundió en las drogas. Con los cuatro últimos, ya rehabilitado pero sin dejar la misantropía, este hombre orquesta arremetió contra los políticos que nos trajeron al principio del final de los tiempos.

Desde su segundo álbum, Reznor creó la disquera Nothing Records como subsidiaria de Universal intentando conservar su libertad creativa, pero la acabó después de vender más de 60 millones de copias de NIN, Marilyn Manson y The The, entre otros artistas del catálogo. Hace un año empezó a invitar a los fanáticos a piratear sus álbumes, luego decidió separarse de la disquera Interscope y seguir los pasos que Prince, uno de sus ídolos, dio una década atrás: sus trabajos ahora se distribuyen directamente y a muy bajo costo o libremente a través de internet. Con su nueva independencia, en seis meses lanzó el álbum instrumental de cuatro discos (inimaginable en una disquera tradicional) Ghosts y The Slip, replanteando su negocio como artista hacia las giras, saltándose los intermediarios y las presiones de la industria.

De su historia autodestructiva quedó la canción “Hurt” [Herido] que se abre con la frase “hoy me herí a mí mismo / para ver si todavía siento” y que todavía toca al final de sus presentaciones. Después de rehabilitarse Trent Reznor se sigue considerando un adicto, ahora al trabajo, y cierra The Slip diciendo “usaré mi voz y mi puño para destruir todo lo que pueda”.

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